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VOLVER A EMPEZAR: El eslabón olvidado de la seguridad pública

VOLVER A EMPEZAR: El eslabón olvidado de la seguridad pública

Nov 23, 2013

Por Manuel Espino —-

Alrededor de la crisis de seguridad que padece Michoacán y de los altos niveles de violencia que prevalecen desde el sexenio pasado en diversas regiones hay un factor común que ha dejado de ser valorado en el debate nacional: el precario estado de las policías municipales.
Mientras en los medios de comunicación y en las cúpulas del se discute sobre la aún pendiente Gendarmería Nacional o sobre el papel de los gobernadores, la delincuencia organizada está librando una cruenta guerra por el control de autoridades locales.
En la primera línea de dicha guerra se encuentran policías preventivos mal pagados, escasamente capacitados, con armamento y vehículos brutalmente inferiores a los de los criminales.
Desatender esta realidad sería profundizar el error estratégico que cometió la anterior administración federal: Enfrentar únicamente con la fuerza del gobierno central una realidad que se reproduce en las más pequeñas ciudades, en pueblos e incluso rancherías, nutriéndose de la ausencia del Estado.
Si en el caso de algunas entidades se puede discutir que cumplen o no condiciones para ser “Estados fallidos” (debate de moda en el caso de Michoacán), cuando se habla de los municipios es evidente que muchos están superados en cuanto órganos de gobierno, limitados por la criminalidad a labores que prácticamente son de intendencia.
Ignorar esta situación no solo pone en grave riesgo a las autoridades que dan la cara en esos gobiernos locales, también deja los recursos de esos ayuntamientos en manos de criminales.
Lamentablemente, persiste una tendencia centralista que impide al sistema político mexicano implementar acciones a nivel local. Se busca la gran solución nacional o estatal, única y definitiva, sin instrumentar los cientos de pequeñas operaciones que fortalezcan al Estado en todos sus espacios, por humildes que sean.
Veamos el caso del estado Chihuahua, donde se resolvió que los alcaldes no nombren a sus jefes policiacos. Como consecuencia, las corporaciones de diez municipios llevan más de un mes acéfalas ante la indecisión del Congreso local. En vez de evitar influencias o infiltraciones del crimen organizado, se entorpeció un proceso que debe ser inmediato.
Considerando que algunas de mis primeras responsabilidades en espacios gubernamentales fueron en la Dirección General de Seguridad Pública de Ciudad Juárez, conozco de primera mano la necesidad de articular la búsqueda de la paz con un enfoque integral que no excluya grupos sociales, instituciones u órdenes de gobierno.
Ciertamente, los ayuntamientos tienen serias carencias, pero como país no lograremos solventarlas suplantando sus funciones, enterrando las banderas de la autonomía municipal o tomando desde el centro las decisiones que les corresponden por su cercanía con la sociedad, esa que les da el ser la primera puerta que toca el ciudadano en la búsqueda de soluciones.
Quienes creemos en los ideales de la concertación, de la pluralidad, de la construcción democrática de la gobernabilidad, sabemos que trabajar por el desarrollo equilibrado de todos los componentes del Estado es un camino difícil, pero que es el único que garantizará la paz y la dignidad de los mexicanos.

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