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PERSONALIDADES | Juan Gabriel

PERSONALIDADES | Juan Gabriel

Sep 3, 2016

Nació en Parácuaro, Michoacán, con el nombre de Alberto Aguilera Valadez; 66 años después, tras su sorpresivo fallecimiento, el mundo llora a Juan Gabriel, el «Divo de México», uno de los cantautores latinoamericanos más cantados en la historia.

Su contribución a la música es amplio, cantó en diferentes géneros: balada, ranchera, pop, bolero, rumba flamenca, huapango, chicana, salsa, mariachi, sinaloense, disco, big band, entre otros. Su estilo, único y particular, cautivador, el showman mexicano. Durante su carrera, se estima vendió más de 150 millones de discos, además de 75 millones de copias como productor discográfico.

«Juanga», como le decían sus fans, fue el artista que más canciones registró en la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM); sus composiciones han sido traducidas a diversos idiomas y han sido interpretadas por más de mil 500 grupos del mundo. Es el cantante mexicano con más reproducciones en YouTube y el artista latino que más boletos vendió en sus actuaciones en Estados Unidos.

 

Ciudad Juárez, clave en su vida

«Nací en Parácuaro, pero me trajeron a Ciudad Juárez desde los tres meses, por eso mis vivencias nacen ahí», precisó el artista. Hijo de Gabriel Aguilera, arriero, y de Victoria Valadez, campesina, fue el menor de diez hermanos. A los cinco años ingresó a la Escuela de Mejoramiento Social para Menores, donde permaneció ocho años y conoció a Juan Contreras, maestro de hojalatería, quien le enseñó a tocar la guitarra y al cual consideró un segundo padre. De él y de su padre biológico se deriva su nombre artístico: Juan Gabriel.

La ciudad fronteriza fue testigo de su infancia, sus mejores y peores momentos. Con la música en cada poro de su piel, recuerda que desde niño: «Cantaba y bailaba, era una atracción en la escuela». Trabajador, con ánimos de salir adelante, gustaba de lavar carros en Juárez, o de buscar oportunidades en restaurantes, aunque sea lavando platos.

Al viajar a ciudades cercanas en Juárez, cantaba en coros, restaurantes, bares y centros nocturnos. Así inició oficialmente su carrera en 1966, bajo el nombre de Adán Luna, en el mítico sitio que lleva por nombre uno de sus más grandes éxitos: el Noa Noa.

Con el éxito en sus presentaciones noche con noche, comenzó a llamar la atención del público local y visitantes, quienes le ofrecieron contactos para emigrar a la capital del país, para convertirse en un reconocido artista.

 

Ciudad de México: rumbo al éxito

«Lo más difícil es haber nacido, lo demás es fácil, uno puede llegar a ser lo mejor», es una de sus frases más célebres, que el Divo siempre contestó al ser cuestionado sobre su llegada a la Ciudad de México.

Con el miedo de pasar más hambres que en Ciudad Juárez, Alberto Aguilera viajó a la capital del país sin tener éxito alguno; dos años después, ya con un contrato firmado con la disquera Malibú, volvió a probar suerte. Para la anécdota quedan aquellas noches donde durmió en la Estación de Ferrocarriles, en la Terminal de Autobuses, en Alameda Central y en la Villa de Guadalupe.

Fue acusado de robo, injustamente, por lo que tuvo que pasar año y medio en la Penal de Lecumberri; ahí, compuso, cantó y se ganó el respeto de todos, incluido el director del centro penitenciario. Por cuestiones del destino, Queta Jiménez, la «Prieta Linda», acudía a amenizar a los reclusos, conoció a Alberto, quedó encantada y pudo lograr la libertad de aquel joven, para acercarlo a las disqueras más importantes de México.

Las siguientes cuatro décadas son historia: millones de discos vendidos, fama, éxito. Bajo su cobijo, grandes artistas subieron sus bonos, como Rocío Dúrcal, su leal compañera. Sus letras recorren el mundo, se enaltece la figura de Juan Gabriel en un México machista; todos los géneros musicales lo reconocen. Incluso, hace tres conciertos en el Palacio de Bellas Artes, algo que pocos artistas pueden presumir. «Es más de lo que yo soñaba de chiquito», expuso en entrevista realizada por Univisión en el año 2002.

 

Lo que se ve, no se juzga…

«Dicen que es gay, ¿es usted gay?, le cuestionó el periodista Fernando del Rincón. Juan Gabriel sonríe, y contesta: «Yo le respondo con otra pregunta. Dicen que lo que se ve, no se pregunta». Es un extracto del programa Primer Impacto, una de las respuestas más célebres en la vida del cantautor.

Perteneciente a una sociedad machista como la mexicana, Juan Gabriel nunca reveló aspectos de su vida privada, mucho menos de su orientación sexual. Siempre alejado de la polémica; de su vida amorosa, poco se sabe. De sus hijos; sólo sus nombres.

«Con esto nunca vamos a acabar y nadie se va a poner de acuerdo porque las leyendas las inventan los públicos, a final de cuentas dicen que soy un fenómeno, ¿eso qué es?», dijo el artista a Eduardo Magallanes.

 

Del PRI, por siempre

«Ni Temo, ni Chente, Francisco será el presidente», era el lema que grabó en un spot de apoyo para Francisco Labastida, candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional en el año 2000. Y es que Alberto Aguilera nunca negó sus preferencias políticas como militante abierto y reconocido del PRI.

Amigo personal de Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox y Ernesto Zedillo; incluso, dejó un correo electrónico para Enrique Peña Nieto, asegurando que «nunca se irían del PRI». La política no estuvo alejada de la vida de Alberto Aguilera.

 

El adiós del ídolo

La noticia tomó por sorpresa a la sociedad, más porque una noche antes dio un concierto en Los Ángeles, con su entrega total. Artistas, políticos, y gente del mundo lamentó la partida de Juan Gabriel.

En vida siempre fue renuente a los homenajes, prefiriendo los reconocimientos, a su trabajo. «Siento bonito cuando escucho al pueblo cantar, valió la pena buscar dentro del corazón, del alma, del pensamiento frases que se queden», dijo.

El 28 de agosto de 2016, a las 11:17 de la mañana, se apagó la luz de uno de los artistas más talentosos en los últimos tiempos, referente de la música mexicana. En su último mensaje público, felicitó a todas las personas que están orgullosas «de ser lo que son».

Su legado: cerca de dos mil canciones públicas, otras tantas que nunca quiso revelar. A final de cuentas, Alberto Aguilera, «Juan Gabriel», siempre afirmó: «Todo ha sido una experiencia, malo hubiera sido no haber nacido».