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La delincuencia futura inicia con la violencia infantil y juvenil

Ha pasado más de una década desde que nuestros vecinos territoriales (Estados Unidos) sufrieron una masacre, que dejó una huella ensangrentada a nivel escolar.

Eric Harris y Dylan Klebold, dos adolescentes, que habían sido víctimas de bullying, entraron a la secundaria Columbine, en Colorado, armados con dos escopetas y varios dispositivos explosivos caseros, en donde asesinaron a 13 personas (12 alumnos y un profesor), minutos después se quitaron la vida.

Ahora, los actos violentos escolares que se vivían fuera de nuestro país, nos están comiendo los talones, ya hemos sido alcanzados por esta corriente de vandalismo, violencia, homicidios y suicidios dentro de las instituciones escolares tanto públicas como privadas.

El fenómeno de violencia entre compañeros no es un fenómeno nuevo, ha existido durante años, sin embargo, no existen estadísticas antes de la década de los 70 para poder afirmar si ha crecido o no.

Una de las grandes incógnitas que es necesario preguntarse sobre el bullying, es: ¿Por qué razón existe el acoso escolar? ¿Cuál es el origen de tal acoso? ¿Por qué el niño se vuelve un agresor? ¿Hasta qué punto la “carrilla” se vuelve acoso? ¿Qué nos está sucediendo como familia y sociedad?

Estudios internacionales han demostrado que el comportamiento agresivo del niño, es un comportamiento aprendido y tiene una trayectoria. No es que aparezca de repente un agresor en la escuela, éste tiene una historia previa, por lo tanto la escuela puede potencializar o no esa condición violenta.

Precisamente para abordar esta problemática el Congreso del Estado organizó el Foro para analizar y discutir el problema de la violencia y acoso en las escuelas, mejor conocido como “bullying” y que tiene como propósito considerar los diversos ángulos de la problemática para diseñar la nueva legislación en este campo.

La diputada priísta Rocío Corona Nakamura había presentado una iniciativa de ley tendiente a legislar sobre el maltrato entre iguales. La propuesta contempla una ley de 57 artículos en donde se establece como principio fundamental del derecho de niños y adolescentes a vivir en un ambiente libre de violencia, explica la legisladora.

En el foro se dio a conocer el gran problema que envuelve a Jalisco ha sido que no hay claro un nivel de incidencia, porque los alumnos viven los tres roles, observadores pasivos, víctimas y agresores en periodos en los cuales no son predecibles y son detonados por mecanismos que ni ellos saben.

Otro de los problemas que los investigadores han señalado ha sido la difícil identificación que tiene el niño como víctima, es decir, los estudiantes que son molestados, no lo admiten, ya sea por vergüenza, intimidación o por creer que es un juego o accidente.

Entre los factores más comunes que propicia el bullying, es la falta de atención por parte de la familia, la desaparición de los valores, violencia intrafamiliar, sobrecupo en las aulas, falta de autoridad en los institutos escolares, la visión social nacional e internacional y los mensajes violentos que transmiten los medios masivos.

De agresores infantiles a futuros delincuentes

Varios psicólogos e investigadores han concordado en que el niño agresor que no es atendido puede llegar a ser un delincuente. Según estudios hechos en Noruega, antes de los 24 años, el 60% de los bullie (agresores) habrá cometido algún delito.

En cuanto a la escala internacional, en España se habla de una victimización de un 5 hasta el 25%, Portugal con un 22%, Estados Unidos con el 32% y específicamente en Jalisco se encuentra con un 24%.

“En un lapso de 10 años en el país han ocurrido 26 homicidios, cuya sede ha sido la propia escuela”, señala María Guadalupe Vega López, investigadora CUCS.

En el Foro Contra la Violencia Escolar impartida en el Congreso del Estado, en donde se contó con la presencia de investigadores, psicólogos y funcionarios públicos, María Guadalupe Vega, investigadora por parte del CUCS explicó los resultados obtenidos de la encuesta patrocinada por la Conacid, en la cual mil 706 alumnos de secundarias de la ZMG fueron cuestionados.

“La escuela es un escenario de reproducción social, por lo tanto refleja de alguna manera las condiciones sociales de asimetría, discriminación, relación clasista y de inequidad social (…) La escuela es un espejo de lo que nos está ocurriendo de la sociedad en general”, apunta la investigadora.

María Guadalupe Vega explicó que en la secundaria, el alumno puede recibir un máximo de ocho lesiones. Según las encuestas realizadas y analizadas por el CUCS, el 42% han recibido un tipo de agresión. Entre uno a dos agresiones ocupa el 86%. Y el 1% recibe seis tipos de agresiones.

“Los agresores reconocen que en un 56% han agredido con lesiones a un compañero, pero la víctima lo reconoce en un 10%. El 13% de los agresores aceptan haber hecho actos de vandalismo y el 6% de las víctimas lo reconoce… La víctima reconoce menos la agresión de lo que el agresor manifiesta”, advierte la exponente.

“Ahí se disfraza porque ocurre en el lugar de juegos, en una entrada violenta, la víctima puede decir que fue un accidente, pero en la investigación el agresor está diciendo que tenía toda la intención de dañar”, abunda.

Escala de intimidación

Otros de los cuestionarios impartidos fue el denominado escala de intimidación en donde el nivel uno, significa que la víctima recibió la agresión pero no le preocupa, en cambio el nivel tres es cuando le preocupa.

El 43% dice sentirse altamente agredido en la violencia física sin heridas, en cuanto a la agresión físicas con heridas es menos, con un 13%. “Parecería que se esconde mejor la agresión física con lesiones”, analiza.

Ser víctima en la familia, aumenta tres veces ser un agresor en la escuela. Además, si en las escuelas hay normas, el no reconocerlas, incrementa dos veces el riesgo de ser un agresor.

Para la investigadora, es alarmante que los alumnos pasen horas de la casa sin supervisión. “Cuando interrogamos a los muchachos del Centro de Atención Integral Juvenil observamos que de los cuestionados, el 30% salieron de la escuela de adolescentes porque cometieron transgresiones dentro de la escuela… La permanencia en la escuela es un factor protector, evita que el muchacho llegue a cometer delitos”, asegura.

“La violencia está presente dentro de las escuelas”; Isabel Valadez Figueroa, señala la investigadora del CUCS.

“Los alumnos están más preocupados por el maltrato entre iguales, persiste gracias a la ignorancia o a la pasividad de la gente que rodean a los agresores y a las víctimas, es ignorancia porque no saben qué hacer o porqué es más fácil decir no sé”, advierte la investigadora Isabel Valadez.

Para Valdez Figueroa, el bullying es repetitivo con periodos de descanso y gracias a esto el alumno desarrolla una mentalidad paranoide.

“Hay una conducta verbal y no verbal ligada a contenidos sexuales de una manera intensamente agresiva. Las agresiones son indistintamente, no hay diferencias entre mujer y hombre”, indica.

Además, aseguró que en el bachillerato sobresalen los golpes en las partes íntimas, y las amenazas para que la víctima haga cosas que no quiere hacer. El maltrato psicológico es el más fuerte.

“Los apodos aparecen con mucha fuerza y algunos los consideran chidos. Los prefectos y equipos de apoyo pueden evaluar como está la situación, sin embargo tanto los maestros como alumnos se justifican por la edad, lo catalogan como algo normal o un juego”, comenta la exponente.

La culpabilidad

La tercera parte de las víctimas jaliscienses han declarado que se lo merecen, entrando por consecuente en una fase psicopatológica, de tal forma que el estudiante se cree culpable por ser débil o cobarde.

“Se está autoinculpando, esas víctimas son las que van a ser víctimas la mayor parte de su vida”, apunta.

Otra de las provocaciones, se centran en la diferencia, ya sea porque viste mal, huele mal, o porque son diferentes. Y los supuestos conflictos entre víctimas y agresor, como el mirar feo, el decir algo de mala manera.

Otras de las exponentes en el Foro Contra la Violencia Escolar, fue la doctora Claudia Chan Gamboa, investigadora del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, quien dio a conocer un estudio que se realizó con los menores infractores, respecto a la socialización y normas, un 55.9% dijo que no tenían en sus casas normas y un 35% que sí había normas pero sólo las cumplían un 8.8% de los menores infractores.

Entre los factores de riesgo, se dio que de 370 niños entrevistados el 46% consumía drogas y un 30% tenían familiares que habían cometido actos delictivos, de ellos el 16.7% fueron los hermanos.
Como se pudo evaluar dentro del foro, la problemática del acoso escolar, o denominado bullying, es de índole multifactorial. No es moda, y nos compete a todos. Ya sea en nivel primaria o universitaria, el acoso escolar está presente, y las consecuencias son fatales.

El trabajo sugiere una corresponsabilidad entre la familia, escuela y sociedad, para que en México no lleguemos a los extremos y tengamos que cargar en nuestra espalda el dolor de la sangre derramada de niños y adolescentes.