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ROBIN WILLIAMS: CARPE DIEM

ROBIN WILLIAMS: CARPE DIEM

Ago 16, 2014

Por José María Pulido

De su talento artístico dejó como prueba cuatro Globos de Oro por sus interpretaciones y dos más honoríficos, así como un par de premios Emmy por su trabajo en televisión y un Oscar de la Academia por la película “Mente indomable”. Dejó en puerta los proyectos “Una noche en el museo 3”, donde interpretó a Teddy Roosevelt; “Merry Friggin’s Christmas”; la serie animada “Absolutely anything”, en donde prestó su voz, y la película “Boulevard”, entre otros.

Pero como dice el lugar común cuando las redes sociales se llenan de opiniones con motivo de la muerte de un famoso como el actor de 63 años: el mejor homenaje es verlo. Y es que Robin McLaurin Williams fue visto por última vez con vida a las 10 de la noche del domingo en su casa de Tiburón, en San Francisco, California.

Ni los médicos de urgencia llegaron a tiempo para salvarlo. Como su vida misma, el actor había regresado a la televisión en 2013 con una comedia titulada “The crazy ones” que fue cancelada apenas en la primera temporada y Williams “había estado luchando contra una severa depresión últimamente”, informó su portavoz Mara Buxbaum, en un comunicado al momento de su muerte.

De acuerdo a AFP, el actor había estado trabajando intensamente este año y en julio decidió ingresar durante varias semanas, un centro de rehabilitación en Minnesota “por precaución”, dijo también entonces su representante.

Williams tenía un largo historial de abusos de cocaína y alcohol que se remonta al principio de la década de 1980 y, aunque mantuvo a raya sus adicciones durante años, recayó en 2006.

En la filmografía, de acuerdo a José Modesto Barros, la película “Patch Adams” es una de las más conocidas, pero sus mejores trabajos se encuentran en “La sociedad de los poetas muertos”, “Despertares”, “Mente indomable”, “Más allá de los sueños” y “Pescador de ilusiones”. Agrega que Williams “tenía la particularidad de pasar de papeles dramáticos a cómicos con suma facilidad”.

Sus interpretaciones van de un padre disfrazado de niñera, un DJ militar insolente en “Buenos días Vietnam”, un asesino o un profesor de literatura rebelde. Hollywood se deshizo en halagos hacia “el hombre más divertido del mundo”, “el genio de la comedia” convertido ya en leyenda, que se alzó con un Oscar a Mejor actor de reparto en 1998 por su particular “energía” en “Good will hunting”, traducida al español como “Mente indomable”.

Williams “se convirtió en el actor que lograba que el público se retorciera de la risa, al tiempo que cultivó su faceta más humana y desinteresada involucrándose en decenas de causas caritativas”, agregaron sus biógrafos. Los famosos, como el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, extendieron sus comentarios al Twitter: “era un hombre especial. Nos hizo reír, nos hizo llorar. Dio su inmenso talento de forma gratuita y generosa a quienes más lo necesitaban”.

Lo mismo hizo Steven Spielberg, quien dijo que “Robin era una tormenta de luz de genialidad humorística y nuestra risa era el trueno que lo sostenía. Era un compañero y no puedo creer que se haya ido”.

Se unieron Steve Martin (“No podría estar más sorprendido por la pérdida de Robin Williams, buena persona, gran talento, compañero de reparto, alma sincera”) y Alfonso Cuarón, quien dijo que “me cuesta creer la muerte de @robinwilliams Estoy estupefacto. Fue un talentoso actor y amado por el mundo del cine. Cuánto dolor”.

Williams Nació en Chicago, Illinois, el 21 de julio de 1951, en 1967 su familia se trasladó a Marina County, en California. En el colegio en el que continuó sus estudios, despertó su interés por el teatro.

A raíz de ello abandonó los estudios de política, con la intención de iniciar una carrera de actor. La casualidad le llevó a ingresar en la prestigiosa academia de interpretación Juilliard School en Nueva York. Tres años después, Williams regresó a California y se instaló en San Francisco, buscando su oportunidad para actuar en comedias teatrales. En 1976 tuvo una prueba y fue contratado, lo que marcó el inicio de su carrera, dice el portal de noticias de AFP.

Casado tres veces –en 2011 contrajo matrimonio con Susan Schneider– y padre de tres hijos, en alguna ocasión fue descrito como bipolar, una enfermedad común entre los artistas. Pero siempre puso buena cara al mal tiempo y mantuvo el humor en sus momentos de mayor debilidad. “La cocaína es la manera que tiene Dios de hacerte comprender que ganas demasiado dinero”, llegó a reconocer.

Escribió Hal Garbe que “con su penetrante mirada y su camaleónico rostro, el actor exploró todos los registros de las emociones del ser humano con un delicado equilibrio entre las risas y las lágrimas. “Al margen de sus interpretaciones, también se forjó una respetada reputación con su capacidad por imitar acentos y modificar su voz, que prestó al carismático ‘Aladdin’ de Disney o al film ‘Robots’”.

Pero no sólo tuvo éxitos, además de su severa depresión, Robin Williams se encontraba en fase temprana de Parkinson, según reveló su viuda Susan Schneider, quien compartió que el afanado estrella de la comedia estadunidense había optado por mantener en secreto el nuevo padecimiento que se le diagnosticó. Y en 2009 tuvo que afrontar una delicada operación de corazón, en la que los médicos le cambiaron las válvulas aórtica y mitral para regularle su ritmo cardíaco.

Por eso es mejor quedarse con sus trabajos de la pantalla grande, como “Mrs. Doubtfire” (1993), una de sus interpretaciones más logradas y que quedará grabada en la retina del público y donde interpreta a una niñera un personaje inventado por un padre divorciado en su esfuerzo por mantenerse cerca de sus hijos.

Williams también demostró una gran sutileza en “En busca del destino”, por la que en 1998 logró el único Oscar de sus casi 40 años de carrera, un premio que recompensó su papel como psicólogo que ayuda a un hombre superdotado con problemas físicos. Una década antes, en 1989, dio vida a un profesor de literatura inglesa y grandes ideales en “La sociedad de los poetas muertos”, una película que marcó a toda una generación. Este maestro, que hacía decir a su alumnos “Capitán, oh mi capitán”, preconizaba que hay que vivir la vida bajo el lema del “carpe diem”, unas palabras que marcaron a todos aquellos que sucumbieron al filme.

Del otro extremo del abanico dramático se puso en la piel de los personajes más oscuros y retorcidos, como el asesino en serie de “Insomnia” o el gerente trastornado de un fotomatón que acosa a una familia en “Retratos de una obsesión”, ambas de 2002. El dato irónico de su vida es que la película “Los Juegos del Hambre” se queda sin dos de sus personajes clave, ambos por muerte, Philip Seymour Hoffman y Robin Williams.

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