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Vida Urbana: Pa’ salir de pobres

Vida Urbana: Pa’ salir de pobres

Nov 11, 2017

Benjamín Mora Gómez //

El problema está en la debilidad de las instituciones… Ernesto Zedillo Ponce de León 8 de junio de 2006

Daron Acemoglu y James Robinson, profesores del Instituto Tecnológico de Massachusetts y autores de Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, señalan con razón que lo que diferencia a los países ricos de quienes no lo son, no está en la geografía, la etnia, la religión o la cultura sino en el carácter de las instituciones del Estado y la participación de la sociedad civil. Si fuese cierta su hipótesis, son claras las causas de nuestra medianía en muchas de las evaluaciones internacionales y los retos que tenemos frente a nosotros para las administraciones gubernamentales próximas, la participación empresarial y la acción ciudadana organizada.

En México, sus instituciones públicas se muestran débiles ante los devaneos morales y éticos de muchos de sus funcionarios que sucumben ante las tentaciones del abuso de poder, el desprecio institucional y el enriquecimiento ilegítimo desde la desviación de los recursos públicos y la aplicación caprichosa del dinero público. No hay semana en que un nuevo escándalo de corrupción no llene páginas de periódicos así como horas de radio y televisión para decepción ciudadana y vergüenza internacional, y quienes conocemos más de cerca el entramado gubernamental sabemos que un caso de corrupción e impunidad a la semana es realmente nada pues hay corrupciones que pasan desapercibidas o quizá secundadas, e incluso, quizá más grave, de la infiltración de grupos al margen de la legalidad como el narco.

La desesperanza ciudadana se profundiza y extiende al mirar el sinnúmero de reformas legales y la creación de agencias anticorrupción que se acuerdan entre los partidos políticos que encierran componendas y acuerdos de oscuridad evidente que podrían hacerlas disfuncionales. La corrupción se ataca pero al corrupto y al corruptor se les protege. Un ejemplo de este desorden mental en los políticos y legisladores está en la eliminación del fuero en Jalisco con la supuesta intención de quitar impunidad a los diputados locales, pero los delincuentes en materia patrimonial, asaltantes, rateros de autopartes y vendedores de droga al menudeo actúan con la mayor impunidad y protección desde la Fiscalía General de Jalisco por voluntad o ¿ineficiencia? propias, así como por leyes construidas y promulgadas a modo de los delincuentes y por debilidades éticas y manga ancha en el Poder Judicial local.

Desde lo social, en algunas de las instituciones que tienen tal propósito, se beneficia con recursos públicos a organizaciones ciudadanas de muy reciente creación a cambio de compartir parte de esos dineros. Esto merecería nuestra mayor preocupación, atención, indignación y persecución. En obras públicas se autorizan menores calidades para poderse hacer del “dinero ahorrado”, de manera que, a los pocos meses de inauguradas aquellas, los desperfectos afloran y el beneficio social se diluye. ¿Quién pone atención en los procesos por los que se entregan y reciben los moches? ¿Por qué no se atienden las denuncias que ya existen? ¿Quién detendrá las aspiraciones electorales de quienes son delincuentes de cuello blanco o vestidos de marca?

El clientelismo adopta nuevos rostros: Hoy, los votos aun importan pero más las ganancias económicas inmediatas. La rendición de cuentas, así como los controles internos y externos, se ejercen de manera eficiente pero las sanciones no llegan a tiempo ni en forma; quizá por ello es que tengamos, como nación, que perseguir, sin credibilidad ciudadana, a los Duartes y demás exgobernadores. Los incentivos son siempre negativos. Nuestro sistema es corrupto porque sus instituciones son vulnerables ante un entorno que lo permite, propicia e incentiva. Los blindajes son en contra de quienes no se corrompen. Ellos y ellas, los que no se corrompen, incomodan.

De acuerdo a declaraciones oficiales, se espera, con las reformas estructurales, llevar a México al sitio 8 en la economía global, pero, pregunto, cómo será ello si según el Reporte Mundial de Competitividad del World Economic Forum su debilidad institucional (2015) se ubicó en el sitio 115 de 140 países comparados… pero no todo lo malo está en el gobierno pues el deterioro en ética de las instituciones privadas ocupó el sitio 78 del universo reportado. La corrupción e impunidad, la desconfianza en los políticos y los partidos, el pago de mordidas y moches, el tráfico de influencias, la falta de independencia del sistema judicial y el descrédito de Poder Legislativo son parte de esos males institucionales.

Por otro lado, México, como nación en transición, aún no define qué papel reconocerá a sus ciudadanos en la esfera pública de manera que, año tras año, disminuye los presupuestos asignados a agencias del Estado como el Instituto Nacional de Desarrollo Social que apoya financieramente a proyectos de las organizaciones de la sociedad civil. Se vive dentro de una esquizofrenia política contagiosa: A Indesol se le limita en el económico dejando a la discrecionalidad la asignación directa de recursos a quienes convengan a los legisladores federales y locales. Así, la justicia social pasa por el tamiz de las asignaciones injustas… ni la justicia social ni el bien común se alcanzan a contentillo de nadie. Quizá, solo quizá, el olvido legislativo hacia el Indesol podría tener su origen en la sobrevivencia intencional del paternalismo clientelar, la partidocracia como círculo vicioso y al hecho de que la sociedad civil no asume que la construcción de lo público también le pertenece. A nuestros legisladores convendría mirar al Indesol como garante de derechos sociales, de la inclusión, la igualdad y la equidad. No entenderlo es condenarnos a una compulsión social en años muy próximos.

No podemos dejar en el olvido la necesidad de respaldar formas de emancipación de vida desde proyectos sociales que en verdad impacten comunitaria e individualmente. El cambio que México requiere no podrá lograrse creyendo que se anima por decreto ni menos desde la discrecionalidad interesada. Tenemos un solo camino: Fortalecer nuestras instituciones y abrirnos a la sociedad civil.

¿Quién empieza?

E-mail: benja_mora@yahoo.com