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Vida Urbana: Superman, un dreamer en EEUU

Vida Urbana: Superman, un dreamer en EEUU

Nov 5, 2017

Por Benjamín Mora Gómez //

Hay principios que guían mi vida; uno de ellos es que mis resultados dependen de en dónde pongo mi energía. Superman llegó a EEUU sin visa ni pasaporte, siendo un bebé, por decisión de sus padres al saber que su mundo sería destruido y buscando para su hijo un mejor futuro; así pues, el primer superhéroe norteamericano es el ejemplo más evidente de lo que los dreamers han representado para Estados Unidos de América, para frustración y enojo de Donald Trump.

Ante todo, es bueno entender que no todos los migrantes menores de edad son Kal-El e hijos de Jor-El y Lara Lor-El, ni son adoptados por Jonathan y Martha Kent, un matrimonio del estado de Kansas, (fundamentos básicos en la vida de Clark Kent/Superman) ni sus historias son contadas desde la imaginación romántica de alguien como Jerry Siegel.

Si bien, Superman es un héroe desde la ficción, no por ello su lucha y enseñanza son menos válidas que las heredadas de los héroes de las mitologías de cada país y pueblo. O quién podría negar que hay un sentido cuando Superman nos dice: Ser débil o fuerte no son solo categorías del cuerpo sino también de la mente. Es así que debemos, como Estado y nación, cuidar que la educación forme y forje carácter así como que oriente temperamento para superar el círculo vicioso de los miedos y las limitaciones que nos impiden ser más probos, honestos, solidarios, competitivos, eficaces, eficientes y dignos de seguir, y debemos, claro está, entregar principios y valores contenidos en palabras y vivificados en ejemplos de vida.

LA HISTORIA DE PATRICIO

Hay historias de vida como la de Derek Patricio, de tan solo 4 años y originario de Oaxaca, que intentó cruzar solo la frontera entre México y Estados Unidos de América en dos ocasiones, siendo deportado, y que lo logró en la tercera oportunidad, con un costo de 12 mil dólares para su madre, una mujer indocumentada en Nueva York. Derek fue abandonado, en Oaxaca, por su padre, y en su largo viaje migratorio, durante tres días, nadie supo de su paradero. Para su estadía legal se analiza la posibilidad de alcanzar una visa juvenil o Special Immigrant Juvenil Status para casos de niños que han sufrido abuso o abandono, o necesitan asilo.

Ésta es la historia de un niño de 4 años al que, al parecer, ningún gobernante en México volteó a ver y cuya vida resume su madre al decir muy emocionada. “No lo puedo describir. Sé que mi hijo ha sufrido mucho”. Es una historia que dimensiona las adversidades a las que condenamos a millones de mujeres y hombres, de niños, niñas y adolescentes y de adultos mayores, por negarles el derecho, el simple derecho, de estar con quienes aman y les aman.

Otro principio en mi vida es que, si valoro bien, elijo mejor. Así que pregunto, qué valores motivan a quienes se mantienen indiferentes a historias de vida como la de Dereck.

La realidad, lejos de la del comic y la ficción, es otra; no solo hablamos de los dreamers ya en EEUU sino de niños, niñas y adolescentes mexicanos migrantes vulnerables, hoy vulnerables, a la explotación, a la trata y a ser víctimas de la delincuencia.

La realidad mexicana es de vergüenza: Más de 3.6 millones de niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años de edad deben trabajar para sobrevivir cuando deberían estar en las aulas, recibiendo educación y preparándose para adquirir las habilidades para una mejor vida; casi una tercera parte de esos millones de menores de edad aún no cumplen los 14 años de edad. Esto es México. Ese México empobrecido por los saqueos de los Duartes y demás exgobernadores y hoy gobernadores, presidentes municipales y funcionares federales, cuyos robos, desvíos e incapacidades nos niegan prosperidad y progreso, bienestar y vida digna.

Hablamos de historias de esos niños, niñas y adolescentes que toman La Bestia hacia la frontera norte. Hablamos de una indignación mezquina y mentirosa contenidas en declaraciones oficialistas, que expían culpas y limpian conciencias por lo que esos niños, niñas y adolescentes viven en su viaje pero no hacen lo suficiente para que, en México, en su tierra, en su patria, las cosas cambien a fondo y México se transforme.

VIAJES PELIGROSOS

Cada año, miles de niños, niñas y adolescentes mexicanos viajan solos a Estados Unidos de América en la búsqueda de sus padres, ya migrados, o su propio futuro pues en México no encontraron presente, o para huir de la violencia familiar o de la explotación sexual que crece día a día en lugares como Guadalajara, Puerto Vallarta y Chapala, por dar unos ejemplos de nuestro estado. Entendámoslo, el viaje de nuestros niños y niñas migrantes no fue planeado con el cuidado de Jor-El y Lara Lor-El (científicos) para su pequeño Kal-El y por ello, los nuestros, enfrentan todos los peligros imaginables: graves violaciones a su integridad física y a sus derechos humanos, o perder la vida en el momento del tránsito y cruce.

Quien camine cualquier noche por San Juan de Dios o Analco encontrará a niñas en prostitución. Verá que nadie ahí se asombra de ello y se preguntará por qué es que nadie en el Gobierno Municipal de Guadalajara hace lo debido para transformar esas vidas. No hablo de represión.

LA ESPERANZA DE UN MEJOR FUTURO

Los dreamers son la esperanza que anidó en sus padres, que pervive en los propios dreamers y que contagia a quienes les conocen y que de ellos aprenden y se benefician, y sostengo que nadie –ni Donald Trump siendo presidente de Estados Unidos de América- puede negarle a su país la posibilidad de allegarse de las y los jóvenes mejores del mundo, y menos mentir a su pueblo sobre los peligros que supondrían a su sociedad y way of life. Los dreamers, al igual que Superman, defienden la verdad, la justicia y la bandera americana –lo dice el propio Superman- desde siempre y en cada día de sus vidas. Superman reconoce que los sueños nos salvan, nos levantan y nos transforman y, sin duda, los dreamers alimentan y engrandecen “el sueño americano” pues no se trata de dónde naciste o qué poderes tienes o lo que llevas en el pecho sino sobre lo que haces para ser mejor cada día.

Superman ha dicho: “Este mundo es nuestro, después de todo, somos responsables de pensar que los políticos deben trabajar para nosotros, pero necesitamos empezar a exigir mejor”. Por ello pregunto a nuestros gobernantes por qué, con “sabiduría bañada de oligofrenia”, se atreven a expiar culpas con afirmaciones tan xenofóbicas como “nuestros compatriotas hacen aquellos trabajos que ni los blancos ni los afroamericanos quieren para ellos”, o qué acaso solo para esos sirven nuestros hermanos expatriados. Quienes así se expresan sólo demuestran su ignorancia de la realidad de los méxico-norteamericanos en el gringo. Hay miles de compatriotas siendo exitosos empresarios, científicos, maestros, médicos, ingenieros, abogados, etc. También hay amas de casa y estudiantes como acá.

Olvidemos la locura de Vicente Fox que, siendo presidente, se propuso “exportar jardineros” y miremos más allá de la simpleza que limita mentalmente.

México y Estados Unidos son pluriculturales, pero nuestro encuentro es bicultural. Asumámoslos así y unamos esfuerzos con quienes, aquí y allá lo aceptan, respetan, promueven y desarrollan. Y en México hagamos lo debido para que la migración deje de ser condena y sea solo una opción más de vida, de libertad.

E-mail: benja_mora@yahoo.com