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Viene de…¿Wisconsin?

Sí, cómo no… parece que viene por Wisconsin. Las recientes propuestas hechas por Scott Walker –el gobernador republicano de Wisconsin, Estados Unidos– que aparentan ser parte de una planeación de austeridad gubernamental, dada la “apremiante” situación fiscal del Estado, en el marco de la aún vigente y prolongada recesión económica en el país –que lleva ya más de dos años y sin salida visible–, parece ser que han hecho bastante mella entre los ciudadanos del estado –con una de las más importantes economías agrícolas y agroindustriales– de aquel país.

 

Las medidas gubernamentales propuestas por el gobernador Walker, van dirigidas a recortes presupuestarios para beneficios laborales de los trabajadores del Estado y el acotamiento en la capacidad de negociación de los sindicatos estatales, entre otras cosas. Todo en detrimento de las condiciones de trabajo de los empleados públicos y privados. Esto, debido al “gran décifit” que –supuestamente– el estado de Wisconsin tiene en sus finanzas públicas.

 

Sin embargo, debemos de contextualizar la situación de la llamada Dairyland (tierra de los lácteos); primero: mientras que el rampante desempleo en Estados Unidos sigue su curso a tasas cada vez mayores (la cifra oficial es del 9.4 y la real habla de un 20 por ciento) y obviando las declaraciones oficialistas en los mass media, en el sentido de la recuperación de empleos y mejora en su economía, en el estado de Wisconsin el porcentaje de desempleo es del 7.5 por cierto y su déficit del 12.8 por ciento –por debajo de la media nacional–, siendo de los niveles indicadores más bajos del país; segundo: la urgencia en la recuperación de más espacios republicanos para el próximo ciclo electoral (¿?); tercero: la tradición e idiosincrasia de los “wisconsitas” de vivir en un estado de abundancia gracias a su trabajo; cuarto: factores externos al estado –como los crecientes movimientos sociales en África del Norte, Oriente Medio, América Latina, Europa Oriental, Europa Occidental e incluso el Norte de Europa, los “ricos”–.

 

Con Dinamarca por ejemplo, con protestas civiles pacíficas en contra de la globalización, el abuso sobre las naciones más pobres, el ecocidio global –al parecer irreversible–, el abuso de la banca sionista internacional (otros tema de bastante trascendencia inmediata), los derechos civiles y humanos que son pisoteados en el feneciente sistema neoliberal (tal como lo conocemos hasta ahora), y la más reciente –el pasado jueves 24– por el aumento en el precio del transporte público. Quinto: el despertar de muchos sectores de la población estadounidense ante una realidad que veían muy lejana o ni siquiera imaginaban, tal vez. Esta realidad, multidimensional, por cierto es, digamos, como la hidra –aquel monstruo mitológico con siete cabezas, que renacían a medida que se cortaban– que resurgen los problemas por más que se “quieran” solucionar –como las medidas implementadas por la Reserva Federal (FED), con la inyección de 600 mil millones de dólares a las finanzas estadounidenses para dizque reactivar la economía–.

 

La percepción ciudadana –cada vez más generalizada, según encuestas recientes– de tener un gobierno imperialista a todas luces, intervencionista, injerencista y poco preocupado por el Estado del Bienestar (pregúntenles a los sureños de Louisiana y Mississippi). La cada vez más acuciante vigilancia del Gran Hermano (Big Brother) sobre la población civil, ahora con la más ingeniosa novedad –bueno, ni tanto, ya lo hemos visto en películas como “1984” y “Con V de Venganza”–: la instalación de una red video-informacional en los supermercados Walmart –la empresa minorista más grande del mundo y, por sus ventas y número de empleados, la mayor compañía del mundo (¡!)– en TODAS sus sucursales, obviamente incluidas las de los países donde tiene presencia fuera de Estados Unidos: México, Argentina, Reino Unido (la mayoría supermercados ASDA), Canadá, Costa Rica, Brasil, Puerto Rico, Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Japón y China (ya hablaremos después de este gigante –o mejor dicho– titán corporativo), con el objetivo de detectar posibles “enemigos del Estado”, o séase “terroristas” (musulmanes o narcos sobre todo, ya usted sabe…).

 

Ahora con esta “nueva moda” nadie estará a salvo de ser observado por ojos inquisidores del Nuevo Orden Mundial, con el pretexto, claro, de la supuesta seguridad nacional.

La vigilancia con cámaras está prácticamente todas partes, en Chicago, por ejemplo, según algunas estimaciones, se calcula la existencia de más de 10 mil cámaras instaladas en toda la ciudad, esto sin contar las cámaras de seguridad privadas de los comercios, oficinas, empresas o viviendas particulares.

 

El director de Inteligencia Nacional, James R. Clapper, autorizó recientemente a agencias civiles y de orden público del gobierno –como las distintas policías– el uso de satélites de vigilancia –espías– del Departamento de Defensa. Sobre todo ahora, en el contexto de supuestas amenazas a su seguridad nacional por parte de Al Qaeda y, dicho sea de paso, de los cárteles internacionales de la droga –los mexicanos, para ser más precisos–.

 

Por su parte también, una de las más recientes instituciones públicas creadas por el gobierno estadounidense, el Departamento de Seguridad Interna (Department of Homeland Security), a cargo de la xenofóbica Janet Napolitano –ex gobernadora del estado de Arizona–, están implementando el uso de aviones espías de los denominados “drones” (vehículo aéreo no tripulado) para sobrevolar continuamente por los cielos de ciudades y territorios de Estados Unidos. Es el tipo de aviones que se han estado utilizando en las recientes guerras (Irak, Líbano, Palestina, etcétera).

 

Hace algunos días se comentó la noticia –incluso en la cadena de televisión Fox– a manera de aviso, de que ahora, el FBI (Buró Federal de Investigación) puede escuchar las conversaciones de usuarios de teléfonos celulares, ¡incluso cuando estos se encuentren apagados…!

 

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos cada vez mayores de la Casa Blanca –o de quien esté por encima de ella– por someter a la población estadounidense, movimientos de resistencia civil están extendiéndose y tomando fuerza, concientizando a la ciudadanía para exigir al Gobierno que detenga acciones ofensivas e invasivas en su contra y denunciando la cara oscura del Gobierno estadounidense.

 

Si a todo lo anterior le aunamos los graves problemas financieros por los que atraviesan un alto porcentaje de las instituciones bancarias de aquel país –alrededor del 12 por ciento de estos–, alcanzando cifras récord a finales del 2010, en el que se registraron 157 quiebras bancarias, la mayor cifra desde 1992, según informó la FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation) –algo así como nuestro IPAB (Instituto de Protección al Ahorro Bancario)–, entonces tenemos un panorama cada vez más complicado y sombrío para el bienestar de nuestros vecinos del norte que además, pretenden ser engañados por su propio gobierno de que las cosas marchan bien, cuando evidentemente es lo contrario.

 

Ya veremos qué nuevas medidas precautorias toman en aquél país con el alza de los precios internacionales del petróleo –de momento incontenibles–, que obviamente, está trayendo como consecuencia el aumento acelerado de los commodities –como lo previmos hace tiempo en Visor Internacional– en los mercados bursátiles internacionales.

 

Todo esto motivado por el clima de tensión e incertidumbre que se vive en los países norteafricanos, Libia en especial, para ser precisos, que es uno de los mayores abastecedores de petróleo para los países europeos, como Italia, con quien Muammar Kadafi –el aún líder del Gobierno libio– tiene cercanas simpatías, especialmente con su presidente, Silvio Berlusconi, quienes juntos –según algunos secretos a voces– comparten aficiones mutuas, como las orgías sexuales y el gusto por la vida de gran lujo.

 

No sabemos cuántos días le queden a Kadafi en el mando –para sumarlo a sus 42 años ininterrumpidos en el poder–, pero su final está cercano. Cada momento que pasa, el movimiento armado de resistencia rebelde recupera más territorios, al tiempo que se incrementa el derramamiento de sangre libia que, según algunos testigos, llega ya a cifras de miles los muertos en todo el país.

 

Ojalá nuestros hermanos árabes se den cuenta de lo delicado del momento por el que transitan, con los halcones al acecho y muchos factores que agravan su situación, como una hidra, mencionábamos anteriormente. Sólo que en este caso, el Hércules que podría acabar con este monstruo son ellos mismos.

 

E-mail: albertogomez.consultor@gmail.com

One comment

  1. Ing. Leobardo Ybarra Matus /

    Muy interesante, como siempre, el artículo tan aleccionador de Alberto Gómez.

    Entender el contexto geopolítico es vital para una mejor comprensión de la situación que priva en nuestro querido México.

    Un respetuoso saludo.

    LEOBARDO YBARRA MATUS.