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VISOR INTERNACIONAL: GUERRAS Y CORRUPCIÓN EN LA ONU

VISOR INTERNACIONAL: GUERRAS Y CORRUPCIÓN EN LA ONU

Mar 17, 2012

Con la elección de Vladimir Putin como presidente de Rusia, las cosas se le complican a las potencias occidentales que buscan desesperadamente poder intervenir militarmente en Siria, ya que los rusos han manifestado abiertamente que rechazarán cualquier tipo de acción injerencista extranjera para derrocar a líderes de países soberanos, sobre todo de territorios cercanos a sus fronteras.

 

En el campo de batalla actual –entre otros como Pakistán, Irak y Afganistán– el de Siria es el de más alta prioridad por su importancia geoestratégica y porque es, por así decirlo, el último de los países árabes que no se alinean a los deseos de la dupla israelí-anglosajona.

 

Para evidenciar que las cosas en Siria no podrían ser tan relativamente fáciles como lo fue en Libia para las potencias occidentales con la OTAN al frente, el gobierno sirio de Bashar Al-Assad ha hecho recientemente importantes compras de armamento, y sofisticados sistemas de defensa y radares a la industria militar rusa; como los complejos costeros Bastión, dotados de misiles antibuques supersónicos Yájont y el contrato de compra de 36 aviones Yak-130 (que permiten llevar hasta tres toneladas, como armamento, equipo electrónico, etcétera); esto además de contar con el apoyo de otros países como Irán y China, que junto a Rusia, se han opuesto tajantemente a cualquier tipo de resolución que pretenda violentar la soberanía del país árabe.

 

Irán por su parte, afirma que en Siria ya se encuentran agentes de la OTAN entrenando a las fuerzas “rebeldes” y están que están siendo pertrechados por Estados Unidos e Israel, a pesar de que las Naciones Unidas no han autorizado ningún tipo de intervención ni de exclusión aérea.

 

Por su parte, el secretario General de la ONU, el surcoreano Ban Ki-Moon, en total incongruencia con su cargo, está en plena actividad tratando de orquestar una acción eventual contra Siria. Recientemente estuvo en Líbano, conspirando para lograr el objetivo que tanto buscan, que es una justificación para intervenir militarmente. A este respecto, se publicó por esos días en Líbano, una carta abierta por el intelectual árabe Hassan Hamade, interpelando a Ki-Moon y su séquito por las acciones que llevan a cabo, lejanas de reflejar los principios que predican y que pone de manifiesto la corrupción en que tienen sumido al organismo de las Naciones Unidas.

 

Algunos fragmentos de la carta dicen así:

“Señor secretario general,

“Escuchando su discurso, en Beirut, sobre la absoluta necesidad de proceder a reformas, ‘porque la llama de la libertad encendida en Túnez no se apagará más’, tuve en seguida un pensamiento para una personalidad sueca célebre por su integridad, su transparencia, y su credibilidad en materia de reformas. Quiero hablar de la Señora Inga-Britt Ahlenius, que fue secretario general adjunto de la ONU, responsable del «United Nations Office of Internal Oversight Services (OIOS)», oficina para vigilar el buen funcionamiento de los servicios de este ‘grueso chisme’ particularmente en el sector de las finanzas, y que sirvió bajo su autoridad.

“Usted no está sin saber, Sr. secretario general, que la Señora Ahlenius, cuyo itinerario profesional siempre fue irreprochable, en Suecia como en el aparato administrativo de la ONU, redactó un informe de una cincuentena de páginas sobre el estado de la organización en el sector de las finanzas, y sobre el uso de los fondos públicos en los presupuestos de los diferentes servicios.

 

“Este informe lo señala a usted con el dedo, como principal responsable de las exacciones financieras cometidas sobre todo en su servicio, le tiene por responsable de la falta de transparencia, y va hasta decir: ‘señor, sus acciones son sin precedentes (…) Merece más que una condena’.

 

“Habilitada, por su función a dirigir la guerra contra la corrupción en el seno de la ONU, y vigilar el buen funcionamiento de los servicios, la Señora Ahlenius escribe tener la certeza de su implicación en el desorden financiero y la falta de transparencia que sumergió su administración: ‘Su acción –ella dice– faltó de transparencia y no respetó las reglas de la auditoría’, antes de concluir: ‘Siento tener que decir que la secretaría general entra en una fase de decadencia, se hunde completamente y me parece que no podrá ser socorrido más’.

 

“…Frente a este informe usted observó un mutismo total, sin embargo aunque ignorándolo completamente, ordenó que desapareciera de la página Web de las Naciones Unidas a las 48 horas después su puesta en línea.

 

“Si se tuvo eco de este informe, lo debemos a un puñado de periodistas que lo leyeron, aunque no lo acompañaron de la campaña mediática que merecía, ni lo interrogaron a usted sobre el tema, por miedo posiblemente, de poner en marcha un proceso que podría abrir el expediente de la corrupción generalizada que se ha desarrollado en el seno de su administración en detrimento de los intereses de los pueblos del mundo.

 

“Acuérdese, señor secretario general, que la Señora Ahlenius, justo después de volver a su país natal, y en respuesta a la publicación de este informe en agosto de 2010 que coronó su mandato de 5 años, le dedicó un libro escrito en común con el periodista sueco Niklas Ekdal.

 

“En esta obra titulada ‘Sr. Chance’, el deterioro de la ONU bajo la dirección de Ban Ki-Moon, los autores detallaron la multitud de las exacciones, que privan a la ONU del mínimo vital de credibilidad.

 

“Lo cualifican a usted de incompetente y de corrupto, echando así el descrédito sobre toda su actividad profesional.

 

“Señor secretario general,

 

“Naturalmente este libro, así como el informe, tuvo su parte de ataques disimulados, que contribuyeron a asfixiarlo completamente sobre el plan mediático. Usted no desconoce las fuerzas ocultas que combaten la verdad defendida por la señora Ahlenius, que son las que lo protegen a usted, señor secretario general.

 

“¿Cómo un ladrón como usted se atreve a hablar de reformas?

 

“Es posible que usted no tenga la costumbre de ser el objeto de críticas tan directas, tan vivas, tan verdaderas, pero tendrá que acostumbrarse. Desde un punto de vista moral, usted no tiene ninguna legitimidad para dar, de ninguna manera, lecciones de reformas a ninguno. Sería interesante de cualquier manera aprovechar su discurso sobre de la necesidad de reformas para exigir la misma renovación, primero, en la ONU. El primer paso en esta dirección podría ser su convocatoria por una comisión de investigación, la cual podría traducirle delante un tribunal competente. El mundo necesita un nuevo Nuremberg para juzgar los crímenes de corrupción y el pillaje de los bienes de los pueblos. ¿Qué piensa usted de esto?…”, (Hassan Hamade, enero 2012).

 

La Organización de las Naciones Unidas se ha convertido –que en realidad así siempre ha sido– en la palanca legitimadora para las intervenciones imperialistas en todas partes del mundo, sirviendo a los intereses no de quienes forman parte de ella, que son la mayoría de los países del mundo, sino de sus creadores –los Estados Unidos– y sus aliados y socios –Gran Bretaña, Francia e Israel–. Baste revisar la historia mundial desde hace un par de décadas a la fecha, para señalar los conflictos armados en los que no sólo no han impedido (función principal de las Naciones Unidas) sino que han formado parte del aparato orquestador de tales matanzas en pos de bienes materiales y geoestratégicos, tal es el reciente caso de Libia, en que fue brutalmente asesinado su líder auténtico, Muammar Gadafi, o ejemplos como el del genocidio de Ruanda (país centroafricano) en 1994, en la que el enfrentamiento de las dos etnias predominantes en el país negro, los hutus y los tutsis, cobraron la vida de casi un millón de personas en sólo algunas semanas, ante la mutismo de países como Estados Unidos, Francia, Bélgica, Gran Bretaña y Bélgica que se dicen defensores de los Derechos Humanos y la democracia mundial.

 

El genocidio de Ruanda, orquestado desde fuera del país, por supuesto, fue financiado con el dinero obtenido de programas de ayuda internacionales, como los del Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y probablemente de otros dependientes de la ONU y sus organismos satélites (FAO, UNESCO).

 

Según algunas estimaciones, se gastaron más de 134 millones de dólares en la preparación del genocidio –en uno de los países más pobres del planeta– de los cuales 4.5 millones se invirtieron en machetes, cuchillos, hachas y martillos –instrumentos que deberían de servir para producir riquezas–, los principales instrumentos que sirvieron para la tortura y exterminio de las cuatro quintas partes de la población tutsi de Ruanda. Todo esto ligado, claro, a las riquezas minerales en grandes yacimientos que comparten con el Congo y que son un apetitoso manjar para quienes dirigen, de facto, a la Organización de las Naciones Unidas.
* Analista geopolítico y consultor en

Mercadotecnia Política y Opinión Pública

albertogomez.consultor@gmail.com