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Vida Urbana: Meade y el PRI, menos ideología y más soluciones

Vida Urbana: Meade y el PRI, menos ideología y más soluciones

Dic 9, 2017

Por Benjamín Mora Gómez // 

Un mar tranquilo nunca hizo un buen marinero” (Anónimo)

Hoy, los partidos políticos pierden simpatizantes y militantes en todo el mundo y las ideologías no son aceptadas ni ejercidas con la rigidez de hace apenas unos años. Hoy se puede ser, individualmente, liberal en algunos aspectos y conservador en otros, y hoy, ninguna encuesta electoral es confiable. La sorpresa es lo único que se puede esperar con seguridad.

El Partido Revolucionario Institucional optó por un candidato ciudadano a la presidencia de la República para 2018; los demás partidos políticos insisten en lanzar a un candidato militante de entre sus filas. Esto tan simple encierra cuánto, uno y otros, han sabido descifrar del sentir decepcionado del ciudadano sobre la política, lo políticos y sus partidos, y cuánto están dispuestos a cambiar para ser la opción ganadora; pero también, y sobre todo, de la praxis política, económica y social del presidente Enrique Peña que supo conducir su liderazgo ante los priistas todos.

La decisión del PRI no es, como lo señalan algunos críticos y analistas políticos, tan solo disciplina irreflexiva sino militancia consciente de quién les podría aumentar las posibilidades de triunfar en el proceso electoral más competido de la historia política nacional. Me parece que los priistas de base y la cúpula de su partido reconocen que lo que está en juego es el proyecto de nación y patria contenido en las reformas estructurales promovidas por el gobierno de Enrique Peña Nieto y en estrategias como la nacional de inclusión, y deciden entregar la candidatura presidencial a quien podría ganar con mayores probabilidades.

MENOS IDEOLOGÍA Y MÁS SOLUCIONES

Los priistas entienden que la exigencia popular y social es de menos ideología y más soluciones. Quienes afirman que en el Revolucionario Institucional no hay nadie que garantice el triunfo en las circunstancias actuales, si bien quizá tengan razón, no alcanzan a visualizar el total de la ecuación político electoral en juego. No se trata de ganarle a López Obrador sino de ofrecer al pueblo una opción de gobierno con contenidos mejor aterrizados que se traduzcan en calidad y nivel de vida para todos y un futuro promisorio a México en una realidad internacional y globalizada como quizá jamás nos imaginamos; pero sobre todo, de propuestas creíbles y confiables.

Hoy, los partidos políticos pierden simpatizantes y militantes en todo el mundo y las ideologías no son aceptadas ni ejercidas con la rigidez de hace apenas unos años; hoy se puede ser, individualmente, liberal en algunos aspectos y conservador en otros, y hoy, ninguna encuesta electoral es confiable. La sorpresa es lo único que se puede esperar con seguridad.

La diferencia entre el morenista –AMLO- y el candidato ciudadano priista –Meade- estará marcada por su entendimiento de México ante sí mismo y ante el mundo, en especial, ante Estados Unidos de América y su presidente Donald Trump y su eventual reelección. La diferencia estará entre la irreflexión/reflexión del primero y las reflexiones del segundo… es obvio que México no está para ocurrencias como la amnistía de AMLO a los narcos como tampoco está para encaminarse a un pasado en que la democracia fue solo discursiva y la política estaba encriptada para la inmensa mayoría de ciudadanos. Y mientras hoy todo pareciera centrarse en el fuego y refuergo entre las dos opciones partidistas con precandidatos, el Partido Acción Nacional parece naufragar entre el Complejo de Eróstrato y el Trastorno Narcisista de Personalidad que identifica a Ricardo Anaya, su presidente del Comité Ejecutivo Nacional y parece condenar, si todo estuviera ya escrito, a la derrota del Frente Ciudadano. Las filtraciones/sugerencias sobre la repartición de candidaturas en el Frente que hiciera Dante Delgado nos ofrece claridad respecto al sentido de su “ciudadanía”. El precio del poder es siempre muy alto, pero el precio de la arrogancia y la soberbia se pagan con la pérdida de la razón y de los amigos, y es antesala del aislamiento social. Lo ridículo y peligroso es ser arrogante y soberbio sin poder.

LOS COMPROMISOS DE MEADE

José Antonio -Pepe- Meade deberá asumir compromisos en contra de todo aquello que ha denigrado a la política y a los gobiernos en las décadas recientes, en especial a los gobiernos priistas por ser el partido que representa, como lo son la corrupción y la impunidad. Por su parte, Enrique Peña Nieto deberá ayudarle, deteniendo, enjuiciando y metiendo a la cárcel a quienes hoy reconocemos como corruptos dentro del gobierno federal así como evitar que se fuguen más gobernadores de enriquecimientos ilegítimos denunciados en medios masivos escritos y comentados en las pláticas de café y familia. A los Duartes y demás detenidos o buscados, el Gobierno Federal los deberá procesar con inteligencia, sobriedad, documentación probatoria y resultados; no queremos que, por errores procedimentales, sean puestos en libertad.

LOS CORRUPTOS

El PRI no puede equivocarse con los demás candidatos a los distintos puestos de elección popular en juego. A Meade no le ayudará hacer campaña con gente mal vista por ser corrupta e incompetente y menos, con quienes son o se supone son parte de la delincuencia organizada. Y menos, con candidatos que, se sabe, sufren de adicciones. Los priistas de base, pero sobre todo en la cúpula, deben entender que el posible triunfo de Meade no lo deberán tomar como de reconciliación con los ciudadanos/electores y menos de amnistía a sus abusos e ilegalidades. El mismo principio con que se critica la ocurrencia de AMLO en torno a la amnistía hacia los narcos se deberá aplicar con los políticos corruptos de ésta y anteriores administraciones públicas y legislaturas, así como con los jueces de indebidas y atrevidas resoluciones judiciales. A los narcos, los extorsionadores, los secuestrados, los tratantes de personas y quienes “venden piso”, así como a los corruptos en lo público, no se le perdona y sí se les persigue, enjuicia y castiga. A los corruptos en el gobierno se debe separar y segregar de toda función pública a través de su inhabilitación judicial. En uno y otro caso, quienes importan son los afectados, lo somos todos, lo es el pueblo mexicano, lo es la nación, lo es México.

Hay, lo sabemos, en muchos casos, los corruptos tienen padrinos que los protegen y soportan, y que intentarán darles fuero desde candidaturas plurinominales federales; las locales no les servirán. A ambos, padrinos y corruptos, hay que aplicarles toda la fuerza de la Ley y detenerlos antes de que la Ley los proteja. Por ello, el Comité Ejecutivo Nacional del PRI deberá cuidar los procesos internos de selección de candidatos en los estados y municipios.

Amigos que jamás votarían por el Revolucionario Institucional –me lo han dicho- votarán por Pepe Meade. Amigos en EEUU, que migraron enojados por la inseguridad en sus comunidades, hoy aplauden la candidatura de Meade y se sienten esperanzados.

José Antonio Meade Kuribrena se ganó el tigre más salvaje de la selva de Bengala en una rifa para la cual no tenía ni boleto hace algunas cuantas semanas y pienso en una frase que algún día escuché: “Quien no quiere el poder es quien debe tenerlo”, y Meade parecía no estar obsesionado con ser el abanderado priista. Hoy lo es. Hoy debe luchar por merecer ser el presidente de México.

E-mail: benja_mora@yahoo.com

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