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PASAN DE PANZAZO

PASAN DE PANZAZO

Jun 11, 2011

Jalisco se ha convertido en un Estado mediocre, a juzgar por los resultados en educación básica de la Evaluación Nacional de Logro Académico en los Centros Escolares (ENLACE) que aplica la Secretaría de Educación Pública (SEP) desde hace cinco años. La evaluación a los estudiantes demuestran el pobre estado en que se encuentra el sistema educativo jalisciense en educación básica, que contrasta con el poderoso SNTE que controla la profesora Elba Esther Gordillo y que es señalado de representar el freno al mejoramiento educativo para elevar la competitividad y desarrollo social de los estudiantes.

 

ENLACE 2011 concluyó el 27 de mayo, al realizar esta prueba a 16 millones 251 mil 478 estudiantes de primaria y secundaria en todo el País, en la que además de evaluar las asignaturas de Español y Matemáticas, este año la materia adicional ha sido Geografía, con la cual se concluye el ciclo de materias adicionales. En su aplicación hubo 150 mil coordinadores externos y por primera vez participaron los integrantes de los Consejos Escolares de Participación Social vigilando la transparencia del proceso. Aunque hace dos semanas el proceso de evaluación terminó ahora se espera que se conozcan sus resultados. ¿Lograremos mejores resultados de esta evaluación? ¿Superaremos los resultados mediocres de las anteriores evaluaciones?

 

Son cuatro clasificaciones de acuerdo a los resultados a los alumnos:

Insuficiente: Los alumnos no poseen los conocimientos y habilidades necesarias para seguir aprendiendo al ritmo adecuado en esta asignatura.

-Elemental: Los alumnos sólo dominan una pequeña parte de los conocimientos y habilidades evaluadas en esta asignatura y grado, pero suficiente para seguir aprendiendo satisfactoriamente.

-Bueno: Los alumnos dominan la mayoría de los conocimientos y habilidades evaluadas en esta asignatura y grado.

-Excelente: Los alumnos de este nivel dominan todos los conocimientos y habilidades evaluadas en esta asignatura y grado.

 

Aquí una breve sinopsis de los resultados anteriores de ENLACE: En el caso de primaria en la materia de Español, el más alto porcentaje de Insuficientes (reprobados) fueron en los años 2008 y 2009. Mientras que en el 2010 creció la clasificación de Elemental con un 48%. Sin embargo en la materia de Matemáticas, se presentó el mayor porcentaje de Insuficientes en el 2007 y 2008, cerca del 20%, mientras que en el 2010 hubo una creciente en cuanto el nivel Elemental, del 51% (2009) al 55%. Menos del 30% fueron Bueno y Excelente.

 

En el caso de secundaria fue más desalentador, la diferencia es muy grande en comparación con primaria, hay más porcentaje de reprobados del 30 al 40%, y de nuevo está por arriba el porcentaje Elemental con el 40, hasta el 50%. De igual forma, los porcentajes por zonas son desfavorecedores. Hay clasificación de 13 zonas en la que se divide Jalisco. Los resultados de la Zona Norte muestran mayor índice de ineficientes con el 33% en primaria y el 47% en secundaria, sin embargo la Región Sur es donde predomina el porcentaje del nivel Elemental con 48% en primaria y 47% en secundaria. El 2010 fue el año de la vergüenza, en donde los números rojos subieron, y la esperanza de una mayor calidad de vida se desvaneció.


LA CATÁSTROFE SILENCIOSA

 

Ante esta situación es preciso preguntarnos: ¿Hacia dónde vamos? ¿A quién se le debe de señalar responsabilidad? ¿Quiénes son los culpables? ¿Cómo podemos cambiar nuestro fatal destino? ¿Qué tanta responsabilidad tienen las autoridades educativas? ¿Y los padres cumplen con su tarea?

Sin lugar a dudas, son cuatro personajes principales que deben trabajar en conjunto para ofrecer la educación que se merece el joven mexicano; y hablo del docente, Gobierno, estudiante y los padres de familia.

 

Si volteamos hacia la historia, podremos advertir que hace 20 años se hizo en México el primer examen público de conocimientos a maestros y alumnos, en el cual ambos reprobaron. Para 1992, surge la investigación hecha por el catedrático de la UNAM y director de la revista Educación, Gilberto Guevara Nieblas, en forma de libro llamada “La catástrofe silenciosa” en la cual explica que la catástrofe diaria sucedía sin rumbo, ni testigos en los salones de clase de la República, en donde los niños no aprendían, y los maestros no enseñaban.

Antes, la educación no era preocupación pública, hasta que el escándalo educativo explotó por la evaluación negativa nacional e internacional.

 

“Enfrentamos un fenómeno generalizado de desinformación sobre lo que está ocurriendo. Con la información y el debate público se podrá construir el ejercicio de profesores, padres de familia y ciudadanos que impulsen una reforma educativa”, afirma Gilberto Guevera Nieblas en su ensayo, “Rumbo perdido”, publicado en la revista Nexos. Además, critica que la prueba ENLACE muestra que el nivel de alumnos sigue bajo, en donde las escuelas están llenas de contradicciones, con cambios superficiales. “Estos cambios son más hacia la preocupación de ser señalados, y no del ser formadores para el desarrollo de la sociedad”, sostiene Guevara Niebla. Si nos vamos años atrás, la educación pública adquirió una densidad política incomparable de 1920 al 1940, el cual ocupó una actividad política sobresaliente.

 

“Sin embargo, desde 1945 se afirmó en las escuelas una ideología laica y nacionalista, que generó una cómoda neutralidad pedagógica y se instaló en las aulas las prácticas tradicionales, es decir, el conocimiento que ‘pasa’ del maestro al alumno”, contextualiza el reconocido investigador. Es en 1992 cuando que surge el Acuerdo Nacional para la Modernidad de la Educación Básica (ANMEB) firmado por el presidente y gobernadores, en el que proponía desmontar el centralismo y darle mayor poder a las entidades federativas, municipios y escuelas. Sin embargo, esto se quedó sólo en la teoría, empolvada en un rincón.

 

Ahora bien, en dos décadas hemos pasado de la catástrofe silenciosa –en la cual no había información sobre los procedimientos educativos– al escándalo educativo –donde se sabe, pero no se hace nada al respecto–. En esta nueva política educativa se ha privilegiado los métodos cuantitativos antes que los cualitativos. Cada año el informe presidencial da cuenta del aumento en las oportunidades educativas, pero sin responder sobre la calidad de éstas y se hace necesario hacer intervenir a la sociedad en la gestión del sistema educativo mediante consejos de participación social. Una asignación pendiente es corregir el exceso de protagonismo del Sindicato Nacional del Trabajador de la Educación (SNTE) y disminuir su intervención en asuntos que sean solamente de carácter académico.

 

LA GRAN PÉRDIDA: LA ALTA DESERCIÓN

 

Apenas 62 de cada 100 alumnos inscritos acaban la primaria en los seis años previstos. Ingresan a la secundaria 59 y egresan 45 de cada 100. Menos de la mitad de los mexicanos tiene hoy la esperanza de estar en preparatoria a los 15 años de edad, por lo que las generaciones llegan al bachillerato partidas a la mitad.

 

“Tras las pruebas para alumnos de 14 o 15 años de edad Excale Matemáticas 2008, PISA Matemáticas 2009 y ENLACE 2010, indican que 50% de alumnos están abajo del nivel aceptable”, advierte

David Calderón, coautor del libro “Contra la Pared” en su ensayo llamado Brechas y Puentes.

En consecuencia, después de nueve años de escolaridad formal, la mitad de los alumnos mexicanos muestran carencias educativas que impiden seguir progresando, en donde sólo la mitad completa el nivel básico y sólo la mitad de ésta logra el mínimo desempeño, es decir sólo una cuarta parte de cada generación tiene posibilidades razonables de mejorar.

 

México contabiliza cuatro tipos de escuelas: Indígenas, públicas rurales, públicas urbanas y privadas. Para la zona marginada, el querer progresar es más difícil y las estadísticas son crueles, una de cada cinco indígenas sigue estudiando después de la secundaria.

 

Al hablar de los recursos que manda la Federación a los Estados para el gasto educativo, estos pueden representar hasta la tercera parte de los ingresos totales de una entidad, sin embargo existe un lamentable desorden resguardado por la opacidad en el pago de salarios, plazas y prestaciones.

 

A pesar del desorden cometido por la SEP y la SNTE, la calidad del docente puede superar a los demás factores asociados al aprendizaje. “Al maestro de escuela en nivel básico se le considera estrechador de brechas, articulador de hábitos, actitudes y destrezas que más allá del currículo puedan emparejar el terreno y mantener altas expectativas sobre alumnos de ambientes familiares precarios e incluso hostiles”, detalla David Calderón.

 

“ESCUELAS SIN SOCIEDAD”

La participación social, y la construcción de un Consejo que sea conformado por padres de familia se han vuelto pieza clave para mejorar la calidad educativa. En la década de los 90 las reformas educativas en América Latina señalaron a la participación social como una de las principales estrategias asociadas a la democratización de los sistemas educativos con el objetivo de asegurar la calidad y cobertura educativa.

 

Sin embargo fue hasta 1993, que la Ley general de Educación menciona los Consejos de Participación Social en los niveles, nacionales, estatales, municipales, y escolares. La integración de dichos Consejos fue muy desigual, mientras que en algunas entidades y municipios su instalación fue casi inmediata, en otras entidades se reportó no haberse creado. Por lo que esta conformación ha sido poco dinámica y su desarrollo desigual.

 

Ante las irregularidades y el nulo activismo por parte de estos Consejos de Participación Social, en 1999 se estableció el Consejo Nacional de Participación Social, aún así no se generó ninguna propuesta específica. Aunque se han hecho esfuerzos por crear una sociedad más activa en los asuntos escolares, el fracaso y la apatía ha sido el común denominador. Ya que existe una lucha de poder entre ambas instituciones (familia y escuela), al no querer equilibrar las obligaciones y derechos.

 

En la mayoría de los casos, para las escuelas, los padres son simplemente informados y desplazados de la posibilidad de poder pensar junto con ellos lo que acontece en las aulas. Dicho esfuerzo de trabajar en conjunto (familia-escuela) impone una tarea en donde hay mucho por inventar, adecuar y crear, más allá de una serie de aspectos burocráticos. Otra de las carencias que entorpecen la vida activa de los Consejos participativos, es la falta de una política pública nacional y estatal de promoción de la participación social en la educación, lo que ha ocasionado que su desarrollo después de casi dos décadas de su creación, sea accidentado e irregular.