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MIGUEL ÁNGEL COLLADO

MIGUEL ÁNGEL COLLADO

Abr 9, 2016

«Piporrólogo», lo mismo le entra al taconazo que a la polca cuando disipa en alguna fiesta de amigos cercanos los ánimos sombríos de las largas jornadas laborales a que lo somete el periodismo. Fanático de los misterios de la Virgen de Guadalupe a los que ha destinado horas de investigación en su carrera, se autodefine como un «jarochilapatío» y usted se lo encuentra, de lunes a viernes, al despuntar el día en la televisión.

Es Miguel Ángel Collado Pignol, un periodista nacido el 29 de septiembre en Veracruz, aunque no niega que su formación profesional la hizo en la Ciudad de México, de donde voló a «La Perla de Occidente» para convertirse en uno de los periodistas más influyentes en la sociedad jalisciense.

A su llegada introdujo «las historias que ocurrieron mientras usted dormía» para dar un resumen de la nota policiaca y como director de noticias un segmento como ¡Ay Jalisco, no te rías! (¿en memoria del Piporro?, sólo él lo sabe).

Este periodista (quien lleva la profesión en la sangre, pues la heredó de su padre), llegó a tierras jaliscienses en 1997, cuando Guadalajara se transformaba en todos sus aspectos, en lo urbano con un crecimiento macrocefálico incontrolado; una sociedad que despertaba a pelear sus derechos; en lo económico surgía un importante centro financiero en torno a la glorieta Colón y en lo político, el PRI había perdido y comenzaban a escribirse nuevas historias.

Es egresado de la carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana en la capital del país, a donde llegó desde muy joven, en busca de sus sueños de comunicador y decidió matricularse en la «Ibero».

Sus primeros trabajos fueron para un periódico semanario del Estado de México, en donde se enseñó a perderle el miedo a la máquina de escribir y a ver su nombre en letras de molde y posteriormente se fue al periódico «La Prensa», el matutino que afirmaba que decía lo que otros callaban; pasó por Radio Red y Radio ABC, hasta que una compañera, Ana Paola Maurer, le dijo que necesitaban periodistas en la televisión.

Luego de pruebas y trámites, ingresó a Televisa y fue justamente a un programa de vanguardia que conducía el periodista Juan Ruiz Healy, Miguel Ángel pisó por primera vez las instalaciones ya desaparecidas de Televicentro.

Salió Healy y quedó a cargo del programa su amigo, Jaime Maussán, quien dirigía entonces un grupo de periodistas con el que logró mantener a flote el proyecto que argumentaba como lema: «periodismo de fondo en televisión» y que gracias a su formato y contenido, logró convertirse en un programa atractivo que marcó, sin duda, un referente para la comunicación en México.

En 60 minutos, Miguel Ángel Collado trabajó al lado de grandes comunicadores, con quienes mantuvieron en el aire hasta enero de 1995, el que consideraban era «el programa más audaz y valiente de la televisión» y del que decía, siempre iba tras la verdad y «las barreras no les arredran, ya que son periodistas de profesión».

Collado logró establecer dos récords en el trabajo periodístico. El primero fue el reportaje más rápido en la historia del programa, pues lo sacó en apenas cinco días y el más largo, porque le invirtió 13 años de trabajo, más dos que llevaba Maussán.

El primero de ellos fue el caso famoso de «Los Narcosatánicos», una banda que fue responsable (1989), en Matamoros, Tamaulipas, de la muerte de 14 personas y cuyo trabajo periodístico Collado logró desarrollar a gran velocidad, en apenas cinco días, para transmitir por televisión la historia de santeros, homicidas y narcotraficantes que se sentían inmunes a las balas por protecciones mágicas procedentes «del más allá».

Los primeros hechos se conocieron un lunes y el domingo siguiente, el reportaje ya estaba en la pantalla chica.

El segundo fue la investigación del doctor Jorge González Ramírez, una eminencia en biología celular, director del Laboratorio de Análisis Clínicos del Instituto Nacional de Cancerología de la UNAM, de quien presentó un reportaje sobre la fusión celular, una alternativa para la medicina y cuyo trabajo que esperó 13 años, para ser difundido en 60 Minutos.

Terminado en 1995 el programa (era muy costoso, pues no se permitía el patrocinio oficial, para garantizar su independencia informativa), Miguel Ángel se mantuvo en Televisa y pasó a formar parte del equipo de trabajo de Eco (Empresa de Comunicaciones Orbitales), un experimento de la televisora por tener, 24 horas del día, un canal de noticias y que finalmente tuvo que cerrar porque no pudo ser rentable. Ahí, Collado era responsable de un segmento informativo y entonces, el director de Televisa Guadalajara, Ricardo López Íñiguez, lo invita a conducir el noticiero matutino.

Así es como se convierte en la imagen noticiosa del canal de Televisa en Guadalajara, en donde dice encontró un gran respaldo de quien entonces fungía como director de Noticias, Fernando Quiñones y quien desgraciadamente poco tiempo después muriera, por lo que Collado quedó en la dirección que ocupa hasta el momento.

Desde su llegada tuvo mucho trabajo. Por tres años tuvo que viajar cada fin de semana a la Ciudad de México, a participar en el programa «Nota Roja» que hacía con periodistas como Santos Mondragón, entre otros.

Miguel Ángel, quien en sus tiempos mozos pensó en ser torero y luego productor de cine, encontró un buen lugar en la Guadalajara que apenas unos años antes de su llegada (1996) había sufrido las explosiones del sector Reforma, el asesinato del cardenal Posadas Ocampo y el relevo político en el gobierno, pues cuando Collado pisó tierras tapatías, ya gobernaba prácticamente todo el Partido Acción Nacional.

Toda su vida productiva está relacionada con los medios de comunicación y, la gran mayoría, con la televisión, ese monstruo que dice, «te secuestra», le roba la vida a quien no sea capaz de mantener el equilibrio entre lo personal y lo público que resulta dar la cara a nombre de una empresa de comunicación.

Pero él lo traía en la sangre, su padre era cronista taurino en «La Prensa», en donde incluso fue fundado de la cooperativa, y a quien acompañaba domingo a domingo, a trabajar y escribir sus crónicas.

Dice que toda su trayectoria en la comunicación es muy satisfactoria. Sin embargo, no olvidará el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, en donde la gente descubrió que sola podía enfrentar sus adversidades, que era capaz de organizarse y salir a la calle tras una causa, la solidaridad con el caído.

Se dice pragmático, «trato de nunca olvidar la teoría y el conocimiento sustentable, pero entiendo que el producto final (del periodismo) requiere la maleabilidad de la vida real».

El trabajo que ha realizado en Jalisco, ha tenido su reconocimiento.

Miguel Ángel Collado Pignol fue «Premio Jalisco de Periodismo» en 1997 y la Iglesia Católica también le reconoció profesionalismo y dedicación, al designarlo Premio Católico de Periodismo 2009.

Para Miguel Ángel el periodismo lo es todo. Entrevistar es muy agradable, más cuando tienes enfrente a un personaje que te obliga a un gran ejercicio intelectual, pero investigar es otra cosa, es pasión.

De los «vacunos», como bautizó a los choferes del transporte público, ni hablamos. Vacunos serán hasta que «alguien» frene su impunidad insultante.