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Personalidades | Cuauhtémoc Blanco

Personalidades | Cuauhtémoc Blanco

Ene 9, 2016

Producto de la conjugación de factores como el desprestigio de los partidos políticos y la pérdida de credibilidad en las instituciones, en el pasado proceso electoral brincaron a la palestra electoral personalidades como Cuauhtémoc Blanco, quien ahora paga las consecuencias de su falta de experiencia y carece del respaldo de un partido consolidado como alcalde de Cuernavaca.

Difícil de definir en pocas palabras, lo único claro es que el examericanista, extiburón, exseleccionado nacional y exdorado no ha dejado de ser Cuauhtémoc, a juzgar por las frases folclóricas que lo caracterizaban desde antes, como cuando se supo ganador el pasado siete de junio y que remató con un «ahora sí me los chingué, me los chingué y estoy muy feliz».

Desde su triunfo, pasaron seis meses en los que tuvo la oportunidad de prepararse pero la desaprovechó y su equipo de transición apenas le alcanzó para visitar el Congreso de la Unión y hacer lo que la mayoría de políticos, pedir dinero para su municipio a la Federación: pedía 200 millones de pesos que se contemplaban principalmente para obra pública e iluminación.

Ahora se enfrenta, o se enfrentaba, directamente con el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, en el tema del mando único y que luego de rechazar tuvo que terminar por aceptar luego del asesinato de la alcaldesa de Temixco, Morelos, Gisela Mota, que exhibió las diferencias en el tema.

«Yo les voy a romper la madre a ustedes y a todos los que estén contra mí y quieran imponer el mando único», le dijo Graco Ramírez a Ciro Gómez Leyva que dijo Cuauhtémoc Blanco cuando se oponía a la medida. El exfutbolista negaría ante el mismo periodista que hubiera amenazado al gobernador.

Cuauhtémoc sabe ahora que la violencia que vive el estado de Morelos no es nada comparable con la violencia que vivió en las canchas de futbol con los varios equipos nacionales, españoles y estadounidenses en los que probó suerte, como el Rayo Vallecano, donde fue lesionado, o los Chicago Fire.

Tampoco es comparable con los problemas que le han ocasionado las mujeres que han pasado por su vida o con los problemas en los sets de televisión mientras filmaba las telenovelas en las que participó gracias a la personalidad polémica que lo ha acompañado.

Pero el liderazgo que alcanzó en las canchas sí le fue suficiente para ganar la elección a la alcaldía de Cuernavaca el pasado siete de junio, postulado por el Partido Social Demócrata, cuyo nombre olvidó durante la campaña en más de una ocasión y desde entonces la capacidad de este tepiteño exitoso que no nació en Tepito pasó a segundo término.

No falta quien lo defina como «ejemplo de superación, inteligente y sorpresivo en la cancha, infiel, mujeriego, despilfarrador fuera de ella, agresivo, carismático, pasional, con hijos fuera del matrimonio, pero reconociéndolos y preocupándose por ellos, como un buen macho debe ser según los cánones de este “viril” tema».

Y es que al igual que muchos servidores públicos que pertenecen de alguna manera a la farándula del círculo Televisa, Blanco ha sido tentado también por el veneno sexual del emporio televisivo al que él mismo perteneció, lo que podría ser parte de su debilidad, definió Eduardo Solórzano en la página Sendero del Peje.

Entre sus antecedentes, antes del mando único, Cuauhtémoc sumó escándalos como «bajarle la mujer» a otros, por agarrarse a golpes con sus rivales, por pegarle un sopapo al comentarista David Faitelson, entonces de TV Azteca, por burlarse de su director técnico e insultar a los árbitros dentro del terreno de juego.

Como candidato, el exfutbolista presumió que al menos tenía algo que los demás no, y es que su dinero no provenía del erario público, su fama no venía por pagar spots con su imagen de buen hombre que le interesa el pueblo, pero que vivía apartado de ellos.

«Tampoco es un tipo corrupto, es sólo un tipo burdo que realiza sus actos de manera natural, porque es parte de su personalidad. Algo que pudo aprovechar muy bien fue su condición de gente del pueblo que no puede negar, formado en barrio humilde, que ha logrado fama y fortuna gracias a su talento y no a vivir de manera cómoda y fastuosa sangrando al erario», escribió el mismo Solórzano.

Fue así como cambió de escenario y no tiene más enfrente a entrenadores como Ricardo Lavolpe, de quien se burló con un festejo extralimitado tras un gol que le hizo a los rojinegros del Atlas.

No tiene más enfrente a jugadores rivales que tratan de quitarle una pelota o a árbitros a los que insulta con suma facilidad, respaldado por una directiva que siempre cuidó a una de sus figuras más controvertidas. Ahora tiene enfrente a los consejeros del Instituto Nacional Electoral, ante quien carece de elementos para discutir y tiene como respaldo a un partido político muy lejos de la consolidación.

Para agarrarse, como dice, a chingadazos, le hacen falta los reporteros pero ahora tiene a representantes de partidos políticos de diversos colores o diversas siglas, pero sin ideologías definidas.

Hoy ya no puede festejar un gol imitando el orinar como un perro, Cuauhtémoc está tocado por la política y ahí radica su principal reto, que lleve su personalidad a la política y no que la política se lo trague, como ha sucedido con muchos de los deportistas o personalidades de la farándula que han caído en la tentación de ser políticos y simplemente desaparecen y se formatean en una estructura seria, aburrida, solemne, como haciéndole saber a la gente que son tipos involucrados con su chamba.

Hoy sabe que no todo es una cara bonita, como dijera Roy Campos, para ganar una elección y la realidad de Morelos exhibe a los partidos, a las instituciones, a los funcionarios con esos dos claros ejemplos de gobernantes.

Como calificara Javier Sicilia: El gobernador Graco Ramírez no ve la realidad del estado y el alcalde de Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco dice que todo lo arreglará a «chingadazos».

Los morelenses de Cuernavaca sabían que Cuauhtémoc no sabe de política o economía, y el problema más graves es que tampoco los políticos que dicen saberlo. Por eso están rodeados de asesores, que tampoco saben, pero el ex americanista camina ya por el mismo sendero.