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PERSONALIDADES | ENRIQUE ALFARO RAMÍREZ

PERSONALIDADES | ENRIQUE ALFARO RAMÍREZ

Jun 14, 2015

El periodista Diego Petersen lo advierte: «Si los partidos no entienden lo que pasó en Jalisco y en Nuevo León y siguen pensando que tienen el monopolio de la representación política se van a llevar una sorpresa en el 18 (…) Lo que se abrió en estos dos estados, es, dirán los ingenieros, una gruta estructural, no es una cuarteadura del enjarre, la falla viene desde los cimientos».

La victoria de Enrique Alfaro es histórica y tan o más trascendente que la de 1995 del PAN y del ingeniero Alberto Cárdenas. Y es histórica, porque parafraseando a Diego Petersen, en 1995 se rompió en Jalisco el monopolio del PRI, y el domingo pasado cayó el oligopolio de los partidos y se abrió la vía al acceso al poder por fuera de ellos. La de hoy es una democracia distinta en la que el papel de los partidos que requiere ser repensada.

 

De derrotas y triunfos

Aristóteles Sandoval 5

La frase «Somos arquitectos de nuestro propio destino», de Albert Einstein, le cuadra a Enrique Alfaro, quien es cabeza de la llamada «Ola Naranja» que generó el tsunami político que hizo tronar las estructuras políticas de los partidos en Jalisco.

Sin embargo, estos sucesos no son producto de la casualidad. Forman parte de acciones y decisiones de individuos pensantes, inquietos y actuantes. La vida no se planea, es suma de aciertos y errores. De decisiones e indecisiones. De éxitos y derrotas. De caerse y levantarse. Quien no se equivoca no aprende. Son las lecciones que nos muestra la vida. Siempre habrá una oportunidad para reinventarse.

Y los resultados obtenidos el pasado domingo por Enrique Alfaro y cerca de 50 candidatos postulados a alcaldías y diputaciones federales-locales, es resultado de ese trabajo, mezclado con carácter, perseverancia y audacia.

 

Aquella gran decisión

Pleno del Senado

Pleno del Senado

Hace más de tres años a Enrique Alfaro el PRI le ofreció en bandeja de plata la candidatura a senador de la República. Pero el entonces alcalde de Tlajomulco la rechazó, otro en su lugar simplemente la hubiera aceptado, ya que ser senador es un privilegio para muy pocos en este y en cualquier otro país entre millones de ciudadanos, por todo lo que representa desde el espectro de la política, las relaciones y la plataforma que significa el Congreso de la Unión.

Alfaro tomó la decisión de rechazar el camino fácil y escoger el sendero difícil. El de lucha, de confrontación y de retos. No quiso ser senador y compitió para convertirse en gobernador de Jalisco. Hizo una gran campaña y al final se quedó a menos de 5 puntos de alcanzar la meta.

Perdió la elección frente a Aristóteles Sandoval, un político de su misma generación, apoyado por la estructura del partido político dominante en México durante 70 años del siglo XX y que volvería por sus fueros con Enrique Peña Nieto de candidato presidencial.

No era la primera vez que en una competencia política le resultaba adversa. Nueve años atrás pretendió ser presidente municipal de Tlajomulco con los colores del PRI. Fue superado por Andrés Zermeño, un charro que entró a la política al vestirse de panista.

Después, Alfaro, jalado por el gusanito de la política sería diputado local —el gusanito lo trae en la sangre, su señor padre fue rector de la Universidad de Guadalajara y aspiró a ser gobernador de Jalisco en los tiempos en que el gran político jalisciense, don Javier García Paniagua, estuvo muy cerca de ser candidato presidencial durante el gobierno del presidente José López Portillo—.

 

Decisiones fundamentales

Ayuntamiento de Tlajomulco

Después de ser legislador local renunciaría a su militancia en el PRI para ser postulado por el PRD a la presidencia municipal de Tlajomulco, al hacer un pacto con el Grupo Universidad cuyo jefe máximo es Raúl Padilla López. Alfaro logra ganar la elección, pero muy pronto rompería con el Grupo Universidad, argumentando que «el licenciado quería gobernar el municipio, lo cual no lo podría permitir».

Esa decisión de confrontarse con el jefe del Grupo Universitario y salir adelante, marcaría la estatura política de este ingeniero civil egresado del ITESO, que pese a ser hijo de un exrector de la UdeG, decidió formarse en una universidad privada.

Esta ruptura se convertiría en el parteaguas en su vida política, ganándose simpatías de amplios sectores jaliscienses que ven al jefe del Grupo Universidad como su villano favorito.

Alfaro seguiría adelante en su incursión en la política. El gobierno que realizó en Tlajomulco como alcalde fue evaluado y bien calificado por la gente de este municipio como se hace evidente con las dos elecciones ganadas después de haber despachado desde la presidencia municipal. El voto es el mejor instrumento del que dispone el ciudadano para aprobar o reprobar a la autoridad.

Y así fue como este personaje optaría por las siglas del Partido Movimiento Ciudadano en el 2012, el partido formado por Dante Delgado y que de Convergencia había cambiado de nombre, como se le conoce hoy, para buscar la gubernatura de Jalisco y que a la postre perdería. Pero en política las victorias y las derrotas son para siempre. Esa es la oportunidad de la imperfecta democracia.

El tiempo lo compensaría. Tres años después decide ser candidato a la presidencia de Guadalajara y que provoca la llamada «Ola Naranja», la que creó el tsunami que arrasó con los partidos políticos en la ZMG.

 

Proyecto de nueve años

Alfaro Carton FB

El proyecto de Enrique Alfaro es visualizado para que pueda encabezar un papel protagónico en el futuro de Jalisco durante los próximos nueve años, primero como presidente municipal de Guadalajara, y después tendrá la oportunidad de postularse a la gubernatura de Jalisco de la cual estará ya mucho más cerca, a unos metros, pues entre los dos Palacios, el de Guadalajara y el del Gobierno del Estado está la Catedral.

Seguramente pinta para ser el líder de la primera fuerza de Jalisco para los próximos nueve años. El haber logrado ganar la elección a presidente municipal de Guadalajara el pasado 7 de junio con 331 mil 354 votos, superando a Ricardo Villanueva que postuló el PRI y que captó 180 mil 194 sufragios.

Hoy Enrique Alfaro encarna la esperanza de un amplio sector de la sociedad que vuelve a creer en la política. En Guadalajara fueron 331 mil 354 ciudadanos que le dieron la confianza ampliamente, creen que puede hacer un gobierno eficiente y honesto, y que por consecuencia nos vaya bien a todos.

En las manos del abanderado del Partido Movimiento Ciudadano, así como de los otros candidatos que han ganado y que gobernarán en conjunto cerca de 4 millones 600 mil habitantes, está que esa esperanza se convierta en confianza y no sea traicionada por la falta de congruencia de prometer y no cumplir.

Enrique Alfaro, como líder de un nuevo grupo político, tiene una inmensa responsabilidad. Ojalá responda a esa confianza depositada y no se convierta en una nueva versión de Vicente Fox que dilapidó aquel gran capital político que los ciudadanos depositaron en su cuenta y como aquel se le recuerde únicamente —por haber sacado al PRI de Los Pinos— por haber roto con el oligopolio de los partidos, pero al final termine igual o peor que aquellos.