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Vida Urbana: Los hombres van de una ambición a otra; Maquiavelo y la antipolítica mexicana

Vida Urbana: Los hombres van de una ambición a otra; Maquiavelo y la antipolítica mexicana

Oct 28, 2017

Por Benjamín Mora //

Me encantaba platicar con mi abuela Rafaela; le narraba mis historias de mar y playas pues mi familia vivía en Guaymas, Sonora, así como de mis sueños de niños, y una y otra vez, al terminar, me decía, sugería, algo que aún practico. Una vez me dijo: ¡Sueña en todo lo que quieras pero solo cuídate de los cantos de las sirenas pues te hacen naufragar!

y en política, el sucumbir ante los cantos de las sirenas es lo más común.

Nicolás Maquiavelo escribió: Los hombres van de una ambición a otra, y sabiendo que así es nuestra sempiterna insatisfacción y que la política no tiene relación con la moral (también lo decía Maquiavelo), me explica el por qué del nuevo populismo mexicano disfrazado de democracia avanzada: el número tan alto de las candidaturas independientes. El absurdo número de suspirantes independientes a la Presidencia de la República es testimonio fehaciente de un alto nivel de desajuste emocional, sobrada soberbia y minimización de la tarea presidencial.

Hay descrédito en y desde los ciudadanos; en, entre y desde los políticos; en, entre y desde los partidos políticos, que juegan a ver quién arrebata más a los demás. No compiten por la confianza ciudadana desde un amplio proyecto de Nación y Patria que dé sentido y rumbo a un mandato ciudadano.

Van por lo imposible sabiéndose derrotados de antemano. No tienen con qué ni saben cómo y menos comprender los por qué; son la versión más empobrecida de la kakistocracia mexicana que ellos critican en otros. Son Ícaros de la política mexicana. Son perdedores, en muchos casos, aun antes de la contienda electoral del 2018.

La pulverización política, expresada, insisto, por el número de partidos y candidatos independientes, poco de bueno aportará a la democracia mexicana. Hay quien cree que todo ello es propio de una democracia segura de sí misma pero no –creo- cuando los valores e intereses que les motiva son tan frágiles como las mentes que las crean. Tantas corrientes de ¿pensamiento? son expresión puntual de la falta de voluntad de construir acuerdos a partir de coincidencia fundamentales y eso no es otra cosa que la anti-política. Tal pulverización política es errónea pues ninguna de dichas opciones independientes despierta pasión ni certeza ni menos esperanza. Nada hay detrás de las aspiraciones individualistas de los suspirantes presidenciales que no se resuma en el capricho de verse en la boleta electoral. Solo estamos ante desacuerdos irremediables y la política muere en las aguas de lo irremediable; entendámosla y respetémosla para que nos sirva.

Lo aún más grave es que sus iniciativas se desvanecerán cuando los ciudadanos no las respalden con firmas y, quienes sí sean candidatos, las miren como muy menores y del desinterés popular.

Maquiavelo decía que todos somos responsables de las patologías políticas, actuemos o no dentro de la real politik, que hoy aplicaría a quienes, desde las candidaturas independientes, alimentan nuestras patologías políticas

En todos los partidos políticos me encuentro con quienes quieren ser candidatos a diputados o senadores que ni idea tienen de cómo ampliar libertades; ofrecer seguridad jurídica; garantizar transparencia, rendición de cuentas y buen uso de los recursos públicos. Muchos quieren pero no saben para qué, ni les interesa averiguarlo. Me parece que van tras el fuero que le salve de la cárcel o de un sueldo asegurado.

Hay partidos en dónde veo bandos más cercanos a bandas, confrontados hasta lo irreconciliable. Partidos políticos que se dicen demócratas pero no entienden de democracia interna ni se arriesgan a construirla. Simplemente no la quieren. Partidos con un dueño absoluto que solo garantiza su posible derrota.

Partidos que deberían prepararse a festejar el 2 de Noviembre pues ya huelen a campo santo.

Y veo candidatos que son la versión más cercana a lo anti ciudadano: intolerantes, caprichosos y groseros…

Los excesos en todos los partidos solo destruye la confianza.

La política de hoy solo divide, así pues, ¿cómo podrá unir a la República quien divide para quedarse con la candidatura de su partido, o como podrá construir acuerdos quien antes provocó pleitos?

MAQUIAVELO Y LA DESIGUALDAD

La otra gran amenaza es la que generan las desigualdades extremas. Maquiavelo no era un estricto partidario de la igualdad, pero sí pensaba que, para evitar la corrupción, las democracias necesitan tener una vaga “igualdad” de oportunidades, riqueza y posición social entre los ciudadanos. Un exceso de desigualdades destruye la confianza de la gente porque facilita que los ricos dominen a los demás y hace pensar a los pobres que el sistema está manipulado en su contra. Y alteran el equilibrio general de las libertades que preserva la estabilidad de las sociedades libres.

Maquiavelo hace hincapié en una cosa: que los ciudadanos corrientes son tan responsables de estas patologías como los dirigentes y los ricos. Después de presenciar los enfrentamientos sangrientos entre partidarios y enemigos del carismático fraile dominico Girolamo Savonarola —cuyos sermones contra la corrupción le convirtieron, durante un tiempo, en el líder real de Florencia—, Maquiavelo se dio cuenta de que el increíble poder del religioso derivaba, más que de sus manipulaciones, de la credulidad de sus seguidores. Entre dichos seguidores había algunos muy educados y otros más “toscos”, pero todos deseaban un drástico cambio, en aquellos tiempos llenos de miedo y corrupción, y vieron a Savonarola, con sus palabras contra el sistema, como su salvador. Sus seguidores y adversarios transformaron la política en una lucha por el alma de Florencia y, en el proceso, casi acabaron con la República.

LAS SOCIEDADES DESIGUALES

Respecto a las desigualdades, Maquiavelo señala que, en sociedades de mercaderes y banqueros, con tanta competitividad —hoy habría encontrado muchas similitudes—, todo el mundo se obsesiona con ganar y perder, con las clasificaciones y los títulos, e intenta adelantar a los demás como sea. A menudo, los que proceden de las capas medias, muy preocupados por su estatus, son los que más quieren avanzar, para no quedarse atrás: “Porque a los hombres no les parece que tienen asegurada la posesión de lo que corresponde a un hombre si no adquieren algo nuevo”. Es lo que ocurrió en Florencia, recuerda Maquiavelo en sus Historias florentinas, cuando los ciudadanos de clase media arrinconaron y expulsaron a los trabajadores pobres del sistema gremial que había protegido sus derechos. El resultado fue una guerra civil que destruyó la confianza entre las clases sociales durante siglos.

LAS GRIETAS PARA EL AUTORITARISMO

Si examinamos las democracias liberales de hoy, es fácil ver grietas como las que denunciaba Maquiavelo, que fue testigo de la facilidad con la que el autoritarismo puede arraigar y florecer en unas circunstancias semejantes. Pero, un momento, ¿no nos dice el “realismo maquiavélico” que, en este mundo despiadado, uno debe pensar ante todo en su propia seguridad, y que la preocupación por las luchas civiles y las desigualdades debe pasar a un segundo plano muy distante? Solo si nos tomamos en serio el consejo de algunas frases estremecedoras de El Príncipe como que “los príncipes deben saber entrar en el mal”; pero eso es no tener en cuenta la opinión autorizada de que Maquiavelo no estaba elogiando esos métodos, sino enseñando a los ciudadanos los mecanismos de la tiranía. Maquiavelo era un hombre muy divertido, con un irrefrenable impulso satírico, y sus blancos preferidos eran los gobernantes que no respetaban ningún límite en su búsqueda de un poder cada vez mayor. Los argumentos más enérgicos de El Príncipe plantean que el unilateralismo egocéntrico es una forma muy poco realista de adquirir seguridad. “Las victorias nunca están aseguradas sin cierto grado de respeto”, dice en un fragmento que la mayoría de los estudiosos suele pasar por alto; “sobre todo, respeto a la justicia”.

LA MANIPULACIÓN DE LA DEMOCRACIA

¿Qué pueden hacer los ciudadanos para salvar sus democracias acosadas? Si Maquiavelo viviera hoy, quizá empezaría por decirnos que asumamos más responsabilidad por nuestros problemas, en lugar de culpar a determinados líderes o al “sistema”. No cabe duda de que los políticos engañan, inflaman, difunden “noticias falsas” y “hechos alternativos”; pero algunos ciudadanos son tan quisquillosos respecto a su honor, tan propensos a caer en el pánico, que se cumple la máxima de que “quien engaña siempre encuentra a alguien que se deja engañar”.

No cabe duda de que las democracias actuales son inmensas máquinas impersonales manejadas por personas a las que parece importar más su carrera que el bien público. Pero los ciudadanos que desean el cambio deben organizarse y trabajar para lograrlo, no dejar todo en manos de extremistas o grandes salvadores que les prometen transformar el sistema. Cuando la gente está harta e irritada, apunta con perspicacia Maquiavelo, le es muy fácil “convencerse” de que un líder de comportamiento ilegal y “vida sin escrúpulos puede hacer que surja la libertad”. Pero el resultado nunca es el esperado. Los ciudadanos, que se dejan llevar demasiado de prisa por “grandes esperanzas y promesas deslumbrantes”, a menudo se encuentran después con que “bajo la superficie se esconde la ruina de la República”.

ENTRE DEMOCRACIA Y AUTORITARISMO

Maquiavelo pensaba que señalar a los ciudadanos sus errores fuera suficiente para que se despertaran y se alejaran del abismo. Le gustaba analizar los trucos retóricos con los que las personas se engañan a sí mismas para no tener que asumir su responsabilidad democrática: la responsabilidad de juzgar con atención las políticas y a los candidatos, de escuchar a la otra parte, de entablar un diálogo civilizado y de no pretender tener más poder y recursos de los que, con justicia, le corresponden. Sin embargo, a pesar de su brutal franqueza al hablar de los defectos del gobierno popular y sus responsables, Maquiavelo deja claro por qué una democracia basada en las leyes es siempre mejor que un gobierno autoritario: “Un pueblo capaz de hacer lo que quiere no es sabio, pero un príncipe capaz de hacer lo que quiere está loco”.
Maquiavelo nos ayuda a interpretar con agudeza las señales de peligro político, y su vida y sus palabras nos enseñan a no crear nuestros propios infiernos políticos, ni empeorar los que ya tenemos.

 

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