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«VUELACERCAS» | Charros del cielo al suelo

«VUELACERCAS» | Charros del cielo al suelo

Ene 9, 2016

Aunque sin duda hay cosas agradables y positivas para recordar, como el fortalecimiento de la afición beisbolera jalisciense que pese a los malos resultados del equipo de casa nunca dejó de estar ahí apoyando a «Charros de Jalisco», así como la excelente organización de actividades por y para los aficionados y la comunidad que durante cada encuentro brindó exitosamente la directiva de nuestro equipo, además del surgimiento de peloteros nuevos muy prometedores y la consolidación de las nuevas estrellas, que en global serán la base del escuadrón en los próximos torneos; terminó para nuestros «Charros de Jalisco» la temporada 2015–2016 de la Liga Mexicana del Pacífico, nuestro beisbol profesional de invierno, que estuvo cargada de episodios deportivos poco gratos que dejan un amargo sabor de boca a quienes además de amar al «Rey de los deportes» somos fieles fanáticos de nuestro equipo.

Ojalá que existiendo serenidad, madurez e inteligencia para realizar la necesaria autocrítica objetiva que permita a la directiva reconocer y evaluar los errores cometidos, las malas experiencias sufridas permitan evitar repetir fallidas estrategias en el manejo gerencial deportivo y aprendiendo de los yerros se tornen en adecuado aprendizaje a efecto que la próxima campaña que habrá de arrancar en octubre sea ahora sí un éxito, preparándose oportunamente al equipo y tener la franca posibilidad de obtener muchos triunfos y lograr el anhelado título de campeones, del que tan cerca quedamos en  el torneo anterior al ser el mejor conjunto en el calendario regular y haber obtenido el subcampeonato.

Tomando como referencia el desempeño y los resultados logrados la temporada 2014–2015, que siendo la primera de esta nueva etapa de los «Charros de Jalisco» nos brindó grandes satisfacciones a los amantes del deporte rey, tanto por el júbilo al regresar el beisbol profesional a Jalisco tras más de 20 años de ayuno, como por el éxito social y deportivo que la organización y el equipo lograron en contraste con el decepcionante desempeño deportivo en la campaña recién concluida, es certero afirmar que nuestro equipo pasó del cielo al suelo.

No obstante una deficiente campaña realizada en el calendario ordinario del torneo lograron pasar «milagrosamente» de forma muy poco ortodoxa e indigna a la primera ronda de postemporada en calidad de «el menos malo» de los tres equipos que finalizamos empatados en el sótano, pero de nada sirvió haber pasado debiendo perder forzosamente dos de los tres encuentros ante «Venados de Mazatlán» en la última serie del calendario regular a fin de evitar que «Naranjeros de Hermosillo» o «Tomateros de Culiacán» quedarán mejor colocados en la tabla de posiciones en la segunda vuelta y   lograr alcanzar el lugar en los playoffs superando a esos conjuntos que tuvieron aún más derrotas que las demasiadas que vergonzosamente les recetaron los otros equipos al nuestro.

La serie de playoffs jugada ante «Águilas de Mexicali» solo sirvió para dejar bastante claro el bajo nivel de competitividad de nuestros queridos «Charros», al ser barridos por «los peloteros cachanillas» al ganarnos humillantemente la serie endilgándonos cuatro derrotas al hilo para eliminarnos sin la posibilidad siquiera de poder acceder a la siguiente ronda en calidad de «los mejores perdedores».

Al acumularse las derrotas y por la presión de la afición, la directiva de «Charros» removió casi al fin de la segunda vuelta al experimentado mánager Juan Navarrete, en un movimiento considerado demasiado tardío, trayendo como nuevo timonel al también colmilludo Homar Rojas que ya poco pudo hacer para mejorar el rendimiento del equipo, que tuvo quizá la peor campaña en su historia, pues ni Navarrete como tampoco Rojas, pudieron resolver la crisis sufrida por el cúmulo de lesiones y no tuvieron acierto en el manejo de los recursos humanos que tuvieron a su disposición.

Pero es necesario advertir que el equipo nunca logró tener sus cinco buenos abridores y pese a ello hay que encomiar el esfuerzo del serpentinero Terance Marín, que terminó la campaña volviendo a mostrar su calidad y nunca se desanimó a pesar que en varias ocasiones los relevistas le echaron a perder su buena labor perdiendo juegos que el México-americano dejó con ventaja al dejar la lomita de las responsabilidades, debiéndose reconocer también el buen trabajo del norteamericano Michael Nix, quien aún sufriendo descansos forzados e inadecuados de 10 días al ser retirado del roster para que pudiera tirar Will Oliver, el otro extranjero abridor que tuvo buenos destellos, pero que dejó al equipo por lesión a la mitad de la segunda vuelta, mereciendo un comentario especial el zurdo mexicano Orlando Lara, que tuvo el pundonor para superar iniciales bajas de juego y dos suspensiones provocadas por su carácter explosivo y culminó demostrando su valía como tirabolas confiable, en contraste con los altibajos de Marco Tovar, quien no logró un desempeño eficaz estable.

El talón de Aquiles del equipo fue el fracaso de los lanzadores relevistas, destacando negativamente Adrián Ramírez, Carlos Vázquez, Daniel Guerrero, Iván Zavala, Iván Salas, Mario Mendoza, Óscar Armenta y Ramón Delgado, Manuel Flores y Luis Iván Rodríguez, que se ganaron el mote «LA PEDACERA», considerando no tienen nivel para seguir vistiendo la franela de «Charros», solo apreciándose buen desempeño de los relevistas Marco Antonio Campoy, Adrián Guzmán, Octavio Acosta y Julio César Félix, así como el cerrador norteamericano Brian Broderick.

«Charros» sufrió por las lesiones del receptor Gabriel Gutiérrez, del parador en corto Jesús «Chuyito» López y del jardinero central Eduardo «Mosco» Arredondo, inhabilitados desde la primera vuelta del torneo, perdiendo además los servicios del jardinero derecho Leonardo Heras, que fue negociado a «Yaquis de Ciudad Obregón» a cambio del cátcher Alan Espinoza, del tercera base Agustín Murillo y el ineficaz lanzador Ramón Delgado, sin poder dejar de observar que durante casi toda la campaña estuvo muy por debajo de su habitual calidad de juego defensivo y ofensivo el segundo base y capitán del equipo José Manuel «Manny» Rodríguez.

Muy polémica fue la contratación del exjugador de grandes ligas Miguel Olivo, ya que el receptor dominicano no mostró capacidad y cometió demasiados errores mascoteando y tirando a las bases, además fue inconsistente en su labor como bateador, provocando no pudiera jugar con regularidad Alan Espinoza, que para cubrir la receptoría fue traído de «Yaquis» tras la lesión de Gutiérrez, impidiendo que pudieran jugar y fortalecer su capacidad los jóvenes Carlos Garzón y Eduardo Revilla, que a pesar de su juventud cumplieron bien en los pocos encuentros en que participaron.

Por supuesto que este año tan difícil en el que Charros vio frustrado el sueño de su afición de obtener el campeonato por una serie de circunstancias y sorpresas que son propias del beisbol, hay aspectos positivos que en la próxima semana desde este espacio abordaremos.

Lo mejor del año es la afición que en las buenas y en las malas mantuvo el apoyo a su equipo.

@salvadorcosio1
opinión.salcosga@hotmail.com