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El peligro de una guerra nuclear: Las potencias militares le apuestan al horror nuclear

El peligro de una guerra nuclear: Las potencias militares le apuestan al horror nuclear

Jul 15, 2017

Por Cayetano Frías //

A principios de la década de los ochenta del siglo pasado, el inventario de cabezas nucleares que tenían cinco gobiernos, oscilaban entre 40 mil y 50 mil, según reportó la Comisión encabezada por Olof Palme, quien fuera presidente de Suecia – y asesinado en el cargo-, a través de la cual se entregó un informe a la Organización de las Naciones Unidas, concluyendo que un enfrentamiento con estas armas, no tendría ganador y pudiera extinguirse la vida humana en el planeta.

A principios de este mes, The Stockholm International Peace Research Institute, informó que se estima el inventario de los nueve países con un total de cabezas nucleares de 14 mil 935, de las cuales 4 mil 150 están emplazadas y listas para lanzar un ataque. Las restantes 10 mil 785 cabezas se encuentran almacenadas o en reserva.

Las cifras deben tomarse con reservas, dado que en el caso de Israel no pertenece al Tratado de no Proliferación Nuclear e igual que en el caso de Corea del Norte, son estimaciones. De acuerdo al Natural Resources Council y a la Federación of American Scientists, Israel tiene entre 200 y 500 cabezas nucleares.

Hasta principios de los ochenta del siglo pasado solo los gobiernos de Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia, tenían en sus inventarios esas armas, las cuales han aumentado su capacidad de destrucción de forma exponencial, comparadas con las de 1945. A la fecha se han sumado India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.

Erróneamente, esos cinco países que conforman al Consejo de Seguridad de la ONU y a la vez los principales exportadores de armas convencionales, argumentaron y lo siguen haciendo, que mantener y modernizar sus inventarios nucleares, disuade al resto de los países de adquirirlas o desarrollarlas.

Corea del Norte ha sido el último en contradecirlos y desarrollar cabezas nucleares y realizar pruebas, con los mismos argumentos de las cinco potencias: tener derecho a defenderse de las amenazas de EU y sus aliados. En lugar de disuadirlo, lo motivaron.

El día 8 de este mes se aprobó con 122 votos en la ONU, el convenio que prohíbe el desarrollo y almacenamiento de armamento atómico, así como la amenaza de utilizarlo, el cual se pondrá a disposición de los países para su ratificación a partir del 20 de septiembre.

De inmediato Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, emitieron un comunicado advirtiendo que nunca se integrarán a ese tratado, porque ¨no toma en cuenta las realidades del ambiente de seguridad internacional¨, además de que ¨es incompatible con la política de disuasión nuclear que ha sido esencial para la preservación de la paz en Europa y en el norte de Asia durante más de 70 años¨.

Los tres países precisan que seguirán dentro del Tratado de no Proliferación Nuclear, que pugna por la reducción de inventarios y mayor control de los insumos para desarrollar esas armas. Los otros seis países con este armamento, tampoco participaron en la negociación.

Sin embargo, desde la presidencia de Barack Obama, EU aprobó un programa de modernización del arsenal nuclear, con una inversión de 400 billones de dólares entre 2017 y 2026. Rusia también anunció un proyecto similar, sin definir montos de gasto.

Desde los ochentas del siglo pasado, en su informe la Comisión Independiente sobre Asuntos del Desarme y la Seguridad que encabezó Olof Palme, éste advirtió que la competencia entre potencias militares, junto con la proliferación de armamentos nucleares y convencionales avanzados, habían complicado algunos conflictos políticos y envenenado la atmósfera para las negociaciones pacíficas.

¨En algunos casos la carrera armamentista está conduciendo a equilibrios militares cada vez más inestables, lo que sugiere que, si se presenta alguna crisis, las probabilidades de guerra serían mayores. La amenaza de guerra incluso nuclear, es más ominosa en la actualidad que desde hace muchos años¨, precisó como si describiera la situación actual.

PERO, ¿QUÉ PROVOCA UNA BOMBA NUCLEAR?

El 6 de agosto de 1945, dos relámpagos precedidos de sendas explosiones equivalentes a 20 mil y 10 mil toneladas de dinamita respectivamente -consideradas de bajo rendimiento-, al irradiar calor hasta de 10 millones de grados centígrados, destruyeron las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, desintegraron a las personas y causaron más de 340 mil muertes de civiles.

A los pocos segundos, sigue a la luz y el calor una onda explosiva, seguida por vientos huracanados, suficientemente poderosos como para arrancar de raíz los postes telefónicos y los árboles, volcar camiones y barrer a los seres humanos a una gran velocidad. La compresión del aire aplasta edificios, afloja ladrillos y adoquines que lanza en todos los sentidos y derriban todo lo que se encuentra a su paso. Nadie sobrevive en un radio de 1.5 kilómetros.

Al enfriar, se forma una nube en forma de hongo de 6 kilómetros de altura y 4 de diámetro, que es una masa de átomos radiactivos algunos letales que son suficientes para matar a quien haya sobrevivido. Aún cuando su mortalidad se disipa con rapidez, los materiales radiactivos de la explosión pueden recorrer miles de kilómetros y no llegar al suelo durante semanas. En las décadas que siguen, serán grandes los riesgos de cáncer y, quizá de defectos genéticos.

Ni los nacidos, ni los por concebir, pueden escapar a los efectos de la guerra nuclear.

Los efectos secundarios son la destrucción de tuberías, hospitales, incendios, el no acceso para atender sobrevivientes, la falta de médicos y material quirúrgico devendría en mayor cantidad de muertes hasta por infecciones leves, además de la contaminación de alimentos y tierras cultivables. Tan solo estas dos bombas nucleares “de bajo rendimiento”, causaron esa devastación. Actualmente hay bombas nucleares cuya fuerza expansiva equivale a un millón de toneladas de dinamita.

El informe entregado a la ONU por Olof Palme, establece que la mayoría de las personas reconocen el riesgo del uso de las armas atómicas y que ningún líder político cuerdo iniciaría esa guerra: “Así, en opinión de muchas personas, la guerra nuclear es solo una posibilidad remota; el resultado de una falla mecánica, la llegada al poder de un loco o alguna eventualidad similar y poco probable”.

La realidad es que actualmente en el escenario internacional, no solo parece estar un loco en el poder, sino por lo menos los de EU y Corea del Norte, quienes por su grave incontinencia verbal, podrían ser el detonador de una guerra total que nos lleve a la extinción.

LOS ESCENARIOS HIPOTÉTICOS

El principal planteamiento del informe presentado por la Comisión de Olof Palme a la ONU, fue declarar fuera de la ley a la guerra y eliminar las armas nucleares, porque en una guerra total todos perderían, pues se dañaría la capa de ozono que provocaría mutaciones o extinguiría la vida humana y natural.

Especialistas militares, en salud y líderes políticos, asintieron que no hay defensa contra los proyectiles dirigidos armados con cabezas nucleares. El único modo de resistir una guerra nuclear es evitando que ésta se produzca.

Una guerra nuclear no se puede limitar o aislar, implica a todo el mundo, porque si los accidentes en reactores que producen energía y sufren accidentes en Rusia o Japón, contaminan en América, cientos o miles de explosiones de cabezas nucleares provocarían el holocausto en todos los países sin excepciones.

Hace más de 30 años, la Oficina de Evaluaciones Tecnológicas de EU simuló explosiones de bombas de una megatonelada -un millón de toneladas de dinamita- sobre Detroit y Leningrado, ciudades con 4 millones de habitantes. Las víctimas inmediatas llegarían a 500 mil en la ciudad norteamericana y a más de 800 mil en la rusa, por el mayor nivel de concentración de vivienda. Las casas deberían ser demolidas en una zona de más de 300 kilómetros cuadrados.

Otro modelo de análisis elaborado por médicos distinguidos del Este y el Oeste, refiere Olof Palme, llegó la conclusión de que un intercambio nuclear total entre EU y la entonces URSS, acabaría de inmediato con 200 millones de personas y 60 millones más quedarían heridos o afectados en diferentes niveles físicos y emocionales. Entre las víctimas quedarían el 80 por ciento de los médicos, se perderían casi todas las camas de hospital y se destruirían bancos de plasma sanguínea y medicamentos.

El sistema de salud retrocedería siglos, la tierra estaría dañada, los cielos llenos de contaminantes letales de partículas radiactivas, se desplomaría la producción de alimentos generando hambrunas, se paralizaría el comercio internacional, colapsaría el sistema financiero, al igual que el sistema de comunicaciones.

TESTIMONIOS:

Yoshiaki Fukahori, sobreviviente.

Algunas personas dicen que los sobrevivientes son más afortunados que los muertos; pero ¿es realmente así? Los que sobrevivimos durante estos 36 años, teniendo que luchar para encontrar alimentos, ropas y un modo de vida, creo que estamos llevando la cruz más pesada…”

Doctor Tatshuikiro Akisuki, de Nagasaki

De la ciudad en llamas, salieron en grupos personas desnudas, de aspecto grotesco, gimiendo en su agonía y dolor. Necesité tiempo para darme cuenta de que eran seres humanos que sufrían heridas y quemaduras graves. Todos los principales hospitales se habían desplomado o incendiado y la mayoría de las víctimas, decenas de millares, murieron sin recibir tratamiento alguno. Acudieron a mí centenares de personas. Se estaban poniendo negras y moradas, vomitaban sangre y defecaban excrementos negros antes de morir”.

Un fotógrafo que estaba en la ciudad el 6 de agosto de 1945, describió los horrores de ese día.

-Era una reunión de fantasmas y no tuve valor para oprimir el disparador de mi cámara sobre aquella escena miserable… hasta que, sacando fuerzas de flaqueza, logré hacerlo. Después de tomar unas cuantas fotografías, consideré que había cumplido con mi deber y que no podía seguir allá. Entonces, les grité a los que sufrían: “Cuídense mucho”, y regresé a mi casa. Sin embargo, todavía sigo escuchando las voces debilitadas que pedían agua.

La mayoría de las personas reconocen la tremenda devastación que sería el resultado del uso de armas atómicas. Suponen que ningún líder político cuerdo iniciaría una guerra nuclear o tomaría medidas que pudieran hacer aumentar el riesgo de modo sustancial. Así, en opinión de muchas personas, la guerra nuclear es solo una posibilidad remota; el resultado de una falla mecánica, la llegada al poder de un loco o alguna eventualidad similar y poco probable.

Olof Palme

Ex primer ministro de Suecia

La carrera de las armas nucleares no tiene fines militares. Las guerras no se pueden pelear con armas nucleares. Su existencia no hace más que aumentar los peligros, debido a las ilusiones que ha generado”.

Lord Mountbatten de Burma, discurso del 11 de mayo de 1979.

Almirante de la Flota Naval de Gran Bretaña

(Adam) Smith dice que los soldados son trabajadores improductivos; ojalá fuera así. En realidad, son trabajadores destructivos. No solo no enriquecen a la sociedad con ningún producto y consumen recursos para su sostenimiento, sino que es demasiado frecuente que se dediquen a destruir, sin frutos para sí mismos, los productos de los trabajos arduos de los demás.