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VISOR INTERNACIONAL: ¿Una nueva Guerra Fría? (2ª parte)

VISOR INTERNACIONAL: ¿Una nueva Guerra Fría? (2ª parte)

Mar 29, 2014

Por Alberto Gómez —-

La promulgación de las leyes sobre la incorporación de Crimea y Sebastopol a Rusia, contemplan el aumento de 83 a 85 las entidades federales rusas enumeradas en la Constitución. Se establece que el periodo transitorio que servirá para resolver las cuestiones acerca la integración de Crimea y Sebastopol en los sistemas económico, financiero, crediticio, legal e institucional, durará hasta el 1 de enero de 2015.

Se proclama que Crimea tendrá tres idiomas oficiales: El ruso, el ucraniano y el tártaro crimeo.

A partir del 18 de marzo los ciudadanos de Ucrania y los apátridas residentes en Crimea o Sebastopol obtienen la nacionalidad rusa si no la rechazan en un plazo de un mes.

La actitud dura y atrevida exhibida por Rusia –Vladimir Putin– en las acciones relacionadas con Ucrania y Crimea (su anexión territorial) tomaron por sorpresa a Washington y Bruselas. Con ello se ha ocasionado un repentino enfriamiento de las relaciones del este eurasiático con Occidente; su punto más frío desde el término del periodo de la Guerra Fría.

La redistribución de los poderes hegemónicos, de los cuales gozaron las últimas décadas la dupla anglosajona Estados Unidos-Gran Bretaña, ha venido acelerando vertiginosamente la implementación de estrategias y acciones de prevalencia del status quo mundial, con lo cual se sacude violentamente a la población mundial, prisioneros de las luchas imperialistas.

Desde la caída de la Cortina de Hierro, esto es, la disolución de la Unión Soviética (URSS) –la otrora potencia mundial que disputó el poder hegemónico global a Estados Unidos durante décadas– el Gobierno de Washington ha buscado cerrar el cerco alrededor de sus dos principales rivales Rusia y China.

Parte de las verdaderas intenciones de la Revolución Naranja y posterior Revolución del Maidán de Ucrania con el desenlace de la defenestración del presidente Víctor Yanukóvich, son el posicionar al brazo armado de los poderes occidentales, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), en ese punto de vital importancia geoestratégica por su vecindad con Rusia. La intención de contener al poderío ruso, obedece al conocimiento de Occidente sobre el potencial de resurgimiento de esa nación, que históricamente ha defendido fieramente su territorio –y expansión– y los ha convertido en extraordinarios estrategas en el ajedrez geopolítico mundial.

Recientemente, el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, en su publicación “Seguridad global en un mundo Multipolar” afirma que la doctrina oficial de la política exterior de la Federación Rusa ve el mundo como en una transición del equilibrio de poder bipolar de la Guerra Fría y de un corto período de dominación estadounidense a un “paisaje diverso basado en una distribución cambiante del poder”. El actual gobierno que surgió con Putin sigue la tradición de la política exterior de Rusia por el que tiene una tendencia a ver el mundo en términos tradicionales de la balanza de poder. Se busca asegurar la influencia rusa en Europa del Este y aspira a restablecer a Rusia como una gran potencia en el nuevo paradigma global.

Rusia ve en la Unión Europea una amenaza a su soberanía y poder de influencia regional, sobre todo con su extensión territorial y política debido a la incorporación continua de naciones, utilizando sus estrategias económicas que las doblega para aceptar los condicionamientos que conlleva su anexión a esa gran ilusión de una supranación (NWO).

Aunque Occidente se empeña en no reconocer a Rusia todavía como una potencia de influencia regional, sólo hay que observar las áreas de influencia de esa gran nación, así como los ámbitos en los que incide, entre ellos el económico y energético.

A partir de la década de los 80’s, Europa occidental decidió reducir su dependencia de hidrocarburos –petróleo y gas– de Medio Oriente, estableciendo acuerdos comerciales con la URSS. Para el año 2008 más de un tercio de las importaciones de petróleo de Europa y casi la mitad de las importaciones de gas provienen de la Federación Rusa. A pesar de la argumentación del primer ministro ruso Dimitri Medvedev de que Rusia depende de Europa como cliente de sus exportaciones, los gobiernos europeos tienen razón en estar preocupados de que la dependencia de Europa aumenta la influencia de Moscú sobre ellos.

La construcción de la magna obra del gasoducto multinacional Nord Stream –también conocido como el Gasoducto Ruso-Alemán, Gasoducto del Mar Báltico, es un gasoducto de gas natural en alta mar desde Víborg en Rusiahasta Greifswald en Alemania–, en el que están asociados Rusia (Gazprom) con otras naciones europeas, primordialmente Alemania, ha sido una estrategia maestra de la nación rusa.

“No estamos entrando a una nueva guerra fría. A diferencia de la Unión Soviética, Rusia no lidera ningún bloque de naciones o ideología internacional”, afirmó el miércoles 25 el presidente estadounidense, Barack Obama, al reiterar que ni su país ni Europa tienen interés alguno en controlar a Ucrania. Estamos interesados en una Rusia fuerte y responsable, no débil. Queremos que el pueblo ruso viva con seguridad, prosperidad y dignidad, como cualquier otro. Pero eso no significa que pueda pisotear a sus vecinos. Que Rusia tenga un profundo nexo histórico con Ucrania no significa que pueda dictar su futuro, agregó.

Obama instó a la alianza de 28 países reunidos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a honrar sus compromisos con la seguridad colectiva que ha fomentado la prosperidad en las décadas que siguieron al fin de la guerra fría. Criticó que estas naciones recientemente hayan reducido su gasto en el sector de defensa y recalcó que “la libertad tiene un precio”. (Afp, Ap, Dpa y The Independent; 27/3/2014).

Países como Francia y Alemania tienen una alta dependencia del gas ruso. El 30 por ciento del gas que la UE importa es ruso y llega a una quincena de países europeos a través de tres grandes gaseoductos: unos 95 mil millones de metros cúbicos diarios por el Nord Stream (desde el norte hacia Alemania) y el Yamal (por Bielorrusia); y otros 175 mil millones por el Soyuz, por Ucrania.

El pronunciamiento del Gobierno alemán al respecto del conflicto de Ucrania es muy concreto y conveniente a sus propios intereses, ya que de apoyar el endurecimiento de las sanciones a Rusia, se verían afectados ellos mismos.

Los pronunciamientos de la canciller alemana Angela Merkel son a favor de buscar una solución política a la crisis de Ucrania, sin seguir la pauta agresiva de Obama, quien ha viajado a Europa para cabildear la toma de acciones represivas contra Rusia.

Sin embargo, será difícil que la retórica de Merkel cambié, sobre todo por el nivel de aceptación que tiene entre los alemanes en este momento.

Con base en los resultados de una reciente encuesta entre los ciudadanos alemanes, el 55 por ciento de los sondeados se manifestaron “no muy contentos o nada contentos” con los primeros tres meses de gobierno de la “gran coalición” entre los conservadores de Merkel y los socialdemócratas.

Las políticas sociales están en el ojo de la tormenta desde que el nuevo gobierno se hizo cargo en diciembre pasado.

El descontento de los ciudadanos alemanes está centrado en la reforma de las jubilaciones, la introducción de un salario mínimo y de una cuota para las mujeres en los cargos no ejecutivos, según el sondeo, citado por la agencia de noticias Europa Press.

Por lo pronto, Occidente está activando otras armas contra Rusia para presionar a los Ucranianos y evitar una posible balcanización de su territorio (oriental/occidental).

El FMI se ha comprometido a conceder a Ucrania entre 14 mil y 18 mil millones de dólares para ayudar al país a evitar un default –suspensión de pagos de su deuda soberana–. El paquete es vital para asegurar más ayuda de otros prestamistas internacionales como el Banco Mundial y la UE.

“El Fondo Monetario Internacional tiene un papel central conduciendo el esfuerzo internacional para apoyar la reforma de Ucrania, reduciendo las vulnerabilidades económicas de Ucrania e integrando mejor al país como una economía de mercado en el sistema multilateral”, según un comunicado del G-7 emitido después de una reunión de líderes mundiales en La Haya.
(http://spanish.ruvr.ru/news/2014_03_27/El-FMI-destina-hasta-dieciocho-mil-millones-de-dolares-para-Ucrania-3265/).

Sin embargo, esta “ayuda” es a cambio de duros recortes entre otras cosas, lo que conllevará un alto costo social y político para su gobierno.

* Académico, analista geopolítico y consultor

en Mercadotecnia Política y Opinión Pública

albertogomez.consultor@gmail.com

Twitter: @Alberto_Gomez_R