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PAPA BENEDICTO XVI: LA ESPERANZA DE UN MÉXICO EN PAZ

PAPA BENEDICTO XVI: LA ESPERANZA DE UN MÉXICO EN PAZ

Mar 24, 2012

LA LIBERTAD RELIGIOSA

“Rezaré especialmente por aquellos que sufren por causas de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia (…) Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad”.

BENEDICTO XVI EN SU PRIMER MENSAJE

 

EL MÉXICO DE CALDERÓN

“A mí me da vergüenza que tengamos al frente de México a una persona que se confiesa públicamente católica y que está llevando una estrategia con ausencia de procuración de justicia, con el Ejército en las calles, con las denuncias que tiene de violación a derechos humanos, con el crecimiento terrible de la corrupción. Es una pena que tengamos este tipo de católicos”.

MONSEÑOR RAÚL VERA LÓPEZ/ OBISPO DE SALTILLO

 

“MÉXICO ESTÁ EN PIE”

“Su visita adquiere un enorme significado en horas ácigas, en momentos en que nuestra patria atraviesa situaciones difíciles y decisivas (…) Este es un pueblo que ha sufrido mucho por diversas razones y pese a ello hacer enormes esfuerzos por llevar alimento a la mesa de sus casas (…) Pese a todo México está en pie”.

FELIPE CALDERÓN/ PRESIDENTE DE MÉXICO

 

Es el segundo país del mundo con mayor número de católicos, pero es de los países que es azotado por la violencia como ningún otro en este tiempo. La devoción guadalupana y el fervor religioso que distingue a México, de poco ha servido para aminorar la crueldad con que se cometen los crímenes en los enfrentamientos entre los grupos criminales que se disputan el control del mercado de la droga. ¿Ayudará la visita del Papa Benedicto XVI a nuestro suelo a cambiar la situación dolorosa que vive México y que en estos últimos seis años ha dejado un saldo de más de 50 mil muertes violentas y cerca de 11 mil desaparecidos?

 

¿Podrá hacer algo el representante de Dios en la tierra o fortalecerá y le echará agua bendita a la posición rígida e inamovible de Felipe Calderón de no hacer cambios ni ajustes a la estrategia anticriminal que ha seguido el Presidente desde el inicio de su gobierno y que ni ha debilitado a los cárteles de la droga ni ha evitado que se reduzca el consumo de droga en México?

 

¿Le sacará provecho Felipe Calderón a la visita del Santo Padre a México, cuando su estancia de tres días se concentra en el Estado de Guanajuato, uno de los tres grandes bastiones blanquiazules en el país –los otros dos son Jalisco y Baja California–, zona cristera donde destaca la gran figura del monumento erigido a Cristo Rey que está en la cúspide del Cerro del Cubilete en Silao?

 

La presencia de Joseph Ratzinger en México es significativa, porque este país de fervor guadalupano representa mucho para Roma por varias razones: es el semillero del catolicismo mundial y es uno de los pocos lugares donde los seminarios no se han vaciado y continúan exportando al mundo miles de sacerdotes y misioneros, pese a la crisis que vive la Iglesia Católica, producto de los problemas de pederastia que se ha develado a los ojos de la opinión pública internacional, además de la decepción que se vivió con la triple vida del sacerdote Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, que sacudió a las estructuras de la milenaria iglesia fundada por Pedro.

 

El diario El Mundo de España, publicó en su edición del pasado sábado que en su primer viaje a la América hispánica Benedicto XVI no omitió uno de los grandes temas que en este momento están sobre la mesa: la reforma política que estudia el senado mexicano en torno a la religión y que podría permitir a la iglesia acceder a la educación y contar con medios de comunicación, que hoy la ley prohíbe.

 

“La dignidad del ser humano se expresa en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad”, señaló el Papa Benedicto XVI como un guiño enviado a los legisladores. La presencia del líder religioso se registra en época electoral, cuando el partido en el gobierno e identificado con la Iglesia Católica, pasa por un momento crítico y difícil, ya que no es el favorito de los ciudadanos para que siga gobernando el país por un sexenio más, conforme lo establecen las encuestas que dan una ventaja mayor a la de un dígito al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto.

 

Hay quienes piensan que la presencia de Benedicto en tierras mexicanas le inyectará oxígeno al alicaído y desgastado gobierno, que alcanzará también a la candidata presidencial del partido oficial, Josefina Vázquez Mota, pero otros consideran que esto no sucederá, porque la mayoría del pueblo mexicano tiene muy clara la separación Iglesia-Estado.

 

LOS PRIMEROS MENSAJES

Al llegar a Guanajuato y ser recibido por el Presidente Felipe Calderón, el Papa dijo que viene “como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad”, haciendo referencia a que tanto los sacerdotes los misioneros como los hombres de fe que conforman la Iglesia Católica debe ser un fermento de la sociedad y contribuir a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios y que ningún poder tiene derecho a olvidar y despreciar. “Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad”, subrayó en su mensaje.

 

Benedicto XVI habló de la esperanza: “Como peregrino de la esperanza, les digo, con San Pablo: No se entristezcan como los que no tienen esperanza (…) La confianza en Dios ofrece certeza de encontrarlo, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree. Y sabiendo esto, se esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir”. En ese contexto expresó que elevará sus rezos especialmente por aquellos que sufren por causas de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia.

 

NARCOTRÁFICO Y MIGRANTES

Horas antes de la llegada del avión que lo trasladó desde Roma al Aeropuerto de León, Guanajuato, el Papa Benedicto XVI trató los tópicos que más le duelen a México, como el narcotráfico y el de los migrantes que viven en Estados Unidos. Benedicto XVI instó a desenmascarar la estafa que representa el narcotráfico y llamó a luchar contra esa mal destructivo para la sociedad. “La tarea de la Iglesia es desenmascarar la idolatría del dinero que escandaliza a los hombres, desenmascarar el mal y las falsas promesas, desenmascarar las mentiras y la estafa que representan las drogas”, planteó.

 

No olvidó el heredero de Pedro al frente de la Iglesia Católica Romana a los millones de mexicanos emigrantes en Estados Unidos y que se fueron por falta de oportunidades, que se estima que superan los 20 millones. “Sé que estoy en un país orgulloso de su hospitalidad y deseoso que nadie se sienta extraño en su tierra. Lo sé, lo sabía ya, pero ahora lo veo y lo siento muy dentro del corazón. Espero con toda mi alma que lo sientan también los mexicanos que viven fuera de su patria natal, pero que nunca la olvidan y desean crecer en la concordia y en un auténtico desarrollo integral”.

 

En su mensaje de bienvenida al sumo Pontífice, el mandatario mexicano Felipe Calderón resaltó el principal problema que enfrenta México, propiciado por la guerra desatada por el Estado mexicano contra los grupos criminales que están detrás del tráfico, venta y consumo de droga en el país. El Papa llega a un país que está sufriendo mucho y que vive momentos muy duros y difíciles “porque el crimen organizado exhibe su cara más violenta”.

 

“Su visita adquiere un enorme significado en horas ácigas, en momentos en que nuestra patria atraviesa situaciones difíciles y decisivas (…) Este es un pueblo que ha sufrido mucho por diversas razones y pese a ello hacer enormes esfuerzos por llevar alimento a la mesa de sus casas (…) Pese a todo México está en pie”, subrayó Calderón.

 

LA GUERRA BRUTA

En el contexto de la visita a nuestro país del máximo líder católico, surgen las críticas a un gobierno encabezado por Felipe Calderón, empecinado en utilizar la fuerza del Estado en forma bruta más que inteligente para combatir a la criminalidad y que en estos seis años ha teñido de rojo al país, con una cruzada que se ve perdida, como la ha perdido el causante de esta tragedia para México, los Estados Unidos, cuyo gobierno en cerca de 40 años, lo único que ha visto en el aumento de sus consumidores de droga y las cárceles llenas por los delitos que se cometen en torno a los enervantes ilegales.

 

El obispo de Coahuila, Raúl Vera López le ha echado en cara al Presidente Calderón que llegará al encuentro con el Papa “con una cola de 60 mil muertos”, recomendándole al mandatario, ya que se dice católico, un examen de conciencia. “A mí me da vergüenza que tengamos al frente de México a una persona que se confiesa públicamente católica y que está llevando una estrategia con ausencia de procuración de justicia, con el Ejército en las calles, con las denuncias que tiene de violación a derechos humanos, con el crecimiento terrible de la corrupción. Es una pena que tengamos este tipo de católicos”, publicó La Jornada el día de la llegada a México del Santo Padre.

 

El prelado religioso que convivió en Chiapas durante la era zapatista con el obispo Samuel Ruiz –ya fallecido– que impulsó la llamada iglesia autóctona y la teología de la liberación, lamentó que el jefe de la Iglesia Católica llega a una nación en donde “hay un ambiente de fracturación, de desorganización social, de ausencia de protección a los ciudadanos; un ambiente de empobrecimiento creciente, de abandono para la juventud. Llega a un ambiente de violencia no sólo con los muertos, son los desaparecidos, son los secuestrados y los desplazados”.

 

LAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA

El poeta y líder del Movimiento por la Paz y la Dignidad, Javier Sicilia, viajó a Roma, previo al viaje del Papa a México para entregarle una carta invitándolo a que éste se salga del protocolo en estos tres días de estancia en Guanajuato y haga un gesto evangélico a favor de las víctimas de la violencia.

 

Otras víctimas que esperaban que Benedicto XVI los atendiera son los ex miembros de los Legionarios de Cristo que sufrieron la perversidad del sacerdote Marcial Maciel, con los abusos sexuales que cometió, quien falleciera a los 87 años en 2008. Se ha dicho que por razones de tiempo el Papa no se podrá reunir con ellos, pero el tema ha hecho mucho ruido en torno a la visita del Papa, criticándosele que no le dé importancia a estas dos grandes heridas que se tienen en México, porque esta es la tierra que vio nacer a Marcial Maciel y desde donde tejió el gran imperio que creó con la orden religiosa Los Legionarios de Cristo.

 

EL MENSAJE DE BENEDICTO XVI: “VENGO COMO PEREGRINO DE LA FE”
Amado pueblo de Guanajuato y de México entero:

Me siento muy feliz de estar aquí, y doy gracias a Dios por haberme permitido realizar el deseo, guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo, de poder confirmar en la fe al Pueblo de Dios de esta gran nación en su propia tierra. Con este recuerdo entrañable, le doy las gracias, Señor Presidente, por su cálido recibimiento (…)

 

Con esta breve visita, deseo estrechar las manos de todos los mexicanos y abarcar a las naciones y pueblos latinoamericanos, bien representados aquí por tantos obispos, precisamente en este lugar en el que el majestuoso monumento a Cristo Rey, en el Cerro del Cubilete, da muestra de la raigambre de la fe católica entre los mexicanos, que se acogen a su constante bendición en todas sus vicisitudes.

 

México, y la mayoría de los pueblos latinoamericanos, han conmemorado el Bicentenario de su Independencia, o lo están haciendo en estos años. Muchas han sido las celebraciones religiosas para dar gracias a Dios por este momento tan importante y significativo. Y en ellas, como se hizo en la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, en Roma, en la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, se invocó con fervor a María Santísima, que hizo ver con dulzura cómo el Señor ama a todos y se entregó por ellos sin distinciones. Nuestra Madre del cielo ha seguido velando por la fe de sus hijos también en la formación de estas naciones, y lo sigue haciendo hoy ante los nuevos desafíos que se les presentan.
Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad.

 

Como peregrino de la esperanza, les digo, con San Pablo: «No se entristezcan como los que no tienen esperanza» (1 Ts 4,13). La confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree. Y, sabiendo esto, se esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir.

 

Sí, la esperanza cambia la existencia concreta de cada hombre y cada mujer de manera real (cf. Spe salvi, 2). La esperanza apunta a «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Ap 21,1), tratando de ir haciendo palpable ya ahora algunos de sus reflejos. Además, cuando arraiga en un pueblo, cuando se comparte, se difunde como la luz que despeja las tinieblas que ofuscan y atenazan. Este país, este Continente, está llamado a vivir la esperanza en Dios como una convicción profunda, convirtiéndola en una actitud del corazón y en un compromiso concreto de caminar juntos hacia un mundo mejor.

 

Como ya dije en Roma, «continúen avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia» (Homilía en la solemnidad de Nuestra Señor de Guadalupe, Roma, 12 diciembre 2011). Junto a la fe y la esperanza, el creyente en Cristo, y la Iglesia en su conjunto, vive y practica la caridad como elemento esencial de su misión.

 

En su acepción primera, la caridad «es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación» (Deus caritas est, 31,a), como es socorrer a los que padecen hambre, carecen de cobijo, están enfermos o necesitados en algún aspecto de su existencia. Nadie queda excluido por su origen o creencias de esta misión de la Iglesia, que no entra en competencia con otras iniciativas privadas o públicas, es más, ella colabora gustosa con quienes persiguen estos mismos fines. Tampoco pretende otra cosa que hacer de manera desinteresada y respetuosa el bien al menesteroso, a quien tantas veces lo que más le falta es precisamente una muestra de amor auténtico.

 

Señor Presidente, amigos todos: en estos días pediré encarecidamente al Señor y a la Virgen de Guadalupe por este pueblo, para que haga honor a la fe recibida y a sus mejores tradiciones; y rezaré especialmente por quienes más lo precisan, particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia.

 

Ya sé que estoy en un país orgulloso de su hospitalidad y deseoso de que nadie se sienta extraño en su tierra. Lo sé, lo sabía ya, pero ahora lo veo y lo siento muy dentro del corazón. Espero con toda mi alma que lo sientan también tantos mexicanos que viven fuera de su patria natal, pero que nunca la olvidan y desean verla crecer en la concordia y en un auténtico desarrollo integral. Muchas gracias.