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VISOR INTERNACIONAL: Fantasma golpista en Sudamérica

VISOR INTERNACIONAL: Fantasma golpista en Sudamérica

Feb 22, 2014

Por Alberto Gómez —-
Las décadas de los 60, 70 y 80 en Latinoamérica se caracterizaron los recurrentes golpes de Estado, en los que se derrocó a gobiernos democráticamente electos, pero con el estigma del corte social, contrario a los intereses imperialistas anglosajones.
Desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, cuando los países anglosajones –específicamente Estados Unidos– se erigieron como las nuevas potencias económicas y militares, comenzaron incursiones imperialistas en distintas partes del mundo para extender su territorio de dominio y expandir así su poderío e influencia en el orbe. Tal fue el caso de América Latina, donde Estados Unidos, a través de sus estrategias y tácticas salidas de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) lograron desestabilizar la paz social y al Estado de Derecho, en los países que no se alinearon y sometieron a sus designios.
La cruenta historia de esas décadas, que dejaron saldos de cientos de miles de muertos y desaparecidos en América Latina y la imposición de regímenes totalitaristas apoyados por los intereses de Washington y rapaces corporaciones internacionales, es una herida que aún no ha cerrado y que parece que está a punto de abrirse nuevamente, con las nefastas consecuencias para los pueblos cuyo único error es buscar la libertad y democracia para su desarrollo social.
Venezuela es el país hermano que ahora vive momentos de tensión y angustia ante los embates de la poderosa maquinaria del imperialismo yanqui.
La República Bolivariana de Venezuela tiene gran importancia estratégica, tanto por su ubicación geográfica como por sus recursos naturales, específicamente sus grandes yacimientos de petróleo, tan ambicionados por los cárteles internacionales del petróleo.
Ya en el año 2002, los primeros de la gestión de Hugo Chávez como presidente del país, se gestó y puso en práctica el primer intento de golpe de estado, pero que gracias al total apoyo de la sociedad y sus Fuerzas Armadas resistió estoicamente los ataques orquestados desde el exterior.
El fantasma golpista del fascismo amenaza fuertemente de nuevo. Es un movimiento en bloque desde su primer momento, que congrega a toda la burguesía y los sectores dominantes políticos, religiosos, militares, propios del orden de la cuarta república, con el apoyo evidente de los Estados Unidos.
El movimiento es muy fuerte, arrastra todo un orden y una subjetividad social aún viva extensamente a pesar de la victoria de la rebelión popular simbolizada en la figura de Chávez y su victoria electoral del 98. La violencia burguesa de los paros empresariales, se une a una violencia de calle soportada en los sectores medios. Esto hace que el movimiento “ciudadano” necesario, dispuesto a aceptar cualquier brutalidad que proteja sus miedos y odios logre, en sólo algunos meses, acumular la suficiente fuerza para permitir que se quiten las caretas los factores militares que hacían falta, acompañada por una pericial manipulación mediática el día del golpe sustentada en la sangre derramada por ellos mismos. Así tumbaron a Chávez el 11 de Abril del 2002.
Chávez regresa el 13 porque hay un punto de la agenda que no tienen en su poder. El movimiento popular no sólo está lleno de fuerza y capacidad de autoorganización, para entonces producto de la fuerza acumulada de más de diez años de revuelta y victoria. Igualmente hay una situación de esperanza que convoca a las clases subalternas que no aceptan de ninguna manera cualquier orden de terror. La situación económica por el contrario tiende a mejorar, aunque nada todavía ha cambiado en lo sustancial. Más rápida es esta esperanza libertaria, material y justiciera que la imposición del terror golpista que se queda festejando. Es en este contexto que vuelve Chávez.
Hoy en día el violentismo fascista y el potencial golpismo que le sucede aparece en una situación muy distinta. Esa subjetividad fascista sembrada desde el 2002 siempre se mantuvo disminuida pero consolidada. De hecho Leopoldo López y Henrique Capriles, como personajes más representativos de este movimiento “ciudadano”, nunca se desligaron de ella, desde psicologías y patologías histéricas distintas, y divididos en su partido original Primero Justicia. Pero hoy aparecen como los líderes de la oposición compitiendo entre ambos por el liderazgo único.
López es economista graduado en la Universidad de Harvard y encabeza a las facciones más radicales de la oposición que exigen la “salida” del presidente Maduro, que llegó al poder hace 10 meses tras unas reñidas elecciones.
El opositor de 42 años logró convocar estridentes marchas en toda Venezuela, lo que desató la furia de Maduro, que lo acusa de querer derrocarlo. Pero López, ex alcalde del rico distrito de Chacao en Caracas y líder del partido centrista Voluntad Popular, asegura que busca un cambio por la vía legal que incluya la renuncia de Maduro o un posible referéndum revocatorio para terminar con un gobierno que describió como “corrupto e ineficiente”.
Los opositores más moderados dicen que las protestas no tienen una estrategia clara y podrían causar más daño. Algunos, incluso, sospechan que López intenta arrebatarle el liderazgo de la oposición a Capriles, también gobernador de Miranda. Tras las violentas manifestaciones del miércoles 19 de febrero, que dejaron tres muertos y decenas de heridos, el Ministerio Público ordenó arrestar a López bajo duros cargos de terrorismo y homicidio. López ahora está preso, él mismo se entregó a la milicia como parte de su estrategia; a esto, el gobierno de Washington declaró que estaría al pendiente.
Lo cierto es que la reaparición del elemento del “fascio” violentista y odioso, desde el año pasado se da fundamentalmente como continuidad de una subjetividad social construida desde temprano en las clases medias, y que sólo en Venezuela, la han podido expandir en forma clara arropando al conjunto de la oposición, aunque una parte trate de desligarse del violentismo. No es el caso de ningún otro país, ni siquiera Colombia, donde la oligarquía actúa de manera descarada y dando la cara directamente como factor de chantaje asesino (estatal o paraestatal) frente a quien intente cuestionar el orden socio-económico que manejan a plenitud. No hace falta ningún “movimiento ciudadano”. Mientras en otros casos la derecha se maacineja aún dentro de cánones pacíficos y representativos de las democracias burguesa, o meramente golpistas y tradicionales, como en el caso reciente de Honduras y Paraguay. Todo esto tiene que ver con la importancia particular de las capas medias y su cultura en una sociedad rentista. (Ronald Denis; Rebelion; 22/2/2014)
En estos momentos, no existe una clara visión de lo que pueda suceder en Venezuela. Mientras grandes sectores de la población partidarios de Nicolás Maduro y el chavismo convocan a marchas en la capital Caracas, la oposición anuncia por su parte, grandes manifestaciones en distintas partes del país.
En medio de toda la confusión y desinformación que se vive en la República Bolivariana, los medios de comunicación han sido una valiosa arma para los intereses ocultos que buscan manipular a la opinión pública de aquel país y del extranjero. Mientras que en medios venezolanos se publican evidencias golpistas de los opositores, en otros, como la cadena estadounidense CNN, publican supuestas evidencias de “hechos graves” del gobierno.
Una cadena estatal de Venezuela ha publicado una grabación de audio en la que dos militantes de la oposición presuntamente hablan sobre los planes de desestabilización en esa nación por parte de la derecha venezolana.
En la grabación, emitida en el programa “Cayendo y Corriendo” del canal Venezolana de Televisión (VTV), se escucha a varias personas discutir acerca de un posible Gobierno de transición y barajan quién podría encabezarlo.
Según el periodista venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela, presentador del espacio televisivo, los protagonistas de esa conversación son dos militantes de la oposición, un militar retirado y un sociólogo asesor de Ramón Guillermo Aveledo, secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad.
En la charla, ambos hablan sobre el “hombre de la transición”. Asimismo, mencionan el saqueo de centros comerciales y la intensificación de las protestas violentas, sobre todo en Caracas, la capital del país.
En un momento de la conversación, uno de los interlocutores señala que la derecha contaría con un fondo de 120.000 millones de bolívares (unos 20.000 millones de dólares) que emplea para pagar a sicarios.
La ministra de Comunicación e Información, Delcy Rodríguez, calificó el contenido de la grabación como “muy grave”. (RT; 18/2/2014)
La importancia del desenlace de los actuales sucesos en Venezuela radica en que: O se rompe con el cerco que cada vez más estrecha Estados Unidos en la región o se abre una fatídica puerta de entrada al neo-fascismo en Sudamérica con deleznables consecuencias.

* Académico, analista geopolítico y consultor  en Mercadotecnia Política y Opinión Pública
albertogomez.consultor@gmail.com