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VISOR INTERNACIONAL: Armas de dominación del siglo XXI

VISOR INTERNACIONAL: Armas de dominación del siglo XXI

Mar 15, 2014

Por Alberto Gómez

La situación mundial, específicamente en las zonas y países donde se gestan –o manifiestan abiertamente– conflictos sociales, políticos y económicos, está avanzando en grados de complejidad y dificultad, amenazando con escalar en magnitud y desbordarse sobre las fronteras geográficas locales, e ir hacia lo regional e intercontinental, tal como una epidemia que rebasa cualquier tipo de frontera impuesta por el hombre.

Las principales armas de dominación actuales, siguen siendo efectivas, ahora viéndose amenazada su eficiencia, pero efectivas a fin de cuentas.

Estos dos instrumentos de dominación global son: La economía –o séase las políticas neoliberales– y la comunicación –las corporaciones de los mass media–, que en este momento juegan un importante papel más allá de las armas convencionales ya que, por un lado, la democratización de la información que ha puesto a temblar al statu quo global, conlleva el riesgo de servir para desinformar, tanto para neutralizar información que afecte a los intereses de los poderosos como para manipular a la opinión pública respecto a cualquier asunto construido desde la plataforma mediática.

En los frentes más evidentes de la actual incursión imperialista occidental multinacional: Siria, Venezuela, Ucrania, Tailandia, Zimbabwe, Eritrea, Cuba… e intentos en otros tantos países como Bolivia, Argentina –donde continúan tratando de desestabilizar la economía–, Ecuador, etcétera, los medios de comunicación intentan forjar una realidad que no lo es, desinformando sobre los acontecimientos, lugares y personas, con la intención de manipular la percepción y “justificar” cualquier acto a favor de la “libertad” y la “democracia” exportada desde Washington.

Los movimientos de “oposición” a los gobiernos progresistas y auténticamente democráticos, que pretenden derrocarlos creando caos, confusión e incertidumbre, en pocas palabras TERROR, toman distintos colores (como la llamada “Revolución Naranja” ucraniana) acompañados con nombres de “liberación”, “nacionalista”, “hermandad” y toda una parafernalia de artilugios mediatizados, pretenden persuadir de su legitimidad con imágenes en primer cuadro de personas, sobre todo jóvenes, apoyando su causa, pero que lejos de ser auténticas, son editadas para convencer a los telespectadores.

El financiamiento de los grupos o movimientos “opositores” viene de parte de quienes buscan mantener las cosas en su estado actual, o sea, los ricos más ricos y los pobres más pobres, controlando así la esencia física del “ganado”, a través del hambre y la desesperación, aunando a ello la expansión y endurecimiento del “estado policial” cada vez más extendido en el mundo, utilizando para ello, a organismos a los que la gente ve o cree como “humanitarios” y de ayuda: ONU, World Bank, FMI, OTAN, etcétera.

En el caso de Ucrania, las cadenas noticiosas occidentales (CNN, BBC, France 24, etcétera) están empecinadas en mostrar un panorama desolador del país y de la supuesta oposición ciudadana a la injerencia rusa, especialmente del avance de su milicia en territorio ucraniano.  Todo esto nada más alejado de la verdad.

La población ucraniana, y la de la República de Crimea piden el apoyo de Rusia para evitar la invasión imperialista de las potencias anglosajonas, quienes están detrás de los actuales procesos desestabilizadores para posicionarse –y posesionarse– de ese estratégico territorio y sus recursos naturales, con especial interés en los energéticos.

Ucrania posee 39 millones de millones (trillones en anglosajón) de pies cúbicos en reservas de gas natural que aún no explota: La cuarta parte de las reservas probadas mundiales.

Chevron firmó con el defenestrado presidente Viktor Yanukóvich, un acuerdo por 10 mil millones de dólares para explotar el polémico shale gas (esquisto/lutita/grisú).

Según los analistas, el problema radica en que la mayor parte de las reservas deshale gas se encuentran en la parte oriental rusófila de Ucrania.

Asimismo, un aspecto poco mencionado de los factores que hacen de Ucrania un tesoro tan codiciado además de su ubicación geoestratégica, las reservas minerales, de petróleo y gas natural, es su producción de granos.

En el contexto actual alimentario, donde cada vez son más escasos y caros los alimentos, y que es factor de nuevas guerras –en una involución del género humano en las que los conflictos vuelven a ser las reservas de agua potable y los alimentos–, Ucrania es el tercer productor mundial de granos y cereales en el mundo, detrás de Estados Unidos y Argentina.

Aunque no muy diáfana, la primera guerra de granos y cereales del siglo XXI es más perceptible en Ucrania que en Sudán y Argentina.

Sudán, el otrora país más extenso y granero legendario de África, ha sido balcanizado en dos pedazos con la emergencia de Sudán del Sur, pletórico en petróleo, lo cual ha favorecido la agenda de Estados Unidos e Israel, de lo que poco se publicita a escala mundial.

Argentina –potencia de granos/cereales desde inicios del siglo XX– sufre una brutal guerra multidimensional, específicamente, en su muy vulnerable sector financiero que controla la dupla anglosajona (Estados Unidos y Gran Bretaña), que tiene en la mira a la Patagonia: El máximo granero sudamericano, además de ser su principal zona de reservas de petróleo y gas. (Jalife A.; 9/3/2014; La Jornada).

En 2011, Ucrania tuvo una cosecha récord de 57 millones de toneladas, por lo que las adecuadas inversiones y la tecnología moderna de agricultura podría duplicar su producción de granos en la próxima década, según el BERD (Banco de Reconstrucción y Desarrollo de Europa).

La grave crisis alimentaria global es un factor de amenaza constante para la “estabilidad” de los gobiernos actuales.

Se calcula que durante el periodo 2011-13 había un total de 842 millones de personas –alrededor de una de cada ocho personas en el mundo– aquejadas de hambre crónica, es decir, que habitualmente no comen lo suficiente para llevar una vida activa. Esta cifra es inferior a los 868 millones registrados en el período 2010-12. El número total de personas subalimentadas ha disminuido en un 17 por ciento desde 1990-92 (http://www.fao.org/publications/sofi/2013/es/).

En el África subsahariana existen nuevos (¿?) conflictos bélicos y brotes de inestabilidad político-social, debido, en gran medida a las preocupantes hambrunas que aquejan a los habitantes de algunos de los países más pobres del mundo, pero que en contraste, poseen riquísimos yacimientos de minerales y metales –incluyendo metales raros–. Tal es el caso de Sudán del Sur, donde la violencia va en aumento como consecuencia de la escasez alimentaria y viceversa, debido a la violencia se han abandonado las labores de producción de alimentos.

Estas crisis alimentarias, acentuadas por supuesto en los países más pobres, pero con grandes reservas naturales estratégicas, se deben a varios factores, entre ellos el cambio climático que ha provocado un alarmante crecimiento de la desertificación de zonas que eran agrícolas y la erosión de los suelos de cultivo.

En estos países, en los que el injerencismo anglosajón resulta evidente, notorio y desfachatado, son las políticas económicas neoliberales las que han contribuido a acentuar las diferencias entre ricos y pobres y como herramienta para exacerbar las necesidades básicas de sus habitantes, obligándolos a aceptar cualquier tipo de esquemas laborales –en condiciones infrahumanas– con tal de tener algo que comer.

La realidad es que resulta apabullante la cantidad de seres humanos con vida sobre el planeta. Más de siete mil millones de almas necesitadas de todo: Alimento, casa, seguridad, trabajo… y es en este momento, el más complicado de la historia de la humanidad, cuando resurgen esquemas de gobierno –dominación– que se creían extintos, como el neofascismo, que comienza a extenderse a lo largo y ancho de Europa y Medio Oriente, con el peligro de reimplantarse en América Latina y Eurasia. Una lucha que se librará no sólo entre naciones, sino entre ciudadanos y el Estado.

* Académico, analista geopolítico y consultor
en Mercadotecnia Política y Opinión Pública
albertogomez.consultor@gmail.com