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VISOR INTERNACIONAL: Crimea, territorio en disputa

VISOR INTERNACIONAL: Crimea, territorio en disputa

Mar 8, 2014

Por Alberto Gómez —-
Crimea, u oficialmente República Autónoma de Crimea es todavía –a día de hoy– una región autónoma de Ucrania, localizada al sur del país. Hace frontera con la región del Quersoneso al norte, con el mar Negro al sur y al oeste y con el mar de Azov al este. Tiene una área de 26,000 km², con una población de 2.1 millones de habitantes (2000). La capital histórica era Sebastopol, pero desde la independencia de Ucrania de la URSS se estableció una administración separada para la ciudad. Desde 1991, la capital de la república de Crimea se ha trasladado a la segunda ciudad de la península, Simferópol.
En el censo de 2001, la población de Crimea alcanzó los dos millones 33 mil 700 habitantes, distribuidos por grupo étnico de la siguiente forma: rusos 58.32 %; ucranianos 24.32 %; tártaros de Crimea 12.1 %; bielorrusos 1.44 %; tártaros 0.54 %; armenios 0.43 %; judíos 0.22 %; y otros (polacos, moldavos, azerís, uzbecos, coreanos, griegos, alemanes, gitanos) 2.63 %.
La península de Crimea ha sido una zona de disputa territorial milenaria. Fue colonizada por los griegos milesios, quienes fundaron ciudades y pueblos. Durante casi tres siglos, después de la derrota de Mitrídates por los romanos, Crimea estuvo bajo la soberanía nominal de Roma. En el 250 D.C. fue conquistada por los godos, de ahí se sucedieron invasiones por los hunos, alanos, ávaros, jázaros, varengos, genoveses, durante mil años.
En el Siglo XV fue invadida por los turcos y compartieron el reino con los tártaros hasta el Siglo XVIII, cuando Crimea entró a formar parte del Imperio ruso en 1783. La península fue el escenario entre 1854 y 1856 de la Guerra de Crimea entre rusos por una parte y una entente británica-francesa, turco-otomana y piamontesa por la otra. Crimea tuvo un papel importante en la guerra civil que se produjo entre 1917 y 1920, después de la Revolución rusa, al ser un bastión de los “blancos” o anticomunistas apoyados primero por los alemanes y luego por los británicos, franceses, estadounidenses y turcos.
Tras la victoria de los comunistas en 1921, Crimea se convirtió en república autónoma para los tártaros de Crimea dentro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). En 1941, Crimea fue invadida por el Ejército alemán, que ocupó completamente la república tras la caída de Sebastopol, en julio de 1942, y la retuvo hasta la primavera de 1944. En 1945, supuestamente a causa de la generalizada colaboración con el enemigo nazi durante la ocupación por parte de los tártaros de Crimea, fueron oficialmente abolidos como nación por el dirigente soviético Stalin y deportados en masa a Asia central. Se convirtió en una región de la RSS (República Socialista Soviética) de Ucrania en 1954.
Poco después de la disolución de la URSS en 1991, la posesión de Crimea se convirtió en un foco de tensión entre Rusia y Ucrania. Tras un referéndum llevado a cabo el 20 de enero de 1991, la República Autónoma Socialista Soviética de Crimea fue restablecida el 12 de febrero dentro de la RSS de Ucrania. En agosto del mismo año, Ucrania se separaría de la URSS. (Ria Novosti; 8/1/2006).
En 1992 el Soviet Supremo ruso aprobó una resolución que anulaba la transferencia de 1954 de Crimea a Ucrania. El 5 de mayo el Soviet Supremo de Crimea proclamó la independencia y transformó la región en una república, (Eastern Europe, Russia and Central Asia, 2004) tras la celebración de un referéndum el 2 de agosto, y aprobó la primera Constitución de Crimea (Russians in the Former Soviet Republics, 1995). A pesar de estas presiones políticas, el gobierno ucraniano insistió en retener la región dentro de la estructura administrativa de Ucrania. El 13 de mayo de 1992 el parlamento de Ucrania anuló la declaración de independencia de Crimea. En junio de 1992 se llegó al acuerdo de dotar de autonomía a la región y la misma se constituyó en “República Autónoma”.
A partir de entonces, los gobiernos que se sucedieron en Crimea fueron pro-rusos y estuvieron a favor de la reunificación con Rusia, pero siempre contra la barrera de la República de Ucrania.
En el contexto actual de la situación geopolítica mundial, y en específico en Eurasia –con una renaciente “Guerra Fría” del Siglo XXI– Crimea se coloca nuevamente en el escenario mundial, esta vez por la disputa entre el Imperio Occidental –Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y aliados como Turquía– y el del Este –Rusia y sus aliados–.
El enfrentamiento de los intereses de los hemisferios mundiales confluye ahora en Ucrania, donde, por un lado los recientes gobiernos –hasta el recién depuesto Víctor Yanukóvich– fueron abiertamente partidarios y aliados de Rusia, además de ser antisemitas.
Los intentos de Occidente de cambiar la situación en Ucrania a su favor, inició con la persuasión a los ucranianos de ser aceptados para ser parte de la Unión Europea (UE), vendiéndoles la idea de un mejor futuro económico al occidentalizar su economía y sumarse al mercado europeo.
Sin embargo, el legítimamente reelecto y ahora depuesto presidente Yanukóvich ya no tenía intenciones de sumarse a la UE ni formar parte de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) –condición que asumen quienes pasan a ser parte de la UE– ni al sometimiento de quienes la dirigen. Esto fue la razón para que se implementara una campaña de desprestigio en su contra y de sus allegados, en una batalla mediática mundial para convencer al mundo de la tiranía de Yanukóvich.
Las manifestaciones que produjeron la destitución de Yanukovich estallaron en noviembre de 2013, cuando el ex presidente se negó en firmar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, para finalmente acercarse a su principal socio comercial, Rusia.
Uno de los puntos críticos recientes en el conflicto, se desencadenó cuando francotiradores –supuestamente del gobierno de Yanukóvich– dispararon sobre una multitud de manifestantes en la Plaza de la Independencia (Maidán) en Kiev, capital de Ucrania. Esto fue la excusa perfecta para culpar al Gobierno de represor y asesino, lo que dimensionado a través de los mass media occidentales dirigido al propio pueblo ucraniano y a la opinión pública mundial, provocará la ira popular que terminara con la dimisión de Víctor Yanukóvich al frente del Gobierno.
Sin embargo, en una conversación revelada a través de YouTube y publicada por el canal de televisión Russia Today, el ministro de Relaciones Exteriores de Estonia indica a la Alta Representante de la Unión Europea que los misteriosos francotiradores de la plaza Maidan estaban probablemente al servicio de la oposición proeuropea.
En la conversación, que data de hace una semana, el ministro estonio explica a lady Ashton que la Dra. Olga Bogomolets –célebre dermatóloga vinculada a las manifestaciones de la plaza Maidan– le confirmó que los misteriosos francotiradores de la plaza Maidan dispararon simultáneamente contra la policía ucraniana y contra los manifestantes y precisa que los dichos tiradores no eran miembros de las fuerzas de seguridad fieles al presidente Yanukovich sino que estaban vinculados a la oposición. (Red Voltaire; 6/3/2014)
La revolución de la plaza Maidan sirve para enmascarar un golpe de Estado extremadamente clásico. En presencia de «diplomáticos» estadounidenses, la Rada (parlamento ucraniano) violó la Constitución abrogándola sin referéndum. Destituyó, sin debate ni proceso, al presidente en ejercicio y puso los poderes legislativos y ejecutivos en manos del ex jefe de los servicios secretos, Alexander Turchinov.
Este nuevo dictador designó como primer ministro a Arseni Yatseniuk –casualmente coincidente con lo mencionado en la conversación telefónica de la Secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland y el embajador de Estados Unidos en Ucrania, Geoffrey R. Pyatt, acerca de la conveniencia de ascender a “Yats” al poder (Visor Internacional; 15/2/2014)-; El nuevo primer ministro conformó un gabinete que fue presentado a los manifestantes en la plaza Maidan. Estos últimos, ahora mucho más numerosos y en una proporción en la que los nazis ya vienen siendo sólo una tercera parte, abuchearon a varios de miembros del nuevo gabinete porque son judíos. (Thierry Meyssan; 2/3/2014)
La tensión continúa creciendo ahora con el rechazo de la UE y el propio Gobierno interino de Ucrania al referéndum que se llevará a cabo el 16 de marzo para definir su posible anexión a Rusia. A esto se sumó el comunicado de la ONU a través del portavoz Martin Nesirky, quien declaró el viernes 7 de marzo, que esa consulta añade un capítulo “preocupante” y “grave” a la crisis política. Nada raro que la Organización esté a favor de los intereses anglosajones.

* Académico, analista geopolítico y Consultor en Mercadotecnia Política y Opinión Pública
albertogomez.consultor@gmail.com