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Vida Urbana: Verde que te quiero verde

Vida Urbana: Verde que te quiero verde

Abr 6, 2017

 

Benjamín Mora Gómez //

Por Joan Manuel Serrat aprendí que lo cotidiano, si lo dices de forma bella y armónica, es doblemente hermoso, y resolví amar la palabra y cuidar mi decir.

Serrat tuvo el atrevimiento, el dulce atrevimiento, de poner música a los poemas de Federico García Lorca y de Miguel Hernández. Eran mis días de bachiller cuando canté poesía y aún hoy, es de la poca música que, de aquellos años, aún escucho.

Hoy, que desde Washington lo verde pierde sentido, apabullado por unas atrevidas resoluciones presidenciales, sórdidas e inmundas, me recuerdo del poema de García Lorca que empieza con un «Verde que te quiero verde».

Todo avance de ayer apenas hoy es retroceso que humea a nuestra casa en común y desoxigena los lechos de agua, y mata, y mata, hasta el exterminio, mata.

Para el 45 presidente de la América de apenitas después del Río Bravo, el medio ambiente ya no es prioridad. Decidió autorizar el tendido de las tuberías de dos oleoductos: el Keystone XL y el Dakota Access, congelados en 2015 por el presidente Barack Obama. Y con ello, Donald Trump abrió otro frente de conflicto con ecologistas y nativos americanos.

Sí, a este señor le gustan los conflictos.

La negación de la verdad no hace verdadera a la mentira y sí peligroso a quien miente por gusto, engaño y maldad.

Se ha difundido, a través de Reuters, que la administración Trump solicitó a la Agencia de Protección Ambiental estadounidense eliminar su página sobre el cambio climático de su sitio web, echando por la borda años de investigación y de toma de conciencia. Negando lo que ayer había difundido.

No hay engaño, Donald Trump no cree en el cambio climático, o al menos en sus efectos, y así lo sostuvo durante toda su campaña presidencial, pero el que lo ignore o lo niegue, no cambia la realidad.

De acuerdo con el Stern Review on the Economics of Climate Change sobre el impacto del cambio climático y el calentamiento global sobre la economía mundial, se requiere de una inversión equivalente al 1 por ciento del Producto Interno Bruto mundial para mitigar los efectos del cambio climático y, que de no hacerse dicha inversión, el mundo se expondría a una recesión que podría alcanzar el 20 por ciento del PIB global.

Es innegable que el cambio climático ya incide sobre los elementos básicos de la vida humana en el mundo entero: difícil acceso a suministro de agua, menor producción de alimentos, salud destrozada y medio ambiente deteriorado. Cientos de millones de personas podrían padecer hambre, escasez de agua e inundaciones costeras en los años por venir.

Bajo un nombre que atrapa y alienta a quienes creen en lo mismo, Trump firmó la llamada «Orden Ejecutiva de Independencia Energética» por la cual suspende media docena de medidas promulgadas por Obama y reaviva el uso de combustibles fósiles. Y aun cuando pareciera un absurdo, afirma que esta resolución mantendrá asequibles, confiables y limpias a la energía y la electricidad. Seguro, estado como Wyoming, Virginia Occidental y Kentucky hoy aplauden a Trump.

El atrevimiento presidencial nos deja en claro que la administración Trump no se preocupará por reducir las emisiones atmosféricas y que, por tanto, hacia 2035 se podría alcanzar el doble del nivel preindustrial, lo que aumentaría la temperatura global de más de 2°C con todos sus efectos ya advertidos por años.

Se afirma que la resolución de Trump podrá crear riesgos socio-ambientales y económicos comparables a los efectos de las grandes guerras y la depresión económica de principios del siglo pasado.

El presidente Obama dijo: «Solamente tenemos un hogar, un planeta. No hay un plan B» cuando en agosto de 2015 lanzó el Plan de Energía Limpia que buscó reducir hacia 2030 en un 32 por ciento las emisiones de las centrales termoeléctricas norteamericanas respecto a los niveles de 2005. En aquellos días, Matt McGrath, corresponsal de medio ambiente de BBC, aseguró que difícilmente el sucesor de Barack Obama se atrevería a echar esta iniciativa. Pero no, Trump sí se atrevió, quizá, solo quizá, porque no sabe que, según el Fondo Monetario Internacional, la emisión de gases de efecto invernadero es el tercer mayor riesgo económico.

Mientras en EE.UU. las cosas pierden su verdor, en México el presidente Enrique Peña se compromete a que, en 2018, al menos 10 por ciento del territorio marítimo y 17 por ciento de la zona terrestre contará con la declaratoria de Área Natural Protegida; hoy son de solo 1.8 por ciento y de 13.7 por ciento, respectivamente. En México —debemos saberlo—, con apenas el 1 por ciento de la geografía mundial, guarda el 10 por ciento de las especies marítimas y la flora del todo el mundo.

El discurso del presidente mexicano contrasta cuando afirma: «Que la sociedad mexicana se sienta muy orgullosa que tiene toda esta gran riqueza natural, que es nuestra, y que hoy nos ocupamos por cuidarla». En México sí hay compromiso con el futuro, y entendemos que lo económico jamás podrá ocupar el lugar que merece la vida y nuestro planeta.

Termino con unas palabras de un poema de Miguel Hernández: «Para la libertad sangro, lucho, pervivo».

E-mail: benja_mora@yahoo.com