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Vida Urbana | Nostalgia del tiempo perdido

Vida Urbana | Nostalgia del tiempo perdido

Feb 7, 2016

A Marcel Proust lo leí en la preparatoria y me encantó. Irradiaba su esencia francesa. Parisino al fin, no podía ser de otra manera.

«En la busca del tiempo perdido», su obra maestra, escribe: «al despertarme, en el primer momento, como no sabía dónde me encontraba, tampoco sabía quién era; en mí no había otra cosa que el sentimiento de la existencia en su sencillez primitiva tal como puede vibrar en lo hondo de un animal, y me hallaba en mayor desnudez de todo que el hombre de las cavernas; pero entonces el recuerdo descendía hasta mí como un socorro llegado de lo alto para sacarme de la nada».

El recuerdo de Proust puede, en la desnudez de nuestra primigenia esencia, enorgullecernos o condenarnos según hayan sido las decisiones de nuestra vida.

La primera vez que estuve en París fui a rendirle mi admiración y gratitud hasta el cementerio del Père-Lachaise, situado en el Distrito 20, que muchos parisinos visitan como si fuese un parque a dónde pasear.

Mi recuerdo de Proust me hace viajar en el tiempo hacia un futuro que quizá no viviré pero que me hace comprender el sentido de la nostalgia.

Recién estuve en Puerto Vallarta para acompañar a amigos y organizaciones de la sociedad civil en su dolor y rabia por la aprobación, por el cabildo vallartense, el 29 de diciembre de 2015, y publicación en la Gaceta Municipal el 18 de enero de 2016, del Plan Parcial del Distrito 10, y asistí al foro que convocó el Centro Universitario de la Costa de la Universidad de Guadalajara, por voz de su rector Marco Antonio Cortés Guardado e integrantes del Comité Universitario de Análisis Regional, para debatir sobre sus consecuencias medioambientales, en especial sobre la montaña que le resguarda.

Intenso debate, con posturas claras de algunos y evasivas en otros. Verdades irrefutables en unos y mentiras casi delirantes y moribundas en otros. Faltaron conclusiones.

La montaña que crece a espaldas de Puerto Vallarta debe protegerse. Solo la necedad de unos y la ceguera en otros puede imaginar que su invasión le será benéfica. Solo la ignorancia hace suponer que la urbanización autorizada no se dará por lo agreste del terreno y que la montaña estará a buen resguardo. Investiguemos, estudiemos y reflexionemos.

La historia nos regala fieles testimonios de obras de ingeniería que superan por mucho lo que creen agreste en el gobierno de Puerto Vallarta. Aquí, algunos ejemplos que les invito a buscar en internet, mirar sus imágenes y responderse si las condiciones de la montaña de Puerto Vallarta siquiera se les acercan: La ermita de Katskhi Pillar, en Georgia, Europa, que tardó los V y VI en construirse sobre una roca de 30 metros de altura; el monasterio cristiano ortodoxo Rossanou, en Grecia, que forma parte de los monasterios de Meteora, encaramados en la cumbre de masas rocosas grises, algunas con una altura de hasta 600 metros; pero sin duda, los ejemplos más asombrosos son, el templo-monasterio de Xuankong, en China, con más de 1,500 años de historia, al borde de un precipicio, y el monasterio de Taktsang, en Bután, ante un precipicio de unos 800 metros.

Me parece increíble que la decisión del cabildo vallartense navegue a contracorriente del mundo, pues mientras 195 gobiernos, reunidos en París, a finales de 2015, incluido el de México, firmaron acuerdos en materia de cambio climático, el cabildo vallartense apruebe el plan distrital ya comentado que podría elevar la temperatura de Puerto Vallarta al destruir la flora y fauna de su montaña, al urbanizarse.

Parecen no enterarse, tampoco, de lo expresado por el presidente Enrique Peña a través de su cuenta de Twiter:

«El #AcuerdoDeParís sobre #cambioclimático establece las bases para una economía global sustentable y baja en carbón». El presidente señaló que México adopta el Acuerdo de París «de manera comprometida y decidida, sobre la base de nuestra propia legislación».

El acuerdo de París nos es jurídicamente vinculante, y no puede nadie violentarlo sin caer en responsabilidades. Pero al cabildo vallartense ni le va ni le viene lo que acuerden los gobiernos para salvar al planeta, ni honra los compromisos de México; parece no importarle las dimensiones de su atrevimiento sobre la sustentabilidad de la economía local; parece ignorar que Puerto Vallarta vive de sus playas y de sus paisajes, y que ambos ahora están en peligro inminente.

Hoy viajo al futuro y volteo a ver a Puerto Vallarta, y lo miro con nostalgia, desolado, hecho un páramo, senil, con hoteles abandonados a la orilla de lo que fueron sus playas y casas derruidas allá en la montaña, que un presidente y un cabildo, olvidados, sentenciaron a muerte…

… y escribo con nostalgia: Soy lo que hago, lo que hice pero también lo que no hice. Soy el tiempo que viví y el que perdí. Soy la oportunidad tomada y la que dejé atrás sin siquiera mirarla. Contengo lo que afirmo y lo que niego; lo que doy y lo que guardo; lo que recuerdo y lo que olvido. Soy, al final de mi vida, lo que me llena de dicha y felicidad, de amargura y de dolor, de satisfacción e insatisfacción, y de arrepentimiento. Eso soy.

Ojalá que lo que miren de sí mismos quienes aprobaron ese acuerdo municipal hoy los invite al arrepentimiento y enmienden la página escrita con yerros y desvergüenzas, con olvidos e ignorancia, a la distancia del pueblo de Puerto Vallarta y contrapuesto al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

benja_mora@yahoo.com