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VIDA URBANA: Reformar para transformar

VIDA URBANA: Reformar para transformar

Dic 14, 2013

Por Benjamín Mora Gómez —-

Las reformas estructurales convenidas, largamente aplazadas, se cumplieron. Jurídicamente, hoy México es muy diferente al de hace apenas un año. Sin embargo, con toda su carga de esperanza implícita no será suficiente para hacer de nuestra nación una mejor y más justa patria si todo ello no se acompaña de nuestra transformación personal y apostamos nuestras voluntades personales a objetivos de mayor trascendencia.

El Presidente Enrique Peña nos ha convocado a la Transformación de México a partir de mover conciencias y sumar voluntades. En las reformas alcanzadas legislativamente hay espacios en donde aún no se construyen los consensos deseables. Mucho hay por hacer hacia su logro y quizá, aún más por reformar.

Maestros disidentes que no se resignan a abandonar la comodidad perniciosa de prerrogativas meta-legales que poco o nada abonan a la educación y formación de niños y jóvenes. Empresarios que no se resignan a perder excepciones fiscales que acompañan sus ineficiencias y falta de competitividad, y los margina de los mercados globales. Comerciantes que en la informalidad dan cabida a la venta de mercancía pirata producida por mafias que atentan en contra de la creatividad y la innovación. Evasores fiscales que a todos nos afectan pero que irracionalmente defendemos.

Esta reticencia al cambio no es menos profunda a la de los diputados federales y locales, así como a la de los senadores de la República, a renunciar a muchas de las prerrogativas heredadas y acumuladas por años de autocomplacencias legislativas. También en ellos se requiere de reformas estructurales; de otra suerte estaremos ante un estado de excepción abusivo y ajeno a una república democrática.

Entendámoslo, jamás se han requerido normar el bien; se norma para evitar que el mal se imponga y prevalezca. Hay desviaciones evidentes en el ejercicio de los presupuestos legislativos que deben acabarse; abusos de poder que deben castigarse. Abusos también de los gobiernos que a nadie escapan.

Con desengaño vemos a quienes apenas unos días/semanas antes conocimos limitados económicamente, pero que al ingresar al “servicio público” estrenan autos de lujo, visten ropa de marca exclusiva comprada en sus escapadas al “gringo” y comen platillos a no alcanzan ni siquiera a nombrar correctamente. Aventureros de sociedad que no saben cómo colocar el cuchillo de mesa tras usarlo.

Pobres del lenguaje y por ello, pobres de ideas. Pobres que accesan pero jamás acceden a un nuevo mundo donde siempre son extranjeros.

Baja estirpe de ínfima ralea que caen en el ridículo y “enseñan el cobre” a la menor provocación. Proclives al insulto florido ante los de abajo si acaso se les rebelan. Iracundos defensores de sus logros políticos, sustentados en componendas pero endebles por las mismas componendas.

La gran reforma que México demanda es la de su clase política; muchos de sus integrantes sin clase e ignorantes de la ciencia política y más del arte de la política.

Ralph Waldo Emerson bien decía que toda reforma fue en algún tiempo una simple opinión, así que me limito a opinar que necesitamos reformar a la clase política para transformar y mover así a México. Convencido estoy que todas las reformas aprobadas por diputados y senadores serán sólo ilusiones si nuestra clase política no se reforma pues en ellos está la parte operativa del nuevo México.

E-mail benja_mora@yahoo.com