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Volver a empezar: Elorduy y la politización de la justicia

Volver a empezar: Elorduy y la politización de la justicia

Feb 25, 2012

 

Es lamentable tener que volver a analizar en este espacio el tema de la politización de la justicia y la judicialización de la política, porque evidencia el hecho de que —como la propaganda negra o la compra de votos— en nuestro sistema político ya es una triquiñuela común el difamar al adversario presentando denuncias.

 

Esta infame práctica ha reducido nuestros tribunales al triste papel de escenografías frente a las cuales se desarrolla una función teatral de calumnias. Acusados y acusadores saben de antemano que al final del proceso las imputaciones serán desechadas y lo único que quedará para recordar la escaramuza serán una serie de declaraciones hechas a los medios de comunicación y quizás algún desprestigio para los protagonistas, pues bastante hay de cierto en el aforismo “difama, difama, que algo queda”.

 

Nuevas acusaciones en falso

En una evidente maniobra electorera, un grupo de legisladores de los partidos PRI, PRD, PVEM, PT y de Baja California, se coaligaron para exhortar —desde el Congreso local— a la Procuraduría General de la República a indagar los “nexos con el narcotráfico” de Eugenio Elorduy y Ernesto Ruffo. Ambos hombres respetados y respetables, seguramente serán exonerados y este capítulo se sellará con más bochorno para los acusadores que para los acusados.

 

Por haber seguido muy de cerca la trayectoria pública de Eugenio Elorduy Walther, me han resultado especialmente chocantes estas acusaciones. He atestiguado de primera mano que Elorduy es uno de los hombres más respetables que ha dado la política nacional. Como gobernador de Baja California, como alcalde de Mexicali, como un mexicano que durante 45 años ha servido a la patria desde las filas de Acción Nacional, Elorduy Walther ha comprobado sobrada y repetidamente su estatura moral y ética.

 

Además, se trata del gobernador que más éxitos políticos le heredó a su sucesor, lo que es un reconocimiento del pueblo bajacaliforniano a su labor. Es necesario señalar también la feble defensa que ha emprendido el PAN ante estos vergonzosos hechos. Desde el CEN del PAN, han surgido declaraciones, sí, pero lamentables por su tibieza y su falta de vigor.

 

Más que desgastarse en subterfugios para arrebatar espacios de poder público, los panistas tendrían que estar —sin regateos ni medias tintas— brindando un apoyo institucional, jurídico y político que descarrile las acusaciones de esos diputados bajacalifornianos.

 

El PRI y el PRD tampoco salen muy bien librados en el análisis de este episodio. Sabido es que al comportarse igual que el adversario, implícitamente se está validando como aceptable su conducta. Por ello, al perpetrar las mismas fullerías que el calderonismo ha enfilado en su contra, pierden la credibilidad y la autoridad moral para denunciarlas.

 

Deterioro institucional y desprestigio de la política

Quienes utilizan esta deleznable práctica de acusar en falso no reparan en dos temas clave. El primero es que provocan un serio daño a las instituciones procuradoras de justicia y pervierten su finalidad esencial. Además, investigar cargos que de antemano se saben falsos resulta un desperdicio de tiempo y recursos presupuestales, que son bienes públicos.

 

El segundo es que acusadores y acusados al final resultan afectados negativamente, pues causan un desprestigio generalizado a la política como oficio. Ese “todos son iguales” que lanza el ciudadano promedio al político profesional se alimenta de estas bajezas.

 

Debo señalar que no estoy dando la cara por Eugenio Elorduy solo por el gran respeto que me inspira. Igualmente he criticado las acusaciones inconsistentes levantadas por el gobierno federal contra personajes impresentables como Hank Rohn o contra personas cuyas trayectorias desconozco, como los alcaldes víctimas del “michoacanazo”.

 

Porque no se trata solo de levantar la voz por los amigos, por los correligionarios o los compañeros de partido. Eso sería una actitud muy pequeña. De lo que se trata es de defender la justicia y defender la dignidad humana, lo que en última instancia significa defender a México.

 

 

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