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Fernando Del Paso; Premio Cervantes

Fernando Del Paso; Premio Cervantes

Dic 5, 2015

El laureado escritor Fernando del Paso regresó a la Feria Internacional del Libro ahora cargando el Premio Cervantes, que formalmente recibe en abril en España, y su nuevo libro:

«Amo y señor de mis palabras». En su cabeza, dice, ya revolotean las palabras que leerá en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, la cuna de Miguel de Cervantes Saavedra, en abril próximo, cuando reciba el esperado reconocimiento.

Fernando del Paso Morante, escritor, dibujante, pintor, diplomático y académico mexicano, quien en sus inicios escribiera poemas, «Sonetos de lo diario» hace casi 60 años, pero que se decidiera hacia la novela, en donde fusionó historia y ficción, con un gran sentido del humor y la reflexión cultural, política y el mito, en donde México se convirtió en el escenario de sus obras, desde que escribiera «José Trigo» (1966) hasta alcanzar un estilo notable en «Palinuro de México» (1979), una de sus obras galardonadas con varios premios.

Ahora, Fernando del Paso ha sido distinguido con el «Premio Cervantes de Literatura», un reconocimiento que dice nunca imaginó le llegara pero ahora se ha convertido en el sexto mexicano con esta distinción, pues el autor de la célebre novela «Noticias del Imperio», a sus 81 años de edad, es el dueño ya de uno de los galardones más importantes en las letras.

Esta es la coronación de una obra, dice quien en el marco de la Feria Internacional del Libro, recibió el premio Granitos de Arena que otorga el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco, en donde el discurso del novelista mexicano se encaminó a pedirle a todos los gobiernos que combatan el mal que han creado y alcanza a 50 millones de pobres, mexicanos

«empobrecidos y desempleados que malviven con salarios mínimos, de miseria, víctimas del crimen organizado, las extorsiones y la corrupción».

Del Paso parece incansable y por ello nunca ha pensado dejar de escribir y tiene por delante muchos proyectos literarios, que por su enfermedad se han postergado pero que no pierde la esperanza de concretarlos, aunque por el momento en su cabeza sólo revolotean las palabras del texto que leerá el próximo 23 de abril en la Universidad de Alcalá de Henares, cuando reciba de manos del Rey Felipe VI un cheque de 134 mil dólares y el Premio Cervantes, justo en el lugar en donde hace más de 450 años nació el autor del Quijote de la Mancha.Fernando del Paso recuerda siempre sus inicios, su primera novela, por qué escribió:

«José Trigo» que pensó primero sería un cuento y terminó como una «novela muy lírica», diría Carmen Álvarez Lobato.

José Trigo empezó como un cuento, pasó por el puente de Tlatelolco y vio a un hombre alto, desgarbado, caminando por unas vías abandonadas con una pequeña caja blanca en el hombro y atrás una mujer embarazada que iba cortando girasoles… «empecé a escribir un cuento, yo no sabía lo que iba a hacer. Yo no me senté un día, ni me he sentado nunca, ante la máquina, o ahora ante la computadora, a decir ‘ahora voy a hacer una novela de setecientas páginas que trate de esto y lo otro’, no. Eso fue creciendo, como un árbol, que se fue llenando de ramas y de flores y de complicaciones» y así escribió ese libro en donde su protagonista recorrió los movimientos armados, La Cristiada, la Revolución, el movimiento ferrocarrilero.

Para Del Paso no hay que ser siempre pesimista, ni optimista todo el tiempo, hay que ser ambos a ratos porque la situación de este planeta nos obliga: el derrumbe de las costumbres sociales, de la conmiseración, de la piedad, cómo nos estamos acabando al planeta, todo lo que pasamos ahora es como podría ser un apocalipsis pero en cámara lenta, «aunque realmente, cuando uno lee el Apocalipsis de San Juan, ya no impresiona a nadie, porque las películas nos lo han presentado en toda su dimensión». Con esos brillantes y maravillosos efectos especiales que no dejan lugar a la imaginación.

Y no perdamos de vista la tecnología, dice Fernando del Paso, porque se ha convertido en un arma de dos filos: nos da mucho, pero pone en peligro la existencia del planeta y súmele a eso los fundamentalismos religiosos… Nada cambiará, viviremos un apocalipsis lento, puede durar quinientos, mil años de deterioro de la humanidad y de la vida.

Repasa algunos pasajes de su vida. Recuerda a sus amigos, Rulfo y Arreola. Dice que fue muy amigo de Juan y a Juan José lo conocía solamente por «El Guardagujas» pero después le resultó «absolutamente fascinante».

Arreola fue su maestro, después fue amigo, mientras que Rulfo le dedicaba muchas horas a platicar con él en el café Dalinde, muy cerca del Centro Mexicano de Escritores y cuando partió a Europa perdió contacto con él, pero tras su muerte, dice, ya  trabajaba en Radio Francia Internacional y ahí hizo un programa con la voz de Rulfo.

«Me había llevado el disco de Voz viva de México, e intercalé su voz con la mía» y al tiempo, la Universidad de Guadalajara, en ocasión del Premio Fil, hizo un disco que se llama «Carta a Juan Rulfo» y ese programa fue base para que le dieran el premio de Radio España Internacional.

Fernando ha enfrentado a la muerte, desde que fue operado de un tumor de cáncer en un testículo (el doctor le dijo que «este cáncer tiene un alto índice de mortalidad, el 60% de los pacientes con este tumor se muere y el 40% no; pero yo no sé si usted está en el 60 o en el 40»), y eso lo motivó siempre a trabajar en su libros, pensando que viviría cinco años más y ha llegado hasta ahora, cuando recientemente cumplió sus 81 años de edad.

Ha escrito lo que le ha dado la gana. Ha transitado de la lírica a la novela, pasó por el cuento, teatro, ensayo y hasta la literatura infantil y remata con libros de historia, como los ensayos sobre el Islam y el Judaísmo. Sí, «me volví historiador, me casé con la literatura pero mi amante es la historia».

Pero no deja de lado el buen humor, aunque ya no tanto como en sus años mozos, cuando dice que era capaz de sostener duelos de chistes con sus amigos… «y ahora de monjas», «ahora de sacerdotes», «ahora de gallegos»… Antes aprendía muchos chistes y ahora dejó ese pasatiempo.

Entre todas sus historias, Fernando recuerda por qué escribió «Linda 67». Era un gran lector de la novela policiaca y un día le dijo a Álvaro Mutis, «algún día voy a hacer una novela policiaca», pero la respuesta fue contundente: «No, no puedes, se necesita una vocación especial que tú no tienes».

Y cuarenta años después de esa plática recordó la afirmación de Mutis y escribió «Linda 67» que no fue propiamente la novela policiaca sino un thriller, porque en la novela el asesino se conoce al final y en el thriller desde las primeras.

Quiere hacer ciencia ficción pero dice que eso lo ve difícil.

De sus libros infantiles dice que nunca los pensó como ahora me dedicaré a esto, simplemente salieron, pero «De la A a la Z» fue complicado por el juego con las letras, no así «Paleta de diez colores» que hizo en un solo día.

¿Es de usted el eslogan aquel de… «Estaban los tomatitos muy contentitos»?

Fernando del Paso: No, no es mío.

Y es que en su paso por agencias de publicidad sufrió mucho porque entonces al escribir el comercial debían imaginarlo completo y se le dificultaba, tanto que muchas de sus ideas fueron robadas, sin posibilidad de demostrarlo, pero el tiempo le hizo justicia y de pronto apareció como propietario de ese jingle, del que nadie, nunca, reclamó su paternidad.

La presencia de Fernando del Paso en la Fil sirvió para que presentara su más reciente obra, «Amo y señor de mis palabras», en donde reúne conferencias, discursos y textos de reflexión sobre la novela histórica, mientras España lo espera, en abril de 2016, para reconocerle su talento.

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