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¿Voceros o publicistas?

El buen reportero “siempre será incómodo”, es una regla áurea en el periodismo. El deber del reportero es informar a la ciudadanía. La función de un vocero es facilitar información al periodista para que la noticia fluya, mientras que el publicista promueve una imagen, producto o servicio para acercarlo a su consumidor potencial. En estas actividades, como en todo, el respeto mutuo es la clave.

Sin embargo, todo parece indicar que ya “se nos hizo bolas, el engrudo”, se confundieron las responsabilidades y la víctima es el lector, radioescucha o tele-espectador, porque no recibe la información veraz para su toma de decisiones.

Estamos padeciendo un periodismo acallado por el temor, y no precisamente del crimen organizado, es el miedo a perder el trabajo –sobre todo para varias compañeras reporteras, que son además jefas de familia–. Y como diría un slogan gubernamental: “eso también es violencia”. ¿A poco creen que me refiero al caso de Aristegui? Por supuesto que no, ella tiene un escenario nacional y muchos defensores. Me refiero a los colegas que además del estrés por la vorágine informativa diaria, padecen las presiones de gobernantes, políticos y voceros a quienes no les gusta la forma en cómo el reportero manejó la nota, tomando represalias.

Especialmente hoy que vivimos un proceso pre-electoral, los gobernantes o suspirantes a cargos de elección quieren lucir su mejor imagen ante la potencial población votante. Es aquí cuando algunos voceros –algunos periodistas o peor aún, publicistas de profesión– se confunden. “Simplemente no te dan la entrevista cuando el tema es delicado para su imagen, sólo te facilitan la información que les conviene”, me confió un compañero.

Lamentablemente se han vuelto comunes las llamadas telefónicas a los jefes de información y directores de los medios de comunicación para quejarse del profesional de la noticia que tienen asignado a su fuente –recordándole claro, la pauta publicitaria contratada y el volumen financiero que eso representa–, con el fin de que el reportero  sea advertido, disciplinado, y en ocasiones hasta despedido –por no alinearse–, coincidieron varios compañeros con los que platiqué recientemente.

Preocupante es además que se condicione la información a los periodistas que no les resultan afines. “Cuando solicito una entrevista con algún funcionario, primero tienen que informarle al alcalde a ver si autoriza la entrevista”, me reveló una compañera reportera. “O muestran una de mis notas preguntándome: ‘¿así quieres que te ayude?’”, dijo otro.

Pero hubo una declaración que me sacudió porque entonces se utilizaría a personal de oficina que recibe un sueldo pagado por el erario para labores de agente secreto y que realice su propia investigación: “suelen ponerte a una persona para que te vigile, así conocen con quién estuviste platicando, cuánto tardaste y si pueden saber, qué tema tratamos”.

Entonces aquí el vocero deja de serlo y se convierte en un mal cómplice de un pésimo político. Es indignante conocer las artimañas que están utilizando funcionarios públicos para amedrentar al reportero o manipular la información que es pública, simplemente porque no les conviene, cuando deberían estar trabajando –reciben un sueldo del erario, nada despreciable– en estrategias y políticas que impacten de forma positiva a la sociedad y no ver cómo sacan provecho personal para brincar a otro cargo.

El periodista honesto sabe que sobrevive con su salario, la satisfacción del deber cumplido es lo que enriquece. Vamos a explicar con manzanas:

El reportero, informa a su público, comprometido con la verdad.

El vocero, facilita la información por el bien social. Es un auxiliar para el periodista.

La empresa de comunicación está comprometida con su público.

El publicista promociona su producto acudiendo al departamento de ventas.

El elector, bien informado toma su decisión en la urna.

Todos, desde nuestra propia trinchera deberíamos tener en cuenta que al final los cargos y empleos, así como la vida, son temporales. Nunca he visto a un camión de mudanzas detrás de una carroza fúnebre, más el buen nombre de una persona honesta, permanece por generaciones.

* Es periodista multimedia

E-mail: analisis@notiemp.com