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VIDA URBANA | Un profeta en tierra de profetas

VIDA URBANA | Un profeta en tierra de profetas

Oct 1, 2016

La vida me ha regalado ejemplos que orientan mi pensamiento, sentimiento y actuar. Shimon Peres es uno de ellos. Pertenezco a una de esas generaciones en que Peres fue guía y oriente.

Hombre de contrastes que aprendió con la vida que la vida sin paz no tiene sentido. Hombre que en su juventud compró armas para el Haganá, embrión de las Fuerzas Armadas de Defensa de Israel, que hiciera realidad la partición del Estado palestino por la cual naciera el Estado israelí. Hombre al fin que aprendió de sus errores y enseñó al mundo el único camino digno de ser andado: el camino de la paz.

Shimon Peres tardó en comprender que la paz no se construye desde el armamentismo. Filosofía que aun anida en los corazones belicosos de los republicanos norteamericanos y en los desatinos de su candidato Donald Trump.

Necedad armamentista de unos que cobra millones de vidas en el mundo de ellos mismos y de los otros, porque la estupidez humana siempre trae consigo misma las facturas de su obnubilación mental.

Necedad incomprensible en un Shimon Peres cuya familia debió huir de su natal Polonia ante la amenaza del nazismo que exterminó a muchos de sus parientes. Mahatma Gandhi decía que «no hay camino para la paz, la paz es el camino».

Confucio decía «si no estamos en paz con nosotros mismos, no podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz», y Trump —lo sabemos— no está en paz ni consigo mismo ni con nadie en medio de las turbulencias de su esquizofrenia maldita que lo pierde.

Shimon Peres se formó en Estados Unidos y tras su regreso a Israel en 1952, alimentado del armamentismo norteamericano, y ya como subdirector general del ministerio de Defensa israelí, compró aviones cazas Mirage que definieron la Guerra de los Seis Días. Con la ayuda de Francia, convirtió a Israel en la única potencia atómica —oficialmente nunca declarada— de Medio Oriente.

Juan Pablo II daba tres pilares para alcanzar la paz: la equidad, la verdad, la justicia y la solidaridad, que pocos, muy pocos logran adentrar en sus vidas, en sus pensamientos, en sus sentimientos, en sus obras.

Shimon Peres hoy nos aguarda desde el cementerio nacional del monte Herzl, en donde el presidente Barack Obama recordó una de las frases más hermosas de Shimon Peres: «El pueblo judío no vino a este mundo a dominar a otro pueblo. Estamos en contra de amos y esclavos». No me gustan las dominaciones y las esclavitudes, de ahí que no me gusten los reyes y las reinas ni en las barajas.

En los funerales de Shimon Peres estuvo presente Bill Clinton, quien fue testigo de los acuerdos de paz entre los estados Palestino e Israelí, y por el que aquel recibió el Premio Nobel de la Paz en 1994, junto a Rabin y Arafat.

Tras la muerte de Shimon Peres debemos honrar su obra desde una nueva filosofía de vida y un nuevo camino de sustentabilidad global: «la prevención del conflicto destructivo y de la violencia, y del alivio de sus consecuencias» que son parte del quehacer de la Psicología de la Paz, que también incluye el equilibrio con la naturaleza, la coexistencia de diversas formas de pensamiento y de conducta, la relación armónica entre los géneros, las edades, las culturas, las clases sociales, las naciones y los estados, los desplazados, etcétera.

Shimon Peres no se cansó de buscar los puntos en común dentro de las heterogeneidades humanas y sociales, y por ello encontró los caminos hacia la paz.

El mundo se duele con la muerte de Peres pero quizá no al nivel de tomar conciencia en las representaciones sociales que conducen al conflicto armado y a la ausencia de paz. El prístino ejemplo de Shimon Peres no debe escurrirse entre los dedos de nuestras manos.

Gracias Shimon Peres.

Descansa en paz.

Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes.

Isaac Newton (1642–1727) Matemático y físico británico.

benja_mora@yahoo.com