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VIDA URBANA: SER METROPOLITANO

VIDA URBANA: SER METROPOLITANO

Ene 21, 2012

Quizá el momento más extraordinario y sublime, el más importante en nuestro devenir humano haya sido aquel en que tomamos conciencia de ser, nuestro ser, de saber que somos… que soy. Fue solo un instante, o tal vez resultado de un largo proceso, pero sin el cual ninguna otra pregunta hubiese tenido razón. Fue ese instante en que volteamos al cielo, lo miramos y nos extasiamos con su inmensidad… y empezamos a ser, a comprendernos, a entendernos como parte de un todo que nos identifica, singulariza y especifica. Un instante que no nos empequeñeció sino que nos engrandeció frente a la plenitud del Universo.

 

Hamlet no sería universal sin ese “ser o no ser”, como la pregunta clave de la vida; la que nos definiré desde ese instante. Hay, claro, quien jamás se lo cuestiona y por ello deambula por la vida sin más propósito que simplemente existir hasta que un día deja de ser sin –lamentablemente– jamás haber sido.

 

Preguntarnos sobre quiénes somos, nos compromete, pues una de sus consecuencias es que nos expande la consciencia e invita al crecimiento personal, y desde éste, nos compromete también al crecimiento de quienes forman nuestro círculo más íntimo, y desde él, al crecimiento de todos los demás. Es así que nos humanizamos por volvernos hacia y entregarnos a los demás. No nos humanizamos sólo por haber nacido hombre o mujer, sino por reconocernos parte de la Humanidad.

 

Aquí otro dilema. Ser parte de la Humanidad es actuar a favor de ella, con ella y en ella… para ella. Entonces, y sólo entonces, somos también Universales pues nos reconocemos parte de eso que algunos llaman Creación y otros Vida. Cuando esto sucede, acontece esa gran transformación interna que se alimenta del compromiso hacia los demás; es decir, nos volvemos seres sociales, conscientes de serlo.

 

Hoy mi tema trata del Ser Metropolitano. Creo que el gran dilema de nuestra vida metropolitana está en entender sus implicaciones y demandas. Lo siento como el gran reto para los años siguientes. Asumo que su ausencia actual explica la falta de compromiso metropolitano en nuestros gobernantes en los tres órdenes que el poder se ejerce, y de ahí su indiferencia e indolencia al dejar pasar el tiempo y las oportunidades. Mientras, la vida metropolitana se complica y agrava, que nos conduce a la insustentabilidad e insostenibilidad.

 

Hay perversidad. Quizá involuntaria, pero perversidad al fin, cuando se confunde el hacer ciudad con imponer ciudad. Ejemplos abundan de urbanistas que diseñaron parques y trazaron senderos que luego sus usuarios desecharon. Ciudad impuesta que la degrada como ha sucedido en miles de casos a lo largo de la vida: Edificios patrimoniales derribados para dar paso a una modernidad efímera y vana; vialidades que saturan y entorpecen la movilidad urbana, etcétera.

 

Pronto renovaremos al Gobierno Federal, al estatal y a los municipales. Entonces será un buen momento para educarlos en la gobernanza metropolitana para que actúen metropolitanamente; es tiempo –ya– de que todos quienes vivimos en sociedades metropolitanas nos volvamos seres metropolitanos entregados a nuestra metrópoli. Es tiempo de ser metropolitanos.

 

E-mail: bmora@metropolisdemexico.com.mx