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VIDA URBANA | Un pueblo con fe

VIDA URBANA | Un pueblo con fe

Oct 31, 2015

La fe nos sostiene en medio de los avatares por los que atravesamos, y en ese sentido es que interpreto las palabras del presidente Enrique Peña, con motivo del saldo blanco que tuvimos ante el huracán Patricia, cuando nos recuerda que «la fe del pueblo de México» nos ayudó… y que seguro Dios nos escuchó —esto lo digo yo.

Hay quien critica al presidente, pues, según ellos, rompe con el ideal de un Estado laico, y difiero por la simple razón de que el Estado mexicano no dejó de lado su neutralidad en materia religiosa, ni apoyó ni otorgó privilegios a una o varias iglesias en particular. La realidad es que el Estado mexicano cumplió con sus obligaciones de prevención ante Patricia y jamás pidió al pueblo mexicano formar círculos de oración para que Dios y la Virgen nos salvasen del huracán y sus consecuencias. Tampoco el presidente Peña Nieto no buscó en lo divino explicación al cambio de rumbo del huracán y su degradación a tormenta tropical; él simplemente supo exteriorizar lo que para un gran número de mexicanos asumen sucedió: Dios, quien es la razón última de todo cuanto es, nos protegió y amparó… y esto nadie puede ni asegurarlo ni negarlo fehacientemente sin caer en interpretaciones personalísimas.

La necesidad de creer en alguien o algo está anclada en nuestro pasado más remoto, y en ello coinciden quienes tienen fe en Dios como quienes se centran en lo más inmediato y terreno, en lo que mejor describe la laicidad. Los laicos más acuciosos siguen modelos humanos, a quienes llaman héroes y quitan veleidades y debilidades propias de cualquier otro ser humano, y los vuelven semidioses incuestionados e incuestionables.

Tener fe en Dios significa creer en Él y creerle a Él. Reconocer que sin Él somos nada ni nada podemos y que sin esa fe nos hundiremos como San Pedro al caminar sobre las aguas agitadas por el viento. Esto tan simple y profundo es lo que los críticos del presidente no entienden, no aceptan y no respetan. No entienden que su crítica última va hacia el pueblo, no hacia el presidente.

Todo en la vida tiene un sentido y un valor, y explicarlo desde la inteligencia es responsabilidad que todos tenemos ante los demás y nosotros mismos. El ser humano contiene en sí mismo la necesidad de trascender, y por ello busca y, al hacerlo, se encuentra consigo mismo. En ello se encierra la génesis de la vida humana como acto racional y de entrega, que nos distingue de las demás creaturas cuando dejamos de lado nuestra yoicidad.

Mi madre me decía que, cuando renunciamos a nosotros mismos por entregarnos a los demás, ganamos todo lo que renunciamos y se nos da más. Es entonces cuando la yoicidad deja de ser un lastre. La renuncia a la yoicidad también nos permite entender al otro; nos hace entrar en ese secreto maravilloso de la otredad.

En palabras muy terrenas, vale recordar a la gran Chavela Vargas cuando dijo: «Para creer, hay que sentir la necesidad de creer», sin olvidarnos, por el otro lado, de lo que nos propuso Albert Einstein: «La mente es igual que un paracaídas, sólo funciona si se abre», y esto es a lo que se encuentra en el fondo de quienes creen y falta entre quienes critican a quienes creen. Creer como necesidad que nos iguala; creer nos abre, también, a la experiencia y la verdad como vocación de inteligencia. Creer no ciega ni embrutece.

Hay quien duda hasta de lo obvio, y no por un afán de buscar la verdad sino de justificación de su escepticismo casi enfermo. Patricia creció como huracán como nunca antes sucedió en el mundo, y amenazante se acercó a costas mexicanas; nosotros —sociedad y gobierno— seguimos protocolos de protección y el mundo entero se solidarizó… y Patricia se degradó, en cuestión de horas, del mayor huracán en la historia a tormenta tropical y hubo a quien pareció decepcionarse y entonces dudó de su realidad y cuestionó al gobierno. Tal actitud me recuerda a Gregor Samsa, personaje principal, de la Metamorfosis, de Franz Kafka, que se convirtió en insecto. La falta de fe nos degrada, las rabietas nos enmudecen aun cuando maldigamos con estruendos, y entonces nos vuelve como insectos.

Yo propongo otro camino muy distinto al del escéptico; un camino de esperanzas y fe que nos lleve hacia los sueños que cubran nuestras ansias de convertirnos en quien elegimos ser.

Quienes no creen en lo que el gobierno nos dijo en torno de Patricia como en otros temas, curiosamente, están dispuestos a creer en todo lo demás, aun en lo más improbable e ilógico como si existiera un complot gubernamental subyacente y complicidades gubernamentales universales. Es una actitud de desesperanza que se propaga como peste, enferma y contagia.

Creer no es seguir utopías ni «realidades tan irreales» que pueden llegar a ser absurdas. En el sentido que nos comparte el presidente Enrique Peña, la fe del pueblo mexicano, que se vuelca sobre sí mismo, es creer en el día de mañana, que el futuro será mejor, que hay una razón para luchar y trabajar, que las cosas pueden cambiar y que los sueños se volverán realidad. Por ello de la insistencia del presidente en invitarnos en creer en la reformas estructurales. No son llamados a la ceguera colectiva sino a la unión de esfuerzos. Son llamados a la certeza y la confianza. La invitación del presidente no está en instalarnos en la irrealidad o la ingenuidad, sino en pensar en el futuro desde actuaciones colectivas limpias de horizontes de falsos engaños; el presidente nos invita a reconocernos desde el valor del esfuerzo, la perseverancia, la valentía, la libertad y un nacionalismo actuante en un mundo globalizado y universal. El presidente coincide con Francesc Torralba quien señalara que «en el interior del hombre esperanzado, está el germen de la rebelión y de la disconformidad».

No creo en los pueblos que fingen no tener problemas sino en aquellos que buscan las soluciones exactas a sus retos y aspiraciones; creo en pueblos revolucionarios. Creo en la confianza de saber que nos aguarda un mejor futuro porque trabajamos en ello, curando heridas, borrando amarguras y superando dificultades. No dejo en Dios lo que es la construcción de mi vida y mundo; la asumo con responsabilidad y alegría.

La búsqueda de la verdad parece ser el tema central de nuestra existencia, así como de la construcción de fe en nosotros mismos como fuente de nuestra fortaleza y renovación nacional. Yo sí creo en la fe del pueblo mexicano.

benja_mora@yahoo.com