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LETICIA RAMÍREZ FRUCHIER

LETICIA RAMÍREZ FRUCHIER

Abr 24, 2016

Es la menor de la dinastía Ramírez Fruchier. Cinco mujeres y un varón. Empresaria de corazón, psicóloga de profesión. Su ideario gira en torno a la lucha porque se valore a la mujer, se le reconozca con más y mejores oportunidades.

Es Leticia Ramírez Fruchier, presidente de la Federación de Mujeres Profesionistas y de Negocios Capítulo Jalisco (Femac) para el periodo 2016–2018.

«Este mundo machista y endocéntrico no me gusta y es lo que me ha llevado meterme en todo esto. Soy una mujer que digo lo que pienso, que trabaja, se compromete y acciona para que en este país exista de verdad una igualdad sustantiva con más acciones afirmativas, a fin de tener una sociedad más equilibrada, con menos desigualdad».

En su mensaje de toma de posesión en marzo pasado como presidente de Femac, recordaba sin dejar de lamentar que las mujeres latinoamericanas representan el 50 por ciento de la fuerza laboral, pero sólo el 15 por ciento están en juntas directivas y equipos ejecutivos, únicamente el 1.8 por ciento tiene un cargo gerencial en las empresas; una muestra más de la desigualdad productiva en México es la tasa de jubilación de las mujeres mayores de 60 años, el 10.62 por ciento y la de los hombres es significativamente con un 51.62 por ciento.

Su ideario de lucha gira en torno a la mujer, para que ellas tengan más y mejores oportunidades.

«Soy una mujer como la mayoría de mujeres mexicanas que tiene que luchar en un mundo social, político y laboral que ha sido rediseñado por los hombres y donde la igualdad, el apoyo y el reconocimiento a nuestra labor brilla por su ausencia».

Nos comparte además una pasión de su vida, heredada por su señor padre, que son los perritos.

«Seis chuchos tengo, son mis hijos (…) No tengo vacíos con mis animalitos», dice entre broma y en serio. «Mi papá llegó a tener 27 perritos recogidos de la calle. Crecí con mis chuchos, crecieron mis hijos (Luis Fernando, Betina y Diego) quienes desde que estaban en la cuna, dormían junto a ellos».

 

¿Y la política qué?

Se le pregunta si le gustaría formar parte del gobierno, ser legisladora, regidora o alguna responsabilidad y responde que

«hace un año era su ilusión, pero hoy ya no, le bajó la guardia la forma como se hace la política».

 

Aprendizajes de vida

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Para Leticia haber sido la más chica de la familia le significó mucho aprendizaje.

«Me permitió entender y aprender que hay mucho por hacer, pero también qué no hacer, lo que quería y lo que no quería que fuera y lo que me quedó siempre claro es no ser igual a los demás. Por eso los más chicos somos más diferentes al resto de hermanos y hermanas. A mí eso me sirvió mucho».

Leticia, junto con sus hermanas, es la segunda generación de la empresa farmacéutica Laboratorios Nordin, de origen y raíces jaliscienses, que tiene ya 68 años de vida y que fundó don David Ramírez Jiménez y doña Bertha Fruchier Michel en Arandas en 1947.

Recuerda que su padre era estricto pero «no regañón», Doña Bertha «era más ligera».

«Creo que me parezco a ella en la forma (…) De ellos aprendí el valor de pensar en los demás, por eso somos así (refiriéndose a sus hermanas), siempre me pongo en los zapatos de los demás y digo «odio las injusticias».

Sus padres mucho lucharon, mucho batallaron para sacar a la familia y a la empresa adelante.

«Esas injusticias la vivieron mis padres (…) Cuando tenían dinero, y luego de repente dejaron de tener por la construcción del laboratorio que decidieron realizar, corriendo grandes riesgos por las inversiones requeridas para crecer. Cuando había dinero les sobraban amigos, la casa siempre estaba llena, pero de repente tenían qué invertir en el laboratorio, tenían qué pedir hasta prestado a los bancos y los amigos se desaparecen».

«Mi mamá iba a los bancos a pedir prestado y le cerraban las puertas. Una época muy difícil, de mucho esfuerzo», comenta.

 

Su mundo de la empresa

Gran parte de su vida la ha vivido en la empresa. Su profesión de psicóloga la ejerció al frente de la Dirección de Recursos Humanos, donde vivió su pasión por el Laboratorio.

«Claro que me gusta mi profesión de psicóloga», aunque poco ejerce en la actualidad acepta que de vez en cuando psicoanaliza a la gente que trata. «Tengo la facilidad y habilidad para hacerlo», dice entre risas.

 

No vendieron

Como segunda generación de negocio familiar, en el Laboratorio han tenido diferencias entre las hermanas.

«Sacar adelante la empresa no ha sido fácil, cuando se dieron las diferencias, pudimos haber vendido, no vendimos, nos endeudamos para pagarle (a su hermana y hermano), fueron muchos años de sacrificio y gracias a Dios salimos adelante».

De los seis socios iniciales de Nordin (cinco hermanas y un hermano) se quedaron cuatro.

«Las cuatro pensamos muy diferente, pero nos ponemos de acuerdo y seguimos. Mucho nos comentan cómo le hemos hecho para seguir adelante, pues con pasión y amor a lo que nos dejaron nuestros padres, al esfuerzo de ellos que nunca desfallecieron es ejemplo, porque ser empresario es una tarea muy complicada y muy ingrata, cuando vemos cómo el gobierno no sólo te pone piedras sino piedrotas en el camino».

 

El nuevo rumbo

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Recuerda que hace diez años salió de la empresa, lo que representó una fuerte sacudida en su vida, como que hasta el piso se le movió, pero le permitió darse un tiempo para meditar sobre el sentido que le habría de dar a su vida, en una etapa que tendría que vivir fuera del Laboratorio.

Y fue así como una de sus mejores amigas la invita a formar parte del Voluntariado de Tlaquepaque y allí empezó a conocer todo un mundo que desconocía que existía, donde empezó a realizar labor social, que luego se traduciría en buscar cómo ayudar a la mujer a su crecimiento y desarrollo.

«Tengo una necesidad de impulsar a las mujeres. Hay muchos proyectos, para los jóvenes, pero dónde quedan el de las mujeres de 50 años en adelante, que tienen los espacios cerrados, de por sí si tienes 35 de edad, no encuentras trabajo en ningún lado».

En la Femac, comenta, hay un buen número de mujeres de la tercera edad, y tenemos diplomados para ellas que les permite sentirse útiles y jóvenes, con ganas de aprender y hacer cosas.

«En Nordin, cuya directora general es su hermana Pupy, cuatro mujeres son las socias, tienen mujeres laborando de 40 y 50 años y no hay rotación de personal».

Con esa convicción Lety Ramírez vive con intensidad esta etapa de su vida de plena madurez, de realización familiar, pero con la conciencia de que debe y puede ayudar a la causa por la justicia de las mujeres frente a esa cultura machista que está presente, para construir una sociedad menos desigual y más justa. Y con una frase lo dice todo:

«Sólo así podremos tener una sociedad más justa, porque la democracia no va si las mujeres no estamos».