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VIDA URBANA | Misoginia en la mujer

VIDA URBANA | Misoginia en la mujer

Nov 19, 2016

Tras el triunfo de Donald Trump o, mejor diría, tras la derrota de Hillary Clinton, me pregunto el porqué hubo decenas de millones de mujeres norteamericanas que votaron por quien las menosprecia o por qué hubo mujeres que no se identificaron con la mujer que podría haber cambiado la vida de millones de otras mujeres en Estados Unidos de Norteamérica y el mundo.

Quizá, solo quizá, estamos ante la evidencia de una débil autoestima de la mujer norteamericana que premia a quien la denigra y ofende, pero también que estamos ante un hecho que demuestra que la misoginia no es un afecto exclusivo de hombres, pero lo más lamentable, ante una realidad: la sociedad norteamericana sigue siendo misógina y su cultura es misógina aun entre las mujeres.

Vivimos en una realidad de profundas raíces misóginas desde la misma procuración de justicia que no logra enriquecer las relaciones de género ni por género, tanto en México como en Estados Unidos y el resto del mundo.

Creo que mucho de lo no resuelto en materia de equidad, igualdad o cualquier otro propósito en cuanto a los géneros se debe a que nadie ha procurado resaltar los puntos de intersección o de encuentro o de beneficio mutuo entre el hombre y la mujer, entre la mujer y el hombre. Los códigos de percepción, representación y comunicación entre ambos géneros no han sido descifrados y por tanto siguen encriptados. Somos seres en la necedad más absurda: Nos necesitamos pero nos distanciamos pues no logramos superar las contradicciones de los múltiples discursos que alimentan egos y desavenencias.

Pero volvamos a la elección norteamericana.

¿Qué tiene de superior un hombre como Donald Trump sobre una mujer como Hillary Clinton como presidente de Estados Unidos? No creo que la haya. Más aún, estoy convencido de que ella es mejor persona y mejor política que él. ¿Entonces?

Estados Unidos de Norteamérica es una nación curiosamente religiosa. «Creen en Dios» aunque a Dios lo tengan fuera de sus prácticas intervencionistas y segregacionistas, y acuso al extraño rol de su religiosidad como una posible explicación del rechazo a Hillary Clinton como si fuese la «Nueva Eva», mítica y culpable, de perder para siempre al Paraíso Terrenal y la aceptación de Donald Trump como el redentor que les regresará el Paraíso que les robamos los mexicanos, los chinos, y todos los extranjeros.

Tal parece que la señora Clinton no advirtió que el camino a la presidencia de su nación está empedrada con resabios y complejos machistas y misóginos.

El triunfo de Trump ampliará el mapa del silencio que contiene a la mujer, y quizá se pongan en peligro los espacios de presencia activa de la mujer.

Donald Trump es un hombre más convencido de sus talentos que poseedor de tales talentos, es decir, es alguien que cree poseer de lo que en realidad carece, y la virtud de su campaña fue convencer a la mayoría norteamericana de ser quien no es.

Se dice que Trump es un hombre pragmático carente de ideología y nada hay más falso y peligroso que tal discurso. Todo Donald Trump es un muro infranqueable e incuestionable de enunciados destinados a justificar su totalitarismo racial, su ideología.

La ideología trumpiana tiene valores antihumanistas que expresa desde proposiciones subjetivas por irracionales y torpes. La tensión que trae consigo esa ideología trumpiana es la que desestabiliza y sacude y sucumbe al mundo… es la que despierta a esa nueva misoginia norteamericana y se alegra de haber detenido a la Nueva Eva en su pretendida sustitución del hombre en el poder de Estados Unidos de Norteamérica.

La elección norteamericana logró contener a la mujer y regresarla a su espacio de destino y condena, al que le pertenece y al que ella pertenece: La casa y al lado de un hombre que le dé nombre, rumbo y dignidad.

…La elección norteamericana avergüenza. No podemos negar su perversidad.

En El Quijote de Cervantes, la pastora Marcela, al defenderse del suicidio de Grisóstomo, afirma: «Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos […] Fuego soy apartado y espada puesta lejos…». Así es la puesta en marcha de la libertad de la mujer.

La elección norteamericana fue también una encuesta que nos dio luces dolorosas: En la América democrática no hay lugar para la mujer… su democracia tiene género y preferencias… su democracia no ha evolucionado con el mundo; está anclada en el pasado y suspendida por alfileres que ni la mujer intentó quitar.

El próximo 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia para la Mujer, no habrá razones de festejo en Washington, ni en Nueva York, ni en Los Ángeles, ni en otra ciudad de nuestros vecinos del norte.

Así las cosas en el Gringo.

benja_mora@yahoo.com