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VIDA URBANA | Torpezas Trumposas

VIDA URBANA | Torpezas Trumposas

Abr 9, 2016

Mis primeros años de vida los pasé en diversos puertos mexicanos —por el trabajo de mi padre— que entonces eran realmente pequeños. Muy chico me gustaba sentarme en la playa y, mirando al horizonte, imaginarme lo que habría del otro lado de la mar. Cuando crecí y aprendí a leer, mi imaginación se desbordó con los libros que mi abuela Rafaela, mi madre y mi padre me regalaron o que, después, yo buscaba en la biblioteca. Así jugué a ser algún personaje de Andersen, Parrault, Caroll, Lorenzini más conocido como Collodi, los hermanos Grimm, Dickens o Salgari, por mucho mi preferido… quizá por ello es que vidas como la de Albert Camus me fascinaron al tiempo que leía, ya en prepa, El extranjero, La peste, El mito de Sísifo o El hombre rebelde. Camus —novelista, ensayista, dramaturgo y periodista argelino-francés— me hizo amar la verdad y la justicia, y me volvió rebelde, crítico y profundamente humanista, e igual que su Sísifo, me dio la entereza para cada día me levante con la fortaleza de empezar de nuevo lo que ayer parecía perder.

Hoy, desde la América del Norte, los absurdos de Donald Trump se agolpan y se nos agolpan en declaraciones profundamente carentes de inteligencia, oligofrénicas, sin sentido, sin oriente y sin valor humano que insiste e insiste. Su boca no tiene mesura y su lengua lo enreda y tira de a tropezones de los que no aprende.

Mi madre me decía, los abismos de la estupidez hacen de la vida una equivocación constante, y Trump se equivoca sin tregua y sin mesura, sin vergüenza y sin recato, y se envalentona y vuelve a tus tropelías; es descarado en los límites de la insulsez, la vaciedad, la majadería, la mamarrachada, la necedad y el cretinismo pasando por la estrechez de miras, la fatuidad y el desvarío, que rayan en la locura. Avergüenza, si acaso eso fuese posible, a los padres de la América sajona como los son Washington, Franklin, Jefferson, Penn y Hamilton, entre tantos otros.

Trump amenaza a México pues él es insulso e ignorante de la historia de su propia América. Nos advierte con modificar la cláusula de la ley antiterrorista Patriot Act para recortar las remesas de nuestros compatriotas a sus familias.

Trump preocupa a tirios y troyanos, y a los propios republicanos los tiene con el alma en un vilo. No saben qué hacer con él y él tampoco sabe qué hacer con los suyos. La nomenclatura republicana sabe que la estupidez de Trump, que en un principio les pareció cómica, podría volverse trágica para el pueblo norteamericano y para el mundo entero, y no solo para México, y llevarnos, a todos, hacia una catástrofe de dimensiones inimaginadas.

Pero que nadie se llame a sorpresa cuando, siendo políticos —los republicanos— de larga experiencia, no advirtieron el peligro de un improvisado de inteligencia política menguada, con desequilibrios de probidad a lo largo de su camino a la riqueza desbordante que ahora les tiene tomada la candidatura de su partido a la presidencia de Estados Unidos. Aquellos saben que la estupidez en política no la sufre quien la padece sino quienes rodean a quien la tiene, y hoy se preocupan porque no se ocuparon a tiempo. Ojalá algún republicano hubiese leído a Carlo M. Cipolla en su estupendo ensayo, «Las leyes fundamentales de la estupidez humana» para comprender que la capacidad de hacer daño al próximo de un estúpido está peligrosamente acrecentada por la posición de poder que ocupa.

Hoy, el pueblo norteamericano corre el peligro de perder su calidad democrática para hundirse en una profunda y larga kakistocracia en donde el poder sea ejercido por los peores y más ineptos, según palabras del politólogo italiano Michelangelo Bovero.

Recuerdo a Clinton cuando explicaba el porqué de su desliz con la becaria con un muy simple: «Lo hice porque podía», y Trump amenaza a México porque lo puede hacer, lo que no significa que desde el poder lo pueda obligar o llevar a cabo sin que nadie lo detenga, pues como dijera Shakespeare «es hermoso tener la fuerza de un gigante, pero es terrible usarla como un gigante».

La esencia de la política es usar la inteligencia de manera inteligente. En política, la estupidez es asfixiante y la manquedad en el actuar resulta catastrófica. En política, la inteligencia fracasada es principio de condena para todo un pueblo. En política, la inteligencia no debe limitarse para resolver problemas sino, primeramente, en saberlos plantear. En política, insisto, la improvisación es el mayor de los peligros y el camino más corto y certero hacia el fracaso, y Trump es un improvisado en política, y más grave, un improvisado en el quehacer del poder en el Imperio de los siglos XX y XXI.

Yo no sé cómo los republicanos detendrán a Trump —que es ahora su prioridad electoral— pero desde luego no pueden aceptar poner sobre su epitafio «murió como demócrata por obedecer a un antidemócrata».

Thomas Jefferson, uno de los padres de la Independencia norteamericana, declaró «Todos los hombres son creados iguales y tienen los mismos derechos universales, entre ellos a la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad»… entonces, ¿en qué momento se perdió tal sentido de existencia como nación y pueblo en Norteamérica?

benja_mora@yahoo.com