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PERSONALIDADES | José Luis González Íñigo

PERSONALIDADES | José Luis González Íñigo

Jul 9, 2016

Como cada año, el Consejo de Cámaras Industriales del Estado de Jalisco entregó la Medalla al Mérito Industrial y en esta ocasión correspondió a José Luis González Íñigo, un agroindustrial que tuvo un momento crucial durante su juventud cuando se encontró ante la disyuntiva de convertirse en pelotero de un equipo de Grandes Ligas y optó por declinar la invitación, ya que pudo más el amor por su novia de Guadalajara.

Hace 50 años venía desde Monterrey a Guadalajara todos los fines de semana para ver a su novia Conchita, así que mejor buscó trabajo, lo encontró y aquí sigue por fortuna.

González Íñigo, premiado con la Medalla al Mérito Industrial 2016, hizo lo contrario a lo que hacen todos cuando en un discurso de premiación dejan los agradecimientos hasta el final; José Luis no, arrancó manifestando el amor y el orgullo que siente por su familia y le agradeció a su esposa: «Primero tres hermosas hijas que me han dado mucho cariño y muchas satisfacciones, luego después de algunos años de consultarle a los astros, cambiar de ginecólogo y otras cosas más, llegaron dos varones».

Y se refirió a uno en particular: «Quiero agradecer al menor de mis hijos la lección de vida que nos dio hace 18 años abrazando el sacerdocio, agradecerle que siga firme al servicio de Dios. Desde que nació ha estado presente en lo importante de mi vida, hoy me acompaña ese líder moral de la familia».

Agradeció también «a esta hermosa ciudad, la más bella de México, su hospitalidad, así como la generosidad de su gente; es curioso, los que llegamos de fuera apreciamos más a Guadalajara y como buen forastero desde el primer día busqué amigos, muchos de ellos aquí presentes, a todos ustedes muchas gracias».

En su discurso tomó en cuenta también a los jóvenes: «Estoy convencido que ellos deben ya tener el destino de nuestras empresas y de nuestros organismos, como tienen ya el destino político y social de nuestro país».

Y recordó que hace muchos años, al inicio de sus viajes exportando textiles, en una feria en Alemania conoció a un judío-polaco a quien pronto le vendió pantalones y tela de mezclilla, se convirtió en poco tiempo en su mentor, amigo y consejero. Le preguntó un día: «¿Por qué me compraste a mí, teniendo tantas opciones? Y me dijo: Tu calidad y tu precio eran buenos, tu insistencia enorme, pero influyó mucho tu juventud, cuesta mucho trabajo desarrollar un proveedor y si a primera vista lo veo ya entrado en años, por más bueno que sea me va a durar poco, en cambio el joven lo veré por aquí durante muchos años». Este suceso le sirvió para dejar en claro que el cuerpo directivo de su empresa, Sesajal, promedia menos de 40 años.

 

Desdeñó las grandes ligas

Dentro de los sucesos trascendentes en la vida de José Luis González Íñigo destaca el hecho de que no había ingeniería química en la Universidad de Sonora y por ello convenció a su padre que lo enviara a Monterrey, ahí estuvo de los 15 a los 22 años. A los 20 años jugando beisbol para el Tec de Monterrey, un equipo profesional se arrimó con la promesa de llevarlo a las Ligas Mayores, el sueño de su vida en ese momento, pero sus padres y su novia lo motivaron a dejar esa opción.

Y narra así lo que siguió en su vida: «Desde que terminé la escuela me llamó poderosamente la atención los mercados internacionales, estaba consciente que necesitaba el inglés y conocimientos en esa actividad, primero me contraté en Kodak, me enviaron a Estados Unidos, aprendí el idioma y la disciplina de una transnacional. Después conseguí trabajo en el Instituto Mexicano de Comercio Exterior, creación del presidente Echeverría para crear una cultura exportadora en el país. Fui agregado para Jalisco los estados vecinos, ahí conocí la oferta exportadora mexicana y la demanda internacional. Destacando la atención inmediata los textiles, y los productos del campo industrializados.

«En 1993, a los 27 años, inicié mi primer negocio, exportar textiles primero como comisionista, luego comprando y vendiendo, terminé como productor de telas y de confecciones, 14 años después se acabó la industria exportadora de textiles de algodón; por fortuna tenía un pie metido en la industria exportadora de alimentos y hace 29 años inicié la empresa actual, Sesajal, hace 17 años mi hijo mayor se unió a la empresa, hoy es director general y le vino a dar una nueva fisonomía con este gran crecimiento y mejores resultados, es el líder de la empresa. Hace 8 años por recomendación de una mujer que quiero y respeto mucho, se incorporó un joven muy capaz que ha revolucionado nuestro sistema comercial, me la jugué con el recomendado de mi hija, mi yerno y salimos ganando todos».

«Hace 5 años dos hijas se incorporaron, una a desarrollo de nuevos productos y otra a mercadotecnia, han tenido mucho éxito en su trabajo y yo las disfruto cerca. De mis 15 nietos 6 ya estudian su carrera, cuatro de ellos ingeniería industrial. Me da gusto que continúe la vena industrial».

Sesajal hoy día le da empleo a más de mil personas de manera directa y a más de 10 mil de manera indirecta; cuenta con centros operativos en México, Centroamérica y Estados Unidos.

 

El potencial del campo de Jalisco

Asegura que los objetivos con los que inició la empresa siguen vigentes, exportar lo más posible sin descuidar el mercado nacional, teniendo un buen producto, abastecernos en todo lo posible del campo mexicano, procesar en sus plantas todo lo que vende con el mayor valor agregado posible, así garantiza calidad, inocuidad y tiempo de entrega. Participar en el mayor número de ferias internacionales, este año estará presente en 40 ferias, ahí vende, compra y logra innovar.

El problema del financiamiento lo explica a su manera: «Al inicio de mi vida empresarial con escasos recursos y deseos de crecer, mi relación con la banca fue muy tensa, fue difícil, prevalecía la inflación, devaluaciones y la inestabilidad económica, pero además unos banqueros engreídos que desde su escritorio atendían a quien se les antojaba; pero ahora, después de 23 años de estabilidad económica y de una banca dirigida por jóvenes profesionales que una semana sí y la otra también, te visitan y te financian en base a flujos y calidad de proyectos. Así sí se puede crecer y construir empresa».

Hace 22 años —dijo— me invitaron como presidente fundador del Consejo Regulador del Tequila, el gran orquestador de esta exitosa cadena agroindustrial, a la que se ha sumado también de agave. Ahí disfruté trabajando con la mancuerna entre productores de agave e industriales. En 22 años esta cadena pasó de ocupar 30 mil familias a más de 80 mil; de 90 millones de agaves plantados a más de 360 millones de plantas, de una insignificante exportación de envasado de origen y de 100% agave a una mayoría en estas dos categorías. Más generación de riqueza, más empleos.

Y abundó: «El aguacate, el coco, los mangos, las berries, el plátano, la piña, la papaya, el limón, el tamarindo, la guanábana y otras frutas del occidente de México, son potenciales cadenas agroindustriales de exportación, lo mismo el tomate, los pimientos, el brócoli, los espárragos, los frijoles, el garbanzo, las habas, las lentejas, la chía, el amaranto, el ajonjolí, el cacahuate, la jamaica, el cárcamo, el girasol, todos son productos regionales que pueden industrializarse dándoles valor agregado y exportarse».

El agroindustrial galardonado aseguró que «creando más agroindustrias generaremos muchos empleos, evitaremos migración del campo a la ciudad, facilitaremos esta tarea con un mejor Estado de Derecho combatiendo la violencia en el medio rural, así como la corrupción y la impunidad».

Hace 35 años —recordó— asistí a una conferencia de un líder empresarial que incursionaba en política, nos decía que un empresario exitoso debe atender en todo momento a su familia, a su empresa, a su vida espiritual y a su comunidad. Que no podía ser indiferente a lo que sucedía a su alrededor en lo político, en lo social, pero sobre todo con la gente desprotegida, empezando por la calidad de vida de sus trabajadores y sus familias. Marcó mi vida ese llamado y empecé a adentrarme en el tema encontrando una Guadalajara sumamente generosa. Familias y personas apoyan instituciones en Jalisco desde siempre, pero en un clima de poca atención, no utilizamos este potencial, hemos encontrado que ayudar a través de fundaciones familiares y /o empresariales es mucho más rentable socialmente, invito a todos los empresarios de todos los calibres a formar su fundación. Entre otras cosas con una fundación podemos canalizar fondos para que los hijos destacados de nuestros colaboradores accedan a la educación superior, es una manera para atender la creciente pobreza y desigualdad social de nuestro país, los dos grandes males de nuestra sociedad.

Y para rematar, José Luis González Íñigo, hizo un llamado al gobernador Jorge Aristóteles Sandoval, al Congreso de Jalisco, «para que apoyen destinando un pequeño porcentaje del Impuesto Sobre Nómina que aportamos los empresarios, para ayudar a los organismos que lo están haciendo bien, que se replique al interior del Estado. Estos fondos, aunados a más recursos que pongan las familias y que ponga el empresariado con recursos de la Federación y de organismos internacionales, teniendo orden y rumbo apoyarían la industria, tendríamos cientos de millones de pesos profesionalmente administrados con transparencia, fortaleceríamos nuestro tejido social, sería un ejemplo para otros estados del país».