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ESCULTOR VÍCTOR MANUEL CONTRERAS: EL CREADOR DE LA INMOLACIÓN A QUETZALCÓATL

ESCULTOR VÍCTOR MANUEL CONTRERAS: EL CREADOR DE LA INMOLACIÓN A QUETZALCÓATL

May 16, 2011

Rebelde, auténtico, humanista y carismático son algunos de tantos adjetivos que describen la personalidad del escultor jalisciense Víctor Manuel Contreras. Su expresión de estética ha comprendido el amor por la naturaleza. El maestro Contreras ha dejado llevarse por su espíritu místico, que lo conduce de una manera natural a buscar a través de un encuentro filosófico y poético la esencia profunda del ser humano en un camino interior y espiritual.
El 6 de agosto de 1941, nace Víctor Manuel Contreras en Atoyac Jalisco. Desde temprana edad, sabía que su destino lo llamaba, tenía en su corazón esa llama encendida, que le repetía que algún día iba a poder mostrar a su país creaciones hermosas, él sabía que iba a ser un artista. Ahora, con 76 obras en 34 países, Víctor Manuel Contreras se ha consagrado como uno de los más importantes escultores y pintores a nivel mundial al ser premiado y homenajeado alrededor del mundo. Ganó el primer premio de escultura en París con la obra “El trabajador” (1963), Primer Premio Internacional O Picard en Bruselas, Bélgica (1975), entre otras.
Sin embargo, para el artista no le fue fácil encontrar esa luz esperanzadora fuera del túnel de la ignorancia, prepotencia e influyentismo nacional. “Mis padres siempre estuvieron apoyándome, mi padre me compraba la plastilina (…) Cuando hice la obra de Guadalajara (la escultura de la serpiente emplumada) se quedaron impresionados, le corrió una lágrima y se acordó de cuando era jovencito (…) Mi madre pintaba al óleo, fue mi primera maestra de pintura”, recuerda.
De niño, las amigas de su mamá y sus maestras lo llamaban mentiroso, ya que no creían que él había creado las figuras de plastilina, que mostraba con orgullo. Afortunadamente, él venció esta lucha a temprana edad. “Me liberé de todo, menos de mí, porque tenía que volar, crear, inventar y hacer cosas que me hicieran internamente feliz y que me conectaran con el mundo”, relata.
Estudia su primer año de escultura y pintura y para su sorpresa a los 16 años le llega la oportunidad de estudiar en Nueva york y de inmediato la tomó. “Al año que se acabó mi beca en Estados Unidos, me llegó una beca en Alemania, estuve tres años allá, y posteriormente en Italia dos años, y ahí me dan la oportunidad de ir a París becado en la Escuela Superior de Bellas Artes, donde estuve cinco años estudiando arquitectura”.
Para el año de 1970, el joven artista realiza su Primera Exposición Individual en París en la Maison de l´Amerique Latine y más tarde en el Instituto Italo Latinoaméricano de Cultura en Roma, Italia. En ambas, con óleos, acuarelas y dibujos. El veinteañero ya había alcanzado el sabor del triunfo en Europa, su corazón se había inundado de fama y glamour. Sin embargo en esa época recibe la terrible noticia que su abuela, por quien sentía un cariño entrañable, estaba muy enferma y que pedía verlo, se dejó vencer por una cruel melancolía, regresó a él toda memoria de esos instantes gloriosos que vivió con su familia y decidió regresar a México, en donde pasó la última Navidad con su abuela. A sus 25 años estaba de regreso en su país.
A pesar del dolor que sentía, otra dicha le sobrevenía por pequeños instantes, como una marejada fría y consoladora, el reencuentro con su México, con sus raíces, con su todo. “Si yo hacía algo que valía la pena, valía aquí y en China, y desde aquí saldría al mundo”, pensó con un rostro que reflejaba el triunfo. Desde entonces, ha dedicado su vida entera a crear esculturas y pinturas que embellezcan a México, sus obras han recorrido el mundo, y ahora se siente en paz. En 1972, inaugura una de sus primeras obras monumentales, en hierro forjado, la fachada del Palacio de Gobierno, en Chilpancingo, Guerrero, esta obra incluye dos complejos escultóricos separados, uno intitulado Proyección del Hombre Hacia el Futuro, y el otro Himno al Trabajo, el cual mide 20 metros de largo y 4 metros de alto, y está realizado en alto y bajo relieve.
En 1977, el Presidente de México inaugura la obra monumental llamada Escultura a la Paz, obra realizada en placas de bronce labradas y pulidas a mano. Localizada en la entrada norte de la Ciudad de Cuernavaca, Morelos. “Cuando tú llegas, la palomita se abre de alas, para acogerte en su seno. Y cuando te vas, es una gran semilla. Esto quiere decir que fecunda la paz en tu corazón; y en ese vuelo tan efímero que es la existencia, haces llegar esa paz a los demás. Así como para mí fue Cuernavaca al llegar, y lo sigue siendo”, explica.
Una de sus grandes obras la creó para su estado natal, Jalisco. El 15 de febrero de 1982, crea la fuente de la Inmolación a Quetzalcóatl, colocada en la Plaza Tapatía. Monumental escultura formada por cinco piezas forjadas en bronce y labrados a mano. La figura central mide 25 metros de alto y las alegorías 6 metros, cada una con un peso de 23 toneladas. La fuente monumental de Quetzalcóatl es la representación del Dios tolteca y azteca, una de las divinidades más importantes del México prehispánico co, identificado como la Serpiente Emplumada.
“Hago la obra y no la aceptaron del todo, soy simbolista, la flama simboliza el tiempo que asciende y desciende y nunca termina, el tiempo no pasa, pasamos nosotros (…) Las alegorías es la transformación del hombre, a los cuatro puntos cardenales, Francia me da la Legión de Honor por esta obra”, indica. “Yo le di a las obras tres toneladas de bronce sin cobrar mi trabajo, quisieron que se partiera en tres partes, me negué, y no me dejaban a hablar con el gobernador, pero gracias a Margarita López Portillo, pude comunicarme con Flavio Romero de Velasco, le expliqué lo que sucedía y me dio luz verde”, recuerda. Ahora, a sus 43 años de vivir en su querido México, Víctor Manuel Contreras ha roto los muros que le han impuesto durante años, al ser presa fácil de la envidia, y las pocas oportunidades para el ámbito artístico. El escultor y pintor ha realizado sus sueños, el
ser él mismo, por lo que ha abierto la muralla para las nuevas generaciones que busquen embellecer y enaltecer las bellas artes. “Cuando se puede abrir las alas, volar y vivir de tu propia creación, todo se facilita para ser libre de pensar, sentir y actuar. Cuando no dependes de alguien piensas y sientes libremente, pero cuando eres prisionero en lo material, en lo emocional o en el espacio, el espíritu se angustia, se limita, choca con sus intentos de volar”. “Mi vida la vine a vivir intensa e inteligentemente, no hay un minuto de que me arrepienta de lo que hice, porque todo fue porque me dio la gana, y me lo perdono cuando el mundo me lo condena”, concluye.