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PERSONALIDADES | Jacobo Zabludovsky

PERSONALIDADES | Jacobo Zabludovsky

Jul 4, 2015

Su presencia en las pantallas de la televisión al frente del noticiero 24 Horas, acompañó a muchas generaciones.

Siempre enfrentó la misma crítica, su falta de libertad al ejercer su oficio y la gran influencia que alcanzaba cuando informaba de los hechos más importantes en este país. Pese a todo eso, se convirtió en el icono del periodismo mexicano y de la mano de la televisión le dio cuerpo al sistema político y construyó la realidad mexicana.

El siete de septiembre de 1970 inició el que sería por casi tres décadas, el noticiero más influyente del país y que duraría al aire 27 años, cuatro meses y doce días, 10 mil ediciones.

Jacobo Zabludovsky Kraveski nació el 24 de mayo de 1928 en la Ciudad de México con sangre judeopolaca en las venas. En la Universidad Nacional Autónoma de México se graduó de abogado en 1967, pero entonces ya había probado las mieles del periodismo y es como un veneno que impregna el cuerpo y no es posible sacarlo.

Desde 1946 fue ayudante de redactor en los noticieros de la Cadena Radio Continental y desde entonces comenzó a recorrer las redacciones hasta llegar a la televisión, muy rápido por cierto, pues en 1950 experimentaba ya en el primer noticiero profesional en el país y en lo que ahora conocemos como Televisa. Zabludovsky creó el programa «Café Matutino», la antesala de las 24 Horas, el único noticiero formal de la televisión durante 22 años.

Jacobo experimentó todos los géneros del periodismo y en todas sus expresiones, impresos (a los 14 años corregía pruebas en El Nacional) y la radio, desde luego la televisión y en últimas fechas, en las redes sociales que decía eran más rápidas y eficientes para informar.

Fue colaborador de los diarios Novedades y Ovaciones, de semanarios como Claridades y El Redondel, luego columnista para El Universal en donde bautiza su colaboración como Bucareli, calle en la que se encuentra la poderosa Secretaría de Gobernación.

Jacobo encontró, en lo que ahora es Televisa, la plataforma que lo consolidara como el periodista más influyente de México, lo que le permitió el dueño de la empresa Emilio Azcárraga Milmo, «El Tigre», quien encontró en este brillante y culto periodista, un instrumento de poder que, a su vez, le permitiera consolidar —con otras muchas acciones—, el imperio que es y que aún conserva la tercera generación de los Azcárraga. Pero no todo es para siempre.

Murió «El Tigre» y el hijo, Emilio Azcárraga Jaen, se hizo cargo de la empresa y acabó con el noticiero más influyente de la televisión, tras un «largo correr de más de un cuarto de siglo como lo atestiguan las fotos, los recortes, las cartas que cuelgan en las paredes de su oficina, el largo ferrocarril de los recuerdos: la entrada a La Habana con Fidel Castro, sus credenciales de entonces aquella primera única entrevista, la carta de Adolfo López Mateos, su amigo, el recado «Merci Beaucoup» de Agustín Lara, narra Joaquín López Dóriga.

La despedida de Jacobo de la televisión alcanzó el rating más alto en un programa de noticias, de «casi seis veces su promedio: 44.8 puntos» sigue López Dóriga, quien recuerda sus últimas palabras en este espacio:

—Así se cotizó hoy el dólar —y dio el dato.

«24 Horas termina hoy. Muchas gracias y buenas noches», dijo y con esas nueve palabras cerró un capítulo en la vida de este país, capítulo que ha servido para alabarlo al recordar la gran cantidad de información manejada y con ella, entrevistas que sólo Jacobo podría realizar y criticarlo por ser como su jefe, un fiel soldado del sistema y del priismo.

Tras dejar Televisa, Jacobo se fue a la radio con su noticiario De una a tres que transmitía el Grupo Radio Centro, en donde estuvo hasta el primer día de septiembre de 2001 el que de acuerdo a las mediciones especializadas de radio, se convirtió entonces en el espacio de noticias radiofónico más escuchado del país. La gente le fue fiel a Zabludovsky.

En sus últimos años trabajó para Radio Red pero su vida profesional alcanzó mucho más que eso, pues antes de su etapa en Televisa, coordinó radio y televisión de la Presidencia de la República con quien fuera su gran amigo, Adolfo López Mateos, a quien asesoró en comunicación lo mismo que a Gustavo Díaz Ordaz, responsable de la matanza de estudiantes de Tlaltelolco, uno de los temas de mayor crítica a Jacobo, pues su espacio de noticias en Canal 4 lo inició diciendo «hoy fue un día soleado» y de los jóvenes acribillados en la Plaza de las Tres Culturas, nada; sin embargo, su imagen causó malestar en la Presidencia de la República, pues apareció con corbata negra que dijeron, era luto por los estudiantes, reclamo ante el cual respondió a Díaz Ordaz que él siempre utilizaba corbata negra y así lo hizo hasta el final de su vida.

Trabajó en una película con Cantinflas, en Conserje en Condominio, en donde hace una breve aparición preguntando qué le sucedió al licenciado Rojas.

Su trabajo le valió, y bien merecido, el Premio Nacional de Periodismo por su entrevista a Fidel Castro Ruz, escribió libros como La Conquista del Espacio, La libertad y la responsabilidad en la radio y la televisión mexicana, Charlas con pintores, Siqueiros me dijo, En el aire y cinco días de agosto (en coautoría con Jesús Hermida) y recibió el Doctor Honoris Causa de la Universidad de Bar Ilan y la Universidad Hebrea de Jerusalén, en Israel.

Una de sus anécdotas más contadas es sin duda su narración informativa en el terremoto de 1985, cuando salió a la calle en su automóvil en el que traía un radio teléfono y se comunicó a Televisa para contar lo que veía en la calle hasta llegar a Televicentro:

«Estoy llegando a mi casa de trabajo, donde he pasado más tiempo que en mi propia casa, y está totalmente destruida. Sólo espero que mis compañeros, mis hermanos de labor, estén todos bien».

Luego formaría parte del Consejo Consultivo para el Rescate del Centro Histórico, en donde participaron el cardenal Norberto Rivera, el historiador Guillermo Tovar y el empresario Carlos Slim.

Jacobo Zabludovsky, un hombre de pelo cano que nunca perdió la sonrisa. Fue el nombrado Caballero de la Legión de Honor por el gobierno francés, lúcido hasta el final aunque muy delgado por la acción del tiempo, enamorado de su profesión y de los toros aunque a diferencia del torero, «no pienso retirarme nunca», pero compartía con los detractores de la fiesta, opinión:

—Tienen toda la razón. Es un espectáculo muy cruel. Si no fuera tan aficionado, me uniría a su causa.

Siempre cortés, no le incomodaba la canción de Molotov, «Que no te haga bobo Jacobo», que aludía a la manipulación de la información de la que lo acusaron siempre (entre ellos Vicente Leñero en su libro Los Periodistas), canción que dijo nunca escuchó pero celebró que el grupo pudiera expresar lo que pensara.

Jacobo vio tres veces antes la muerte de frente, esas veces lo atacó el cáncer y lo superó.

En su largo vivir logró entrevistas memorables, al Che Guevara y a Fidel Castro tras la revolución cubana.

Se suman la polémica a Dalí, la de Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Cantinflas, María Félix y Luis Miguel, además de que con él fuimos testigos de la llegada del hombre a la Luna y miles de etcéteras hasta llegar a su simpatía hacia Andrés Manuel López Obrador.

Hoy, Jacobo ya no está, sólo el recuerdo de aquel chilango nacido en La Merced que se convirtió en un icono del periodismo bajo la guía de Jaime Almeida.