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LOS ENREDOS DE TRUMP, CRECE EL INCENDIO DEL RUSOGATE

LOS ENREDOS DE TRUMP, CRECE EL INCENDIO DEL RUSOGATE

Mar 4, 2017

Por Gabriel Ibarra Bourjac

El fuego sigue creciendo en el entorno del presidente Donald Trump por la intervención rusa en la elección presidencial de los Estados Unidos. Después de rodar la primera cabeza del nuevo gobierno, con la renuncia del general Michael Flynn, efímero asesor de seguridad nacional, ha salido a la luz pública que hay más involucrados por haber mantenido relaciones con los rusos, antes de que el magnate hubiera tomado posesión de la jefatura de la Casa Blanca.

En campaña el hoy fiscal general, Jeff Sessions, en su comparecencia ante el Senado, ocultó que en pleno ciberataque del Kremlin había tenido comunicación con el embajador de Rusia, lo que provoca que siga creciendo el fuego en el círculo de poder de Donald Trump.

En campaña el hoy procurador se entrevistó dos veces con el embajador ruso en Washington, en noviembre lo hizo el destituido asesor de seguridad nacional, Michael Flynn y en diciembre el yerno de Trump, Jared Kushner.

Escribe el periodista y analista político, Juan María Naveja, que el involucramiento de estos tres personajes del círculo íntimo de Trump en la elección de Estados Unidos «son demasiados acercamientos entre dos países con amplias diferencias».
Naveja pregunta: «¿Es posible creer que fueron encuentros meramente diplomáticos con un embajador que se formó en la era soviética, se le considera un espía experto y además reclutador de agentes de inteligencia?»
«Lo dicho, la sombra de Putin persigue a Trump. Lo de hoy contra el procurador Sessions no se resolverá con una renuncia, llevará, necesariamente, a una investigación».

Y el periodista mexicano, especializado en política norteamericana, hace notar que «pocos han reparado que, contra su diaria costumbre, Trump no amaneció vilipendiando a los medios por la revelación que hizo la noche del miércoles The Washington Post».

LOS DEMÓCRATAS PIDEN DESTITUCIÓN DEL FISCAL

Después de develarse estas conversaciones del fiscal general con el embajador ruso Sergey Kislyak, los demócratas pidieron su dimisión, en tanto que los republicanos se inhibiesen, mientras que Trump lo defiende: «es un hombre honesto, y no dijo nada malo; pudo ser más claro, pero no fue intencionado».

El corresponsal de El País en Washington, Jan Martínez, considera que el presidente Trump ha perdido una batalla crucial, luego que el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, uno de sus hombres de mayor confianza, decidió inhibirse en todas las investigaciones sobre la conexión con el Kremlin y la campaña electoral del magnate multimillonario. La decisión fue tomada luego que se hiciera público que Sessions había ocultado al Senado sus reuniones con el embajador ruso en pleno ciberataque de Moscú contra el partido de Hillary Clinton.

DOS REUNIONES

The Washington Post, que se ha convertido en una terrible pesadilla para el gobierno de Trump, publicó este miércoles que el embajador ruso había sostenido encuentros dos veces con el senador Sessions y la última cita se celebró en septiembre, coincidiendo con el momento más intenso del ciberataque del Kremlin contra el Partido Demócrata.

El fiscal, ante las evidencias, argumentó que no había tenido contacto con ningún funcionario ruso para tratar temas de campaña y aseveró que sus encuentros obedecieron a sus tareas como miembro del Comité de Servicios Armados, pero sus palabras fueron poco convincentes, incluso para sus propios compañeros de partido.

A la pregunta del senador demócrata Al Frenken qué haría si tuviera conocimiento del vínculo de algún miembro de la campaña de Trump con el Kremlin, respondió: «No soy consciente de ninguna de esas actividades. Fui llamado una vez o dos a trabajar en la campaña, y no he tenido comunicación con los rusos. No tengo capacidad para contestar».

Los demócratas, ante esta posición, decidieron pedir su dimisión. «Sessions no cumple los requisitos para ser el primer ejecutor de la ley en nuestro país; ha mentido bajo juramento y debe dimitir».

Los demócratas demandaron abrir una comisión independiente para investigar las conexiones políticas personales y financieras de Trump con los rusos, planteó el líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi; igual propuesta hizo el líder del senado demócrata, Chuck Schumer.

Los republicanos, por su parte, aceptaron parte de las críticas y solicitaron al fiscal que aclare su situación, y si es necesario se inhibiese de las investigaciones abiertas, pero el problema que se advierte es que la cabeza del Departamento de Justicia y del FBI podría contaminar las indagaciones que están en marcha para desenredar lo que hay detrás de estos encuentros con la gente del Kremlin.

Se advierte, de la misma forma, que su presencia podría hasta alterar las indagaciones y si los indicios tienen la fuerza suficiente, podría llegarse a que su mismo personal lo interrogue, lo que lo pondría en un papel de vulnerabilidad.

En este escenario, Sessions, en una repentina rueda de prensa compareció para tratar de sostener que en momento alguno había mentido al Senado y repitió lo que ha dicho en otras ocasiones: que las conexiones rusas estaban ligadas a la campaña electoral, en tanto que ha expresado que en su visita al embajador del Kremlin estuvo acompañado por tres asistentes, dos de ellos coroneles retirados.

EL PRIMERO EN CAER

Michael Flynn era de las personas más poderosas del nuevo gobierno del presidente Donald Trump, pero apenas duró 24 días en el cargo. Estaba llamado a ser el guardián y guía de un presidente sin experiencia de asuntos militares ni de política exterior.

Antes de que asumiera la presidencia mantuvo conversación telefónica con el embajador ruso en EU, en el que habló de las sanciones que le aplicó el gobierno del presidente Barack Obama, por interferencia en la campaña presidencial norteamericana en beneficio de Trump, lo que propició que fueran expulsados 35 funcionarios rusos acusados de hackeo durante las elecciones.

La información sería filtrada a The Washington Post, quien además revelaría el general Flynn había mentido a altos funcionarios del gobierno, entre estos al vicepresidente Mike Pence sobre la naturaleza de su conversación con el embajador ruso, y que en esa condición era altamente vulnerable a los chantajes de Rusia.

EL YERNO PODEROSO

El influyente yerno del presidente de Estados Unidos, Jared Kushner, también se reunió con el embajador ruso Sergey Kislyak en la Trump Tower de Nueva York en diciembre pasado, conforme lo dijo un funcionario de la Casa Blanca. El encuentro se dio al lado del exasesor de seguridad nacional, Michael Flynn, aunque el informante señala que la reunión fue un encuentro muy breve de cortesía. Sin embargo, el funcionario de la Casa Blanca no detalló qué fue lo que platicaron.

LO QUE TRUMP HA SEÑALADO

Las informaciones sobre los contactos entre su equipo de campaña y la inteligencia rusa «son falsas», ha remarcado Donald Trump, al igual que las supuestas conversaciones de su exconsejero de Seguridad del Interior, Michael Flynn, con el embajador ruso, como lo afirmó el jueves 16 de febrero.

«Son informaciones falsas (…) Pueden decir lo que quieran sobre Rusia, son informaciones falsas inventadas para compensar la derrota de los demócratas y la prensa les sigue la corriente», remarcó Trump en rueda de prensa en la Casa Blanca.

«El verdadero escándalo aquí es que información clasificada está siendo entregada por la inteligencia como caramelos», irritado recriminaría Trump. Fue cuando el magnate inmobiliario convertido en el jefe de gobierno del país más poderoso del mundo arremetió contra la prensa y los servicios de inteligencia norteamericanos.

Cuando el presidente norteamericano se esforzaba por apagar el incendio que generó la filtración de las reuniones de Michael Flynn con diplomáticos rusos, The New York Times reveló que otros integrantes del equipo electoral de Trump habían mantenido contacto con el Kremlin y agentes de inteligencia rusa durante la campaña electoral.

Conforme a cuatro fuentes citadas por el NYT, las fuerzas de inteligencia y seguridad de los Estados Unidos interceptaron las comunicaciones de varios asesores de Trump encuadrados en la investigación sobre el ciberespionaje durante las elecciones norteamericanas.

Trump atacó a los servicios de inteligencia norteamericanos y a los dos medios más influyentes de los Estados Unidos. «La comunidad de inteligencia está dando información ilegalmente a los fracasados The New York Times y The Washington Post», escribió en su cuenta de twitter.

El propio Donad Trump, que se distingue por su discurso beligerante y nacionalista, ha generado sospechas por su trato aterciopelado contra el gobierno de Rusia y su presidente Vladimir Putin, cuando lo ha elogiado en varias ocasiones. Incluso, hace unas semanas dejó estupefacto a un periodista de la cadena Fox, Bill O’Reilly, quien le preguntó por qué respetaba a Putin, «es un asesino», a lo que el presidente le respondió: «Hay muchos asesinos, muchos asesinos… ¿te crees que nuestro país es tan inocente?»

La preocupación de los demócratas es qué le sabe el Kremlin a Donald Trump, información que podrían estar utilizando para extorsionarlo y en esas condiciones un presidente de Estados Unidos, que está sujeto al chantaje resulta muy vulnerable.

Por parte de los republicanos, no han faltado las críticas. Los senadores del partido que postuló a Trump, John McCain y Lindsey Graham han sido los senadores más críticos desde el principio hacia Trump.

Graham expresó a la cadena Fox que «si hubo contactos inapropiados, sería el momento en que el Congreso forme una comisión para llegar a todo lo que tenga que ver con Trump y Rusia». McCain, a su vez, expresó que «esto es disfuncional en cuanto afecta a la seguridad nacional. ¿Quién está al mando? ¿Quién está al mando?», cuestionó.

EL ESCÁNDALO DEL WATERGATE QUE TUMBÓ AL PRESIDENTE NIXON

Richard Nixon fue el presidente número 37 de los Estados Unidos, del 20 de enero de 1969 al 9 de agosto de 1974 y tuvo como vicepresidentes primero a Spiro Agnew (1969-1973) y a Gerald Ford (1973-1974). Fue también el vicepresidente número 36 de los Estados Unidos con Dwight Eisenhower; fue senador por el Estado de California y miembro de la Cámara de Representantes de EU.

El caso de Watergate poco lo conocen las nuevas generaciones. Sucedió en la década de los setenta provocado por el robo de documentos en el complejo de las oficinas Watergate, Washington, D.C., sede del Comité Nacional del Partido Demócrata y el posterior encubrimiento del gobierno del entonces presidente Richard Nixon a los responsables.

Es la última ocasión en que un presidente de los Estados Unidos es orillado a renunciar ante el inminente juicio político que se le avecinaba por haber cometido perjurio.

Al destaparse la conspiración, el Congreso de los Estados Unidos abrió una investigación, encontrándose con la resistencia del gobierno del presidente Nixon a la investigación y generando así una confrontación que derivó en una crisis política.

La investigación arrojaría una diversidad de actividades que se consideró la guerra sucia desde el poder contra el Partido Demócrata, con la realización de una serie de actividades ilegales y clandestinas, en la que estuvieron involucradas personalidades del equipo de gobierno de Nixon, que incluían actividades de acoso a opositores políticos y a personas o funcionarios considerados como sospechosos.

A Nixon y funcionarios se les acusó de utilizar el Estado contra figuras políticas de la oposición, haciendo uso de organizaciones policiales o servicios de inteligencia, como la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o al Servicio de Impuestos Internos (ISR).

El escándalo destapó múltiples abusos del gobierno de Nixon y que concluyó con la separación del presidente del mando de la Casa Blanca, entrando en su lugar el vicepresidente Gerald Ford en agosto de 1974.

Fueron 69 personas a las que salpicó el escándalo político de las cuales 48 fueron encontradas culpables y encarceladas, un buen número habían sido funcionarios del gobierno que encabezó Nixon.

Todo empezó con la detención de cinco hombres por el allanamiento del complejo Watergate del Partido Demócrata el 17 de junio de 1972 al encontrar el FBI conexión entre los ladrones y el dinero negro utilizado por el Comité para la Reelección del Presidente (CRP) que era la organización oficial que apoyaba la campaña de Nixon y el Partido Republicano.

Gracias a los testimonios de antiguos funcionarios del gobierno de Nixon, las investigaciones del Comité Watergate del Senado norteamericano se descubrió que Nixon tenía en sus oficinas un sistema de cintas de grabación y que muchas conversaciones habían sido grabadas y tras una serie de batallas legales, la Corte Suprema de los Estados Unidos ordenó que el presidente debía entregar las cintas a los investigadores gubernamentales, a lo que finalmente accedió el presidente.

Las grabaciones implicaban directamente a Nixon en este escándalo al descubrirse que había tratado de encubrir el robo. El presidente con esos elementos en su contra habría sido objeto de un impeachment (proceso de destitución) por parte de las dos cámaras del Poder Legislativo del Gobierno de Estados Unidos. El 9 de agosto Nixon renunció a la Presidencia y su sucesor, Gerald Ford, también republicano, le otorga el perdón presidencial.

Esa es la razón que desde entonces cualquier escándalo de espionaje el nombre de «Watergate» y el sufijo «gate» se han convertido en sinónimo de escándalos políticos en el mundo, pero en particular en Estados Unidos.