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CHARROS LE RINDE TRIBUTO AL «TORO» VALENZUELA: RETIRAN EL NÚMERO 34 QUE UTILIZÓ

CHARROS LE RINDE TRIBUTO AL «TORO» VALENZUELA: RETIRAN EL NÚMERO 34 QUE UTILIZÓ

Nov 15, 2014

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Más de 11 mil aficionados al beisbol lo ovacionaban al tiempo que realizó algunos movimientos de calentamiento, pintó círculos grandes con su brazo izquierdo y tiró dos lanzamientos: 1.- Una recta de revire a la primera base en donde se encontraba su hijo Fernando Valenzuela Jr., y 2.- Un tradicional lanzamiento de «tirabuzón» al home, como aquellos que lo llevaron a la fama con los Dodgers de Los Ángeles en el inicio de la década de los ochenta.

Con la parsimonia con la que vive un toro fino que se ha retirado a los corrales a disfrutar de su vida como el rey del hato ganadero, saltó al diamante de los Charros de Jalisco Fernando Valenzuela, «El Toro» de Etchohuaquila, Sonora, para recibir el primero de tres homenajes que se rindieron por su brillante trayectoria en el beisbol mundial.

A ritmo de un arrastre lento como el que se le da a los mejores bureles alrededor del tercio en una plaza de toros; o con la gallardía con la que se regresa por la puerta grande a los corrales, un toro que por su calidad fue indultado como premio para que disfrute de las vaquillas y para que prolongue su descendencia, «El Toro» Valenzuela se trepó de nueva cuenta a la lomita.

Más de 11 mil aficionados al beisbol lo ovacionaban al tiempo que realizó algunos movimientos de calentamiento, pintó círculos grandes con su brazo izquierdo y tiró dos lanzamientos: 1.- Una recta de revire a la primera base en donde se encontraba su hijo Fernando Valenzuela Jr., y 2.- Un tradicional lanzamiento de «tirabuzón» al home, como aquellos que lo llevaron a la fama con los Dodgers de Los Ángeles en el inicio de la década de los ochenta.

Flanqueado por decenas de niños que vestían el uniforme de los Charros de Jalisco, la misma franela que «El Toro» Valenzuela defendió en los primeros años de la década de los noventa, el homenajeado recibió de manos del presidente de Charros, Armando Navarro, una placa como reconocimiento a su trayectoria y posteriormente apoyado por un video multimedia transmitido en la pantalla gigante del estadio, fue retirado el uniforme No. 34 que fue el que siempre utilizó el mejor beisbolista mexicano de todos los tiempos.

Le siguieron los juegos pirotécnicos, porras, la ola y el tradicional «¡Oeeeehhh, oeeeehhh, oeeeehhh, oeeeeeehhh… Toro… Toro…!

Esta escena se vivió al término de las seis entradas completas del primer juego de la serie entre Charros de Jalisco, los líderes de la Liga Mexicana del Pacífico y Tomateros de Culiacán, un equipo que se encuentra a la mitad del standing.

CHARROS SIGUE ENRACHADO

Fernando Valenzuela era el personaje del día, pero todos los peloteros de Charros de Jalisco querían mostrar sus aptitudes para halagar al invitado de honor, y lo cumplieron.

Aunque el juego lo empezó ganando Tomateros en la cuarta entrada, con un cuadrangular solitario del jardinero izquierdo Nick Buss, Charros empató por la misma ruta del jonrón solitario de Márquez Smith.

Tomateros se puso arriba de nuevo en la apertura de la sexta, pero en el mismo inning Charros sacudió a Culiacán, cuando con casa llena vino al plato el bateador designado Japhet Amador y el llamado gigante de Mulegé pegó un batazo a lo profundo del jardín central que tapó al filder para vaciar las almohadillas y enviar a la registradora tres carreras y poner a Charros arriba 4-2.

En la séptima entrada los Tomateros de Culiacán amenazaron de nuevo y movieron la pizarra 4 carreras por 3, la octava los culichis amenazaron y colocaron a dos hombres en base con dos outs, pero no pasó de allí y la rebelión fue sofocada.

Y en la novena vino el as del relevo de Charros, el espigado norteamericano Brian Broderick, quien volvió a mostrar ser el mandón del cuerpo del bullpen de Charros y logró el salvamento número diez en diez participaciones. El último out y la última llamada y del bat sinaloense salió un rayo por la primera, que «El Torito» Fernando Valenzuela Jr. descolgó con lujo de facilidad y elegancia, para ponerle la cereza al pastel y consumar así el triunfo de Charros, que lo reafirma en la cima del standing de la LMP.

EL BUEN FIN DEL «TORO»

Este fin de semana fue un verdadero «buen fin» para Fernando Valenzuela, ya que previo al juego del viernes recibió un reconocimiento por parte del Ayuntamiento de Zapopan en el marco de una sesión de cabildo.

El sábado, «El Toro» develó una estatua de bronce que la novena albiazul mandó hacer para rendirle un merecido homenaje a quien ganara el premio Cy Young y el Novato del Año en 1981 y que quedó instalada en la explanada del estadio de beisbol.

Mientras que el domingo, Fernando Valenzuela llevó a cabo una firma de autógrafos a un grupo de niños que obtuvieron una de las 2 mil manoplas que obsequió Charros de Jalisco a los pequeñines con boleto pagado que asistieron al estadio.

LA GRAN TRAYECTORIA

Sin lugar a dudas Fernando Valenzuela ha sido el mejor pitcher mexicano desde su debut en Grandes Ligas, por allá en septiembre de 1980 con los Dodgers de Los Ángeles, con quienes un año después lo ganaría todo, el Novato del Año, el premio Cy Young al Mejor Lanzador y por si esto fuera poco, le ganaría un juego a los Yanquis de Nueva York en aquella serie mundial del 81.

Jugó 10 temporadas con los Dodgers, aunque también en Grandes Ligas, en los siguientes 7 años vistió las franelas de los Angelinos de California, los Orioles de Baltimore, los Phillies de Philadelphia, los Padres de San Diego y los Cardenales de San Luis.

Dentro de las hazañas de «El Toro» Valenzuela se recuerda que en el Juego de Estrellas de 1986 ponchó a 5 bateadores de la Liga Americana consecutivos para empatar el récord impuesto por el también lanzador zurdo e igualmente experto en bolas de tirabuzón, Carl Hubbell, en la edición de 1934.

Los 5 ponches consecutivos de «El Toro» de Etchohuaquila, como se le conoce a Fernando, en el Juego de Estrellas de 1986 fueron al 1B Don Mattingly de los Yankees de Nueva York, SS Carl Ripken, Jr. de los Orioles de Baltimore, JD Jesse Barfield de los Azulejos de Toronto, 2B Lou Whitaker de los Tigres de Detroit y a su compatriota, el pitcher Teodoro Higuera de los Cerveceros de Milwaukee.

El 29 de junio de 1990, Fernando Valenzuela cerró su ciclo con los Dodgers de Los Ángeles, no sin antes lograr la hazaña de lanzar un juego sin hit ni carrera, en contra de los Cardenales de San Luis.

En México, Valenzuela fue firmado como jugador profesional por los Mayos de Navojoa en 1977, después de un Torneo Nacional de 1ª. Fuerza celebrado en La Paz, B.C.S., fue enviado al equipo de Guanajuato de la Liga Central.

Para la siguiente temporada pitcheó para los Leones de Yucatán en la Liga Mexicana en donde llamó la atención del scout cubano «Corito» Varona quien no dudó en recomendarlo con el cazatalentos cubano-estadounidense Mike Brito y fue comprado por los Dodgers en julio de 1979.

También en la Liga Mexicana de Verano jugó para los Charros de Jalisco en 1991 y en la Liga Mexicana del Pacífico jugó la mayor parte del tiempo para los Mayos de Navojoa, luego para los Naranjeros de Hermosillo y en las tres últimas temporadas (2004-2005, 2005-2006 y 2006-2007) lo hizo para Águilas de Mexicali.

LA FERNANDOMANÍA

La grandeza de Fernando «El Toro» Valenzuela no sólo se da desde la loma y en el diamante, sino en cada uno de los actos de su vida, y en un gesto de humildad, de sencillez y de buen corazón, determinó donar todo el dinero obtenido a través de la venta de gorras, chamarras y franelas con su nombre y su número en el uniforme de Charros de Jalisco, para beneficiar a los niños del Organismo de Nutrición Infantil /ONI).


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