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CAMBIAR PRESIDENCIALISMO ABSOLUTISTA POR SEMIPRESIDENCIALISMO: TAMAYO

CAMBIAR PRESIDENCIALISMO ABSOLUTISTA POR SEMIPRESIDENCIALISMO: TAMAYO

Nov 16, 2013

Por José María Pulido —-

Más allá de la discusión sobre si el INE suple al IFE, “lo que requiere este país es una modernización democrática, esto quiere decir que las firmas y las estructuras del sistema político deben adecuarse a la modernidad democrática y estaríamos hablando de un sistema parlamentario o por lo menos semiparlamentario”.

Es la opinión de Jaime Tamayo Rodríguez, académico de la Universidad de Guadalajara, quien contextualiza que nuestro país “viene arrastrando con una vieja estructura tomada del modelo norteamericano que es la democracia más vieja y la más atrasada, como varios países latinoamericanos, y que en el caso de México se agrava más porque el presidencialismo que concentra todo el poder en el Ejecutivo sufre de una hipertrofia”.

En entrevista con Conciencia Pública, se pronuncia por la desaparición de los senadores de representación proporcional, pero en cambio que se mantengan los diputados que lleguen por este principio y califica las propuestas de reforma como “reducidas, incompletas, algunas son simuladoras y en ese sentido podríamos decir que es una reforma coja”.

Precisa que México se encuentra muy atrasado con respecto a los modelos que permiten una mayor representación, en los cuales las diversas fuerzas que participan en las elecciones están expresadas en las políticas que sigue el gobierno, por la manera en que se integra, y porque del otro lado tiene que rendir cuentas al propio Congreso, en este caso el parlamento.

Este presidencialismo, agrega, “está en un gran desbalance con el sistema presidencialista republicano donde existe un equilibrio de poder con los otros poderes, y el presidencialismo en el caso de México está por encima, constitucionalmente, del propio Congreso que sería uno de los factores de equilibrio fundamental porque no solamente establece los límites sino que además actúa como un controlador de los excesos del poder público”.

Los hechos, en cambio, dicen que el Poder Ejecutivo tiene una gran injerencia en el Poder Legislativo, el Poder Legislativo tiene menos posibilidades reales de control que tienen otros poderes, “de manera que esto nos lleva a que uno vota por un presidente y se acabó, y a partir de ese momento se vuelve prácticamente un gobernante absolutista con una gran cantidad de poder y de capacidad de decisión y prácticamente sin límites”.

A decir de Jaime Tamayo, esta situación cobró fuerza con el regreso del PRI, “que durante su largo periodo durante el Estado autoritario tuvo una dependencia absoluta del Congreso hacia el presidente, el que se encargaba incluso de palomear a los diputados candidatos a diputados y a senadores, y hoy vemos que ya incluso desde que Peña Nieto era presidente electo, empezó a tener las riendas del Congreso a través de los diputados priístas que tienen una idea de la disciplina bastante servil y sumisa hacia la figura presidencial”.

El presidente realmente no le rinde cuentas a nadie, entonces en los países parlamentarios el presidente, o el rey, en su caso, tienen como jefes de Estado la representación general hacia el exterior, algunas cuestiones relativas al manejo de las Fuerzas Armadas, pero básicamente la actividad cotidiana del Gobierno se lleva a cabo a través del jefe de Gobierno y su gabinete, que está integrado por la fuerza política más importante en el Congreso o la suma de fuerzas pueden ser incluso minoritarias pero que en conjunto hace mayoría y que integran un gabinete, y este gabinete como digo, depende y rinde cuentas al Congreso y en el Congreso estamos hablando de la representación de la mayoría.

“De alguna manera el parlamento depende de la totalidad de los ciudadanos, entonces eso lo hace mucho más democrático y mucho más representativo y además tiene que rendir cuentas realmente a la sociedad. El jefe de gabinete es simplemente alguien que está encargado en conjunto de los colaboradores del Poder Ejecutivo que en un caso como el de México simplemente equivaldría a una especie de líder o coordinador con los secretarios de Estado.

Ejemplificó con el caso de José María Córdoba Montoya, con la diferencia de que no fue electo por el Congreso pero sí tenía un poder sólo inferior al presidente.

JEFE DE GOBIERNO

“Si el Congreso logra que se nombre el jefe de gabinete, se puede generar una relativa autonomía de la presidencia, pero en la medida que realmente el Poder Ejecutivo mantenga las prerrogativas y las facultades que le otorga hoy la constitución, pues esto sería en el fondo un poco irrelevante. Es como el nombramiento del procurador, que pasa por el Congreso pero que al final es un incondicional del presidente, ejecutor del presidente; entonces el jefe de gabinete sería una cosa parecida y más cuando tenemos diputados que en el caso del partido que gobierna, está totalmente supeditados al presidente, entonces no implicaría un cambio más que la forma, sería una nueva simulación”.

En cambio, dice, si hablamos “de una separación de jefe de Gobierno y jefe de Estado (jefe de Estado el presidente, jefe de Gobierno, aquel que sale del Congreso con el apoyo de la mayoría y que tiene que estar rindiendo cuentas al Congreso, no al presidente, no al jefe de Estado, de manera cotidiana), estaríamos hablando de una forma mucho más democrática y menos simuladora. Esa sería como la gran diferencia.

P. Eso… ¿se logra con una reforma electoral, con una reforma política?

R. Tendría que ser una reforma que modifique la Constitución, sí se podría avanzar. En la medida que se mantenga, obviamente no se trataría de eliminar a la presidencia sino de reducir algunos de sus poderes, de sus facultades y entregárselas al Gobierno y permitirle al Congreso tener una mayor participación, esto destrabaría muchas cosas porque luego también se habla de la parálisis y la parálisis se maneja cuando el Congreso no le responde al presidente, pero no tiene por qué responderle. El presidente tiene que ajustarse a lo que decidieron los ciudadanos y si los ciudadanos deciden que el presidente no tenga mayoría en el Congreso, el presidente tiene que construir una mayoría a partir de las alianzas y los entendimientos y los acuerdos con las diferentes fuerzas representadas.

P. ¿Sería un ejemplo el Pacto por México?

R. El Pacto por México debiera haber sido eso, aunque es una forma mañosa porque no se acuerda con las fuerzas políticas representadas en el Congreso si no con sus líderes que no necesariamente sus dirigentes de partido, que no necesariamente están, en el caso del PRD es muy claro y en el caso del PAN a medias, que no necesariamente están en sintonía con los representantes en el Congreso, entonces eso debe salir de la cámara.

P. Tenemos en este escenario que planteas del absolutismo presidencial, es imposible pensar en una división de poderes.

R. Claro. Tenemos un régimen, yo diría, cuasi absolutista todavía.

P. Las coaliciones… ¿cómo se lograrían? ¿Podríamos también partir de una reforma electoral que lo permitiera?

R. Sí, claro. Tendría que hacerse una reforma. Creo que a mediano plazo México tiene que tender al semiparlamentarismo y a largo plazo al parlamentarismo y al corto plazo creo que las coaliciones sí son una opción real, y que se tienen que dar también. Habría que pensar por ejemplo que es muy probable que se dé la segunda vuelta ya y hablar de la segunda vuelta implica también ese tipo de acuerdos y coaliciones en los hechos, entonces qué mejor que eso esté establecido y reglamentado y que se facilite la formación de coaliciones de tipo de gobierno.

P. Que las coaliciones… ¿se acuerden con los dirigentes de partido y no con las fuerzas parlamentarias?

R. Obviamente estaríamos hablando ya de dirigentes de partidos que realmente son representativos, ahorita tenemos un presidente del PRI que es un apéndice de presidente, que no representa a su partido porque en su partido nadie lo nombró, fue un dedazo, sabemos cómo se da esto en el PRI; un presidente de partido en un modelo de coalición tendría que representar los intereses de la mayoría aun cuando ellos no coincidieran con las posiciones que tiene él.

P. Estaremos hablando de coaliciones débiles.

R. Así es. Realmente el sistema de partidos en México sigue siendo todavía bastante primitivo, el que era partido del Estado en el régimen autoritario sigue siendo un partido supeditado a la presidencia, cuando hay presidente de ese partido y que tiene todavía estructuras caciquiles y corporativas, entonces en el caso del PAN tendríamos un partido que terminó, que tenía un discurso aparentemente de partido liberal, moderno pero que terminó convirtiéndose también o mimetizándose de alguna manera con el PRI y asumiendo algunas de sus taras y de sus atavismos; y en el PRD, un partido que todavía no logra constituirse plenamente, sin embargo ya se está desgajando la salida de aquellos que están constituyendo MORENA, obviamente que electoralmente le va a significar un golpe muy fuerte.

Del Verde Ecologista, Jaime Tamaño ni lo toca porque “ni siquiera es un partido, es una empresa familiar”.

P. En tu visión… ¿cómo ves las propuestas de reforma política o de reforma electoral?

R. Yo creo que una cuestión importante la conveniencia de un Instituto Nacional Electoral; contra todo lo que se diga, más allá del asunto económico que es como se le quiere desviar del tema, permitiría tener una mayor distancia de los grupos políticos locales y los gobernadores en su caso, en los organismos de los procesos electorales y creo que ese es un elemento muy importante. Parece que otra parte importante de lo que está en las propuestas, es el asunto de la compra del voto y las corruptelas que tiene que ver alrededor del voto, me parece que esto ya dejó ver los malos y nocivos efectos que tuvo la elección pasada y creo que sí es importante que se vayan tapando por lo menos los agujeros que se van generando durante los procesos electorales que ponen en riesgo o en duda la validez de las elecciones.

Agrega que también es muy importante “avanzar en un modelo que permita también que los electores puedan pedirle cuentas a sus elegidos, a sus representantes, y esto implica por un lado la posibilidad de premiarlos con la reelección en el caso sobre todo de diputados y munícipes pero me parece fundamental que esto tenga que ir acompañado del derechos de los ciudadanos a destituirlos, es decir, la revocación de mandato”.

P. Las propuestas estarían cojas…

R. Así es. Creo que hay nivel de simulación muy grande, es una práctica constante. Si hablamos de los organismos ciudadanizados vemos que son cada vez menos y sin embargo el discurso tiende a ser cada vez más dominante en ese terreno pero como ya se instaló la imagen de que son ciudadanizados cada vez más se mete la mano por parte de los partidos y del Estado en esto y cada vez tiene menos carácter ciudadano y así hemos visto cómo se han ido apoderando de discursos de la ciudadanía, de la democracia y simplemente se convierten precisamente en eso, en discursos que tapan una realidad que no se corresponde.

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LA REFORMA DEL 96

Jaime Tamayo tiene en prensa su propuesta para avanzar a un modelo semiparlamentario, que considera fundamental para llegar a un acuerdo entre las fuerzas políticas como la hubo en el tiempo de Zedillo que fue la gran reforma en su momento de carácter electoral del 96 para precisamente generar condiciones para que la menos una parte de las decisiones de gobierno se tomen a partir de estructuras emanadas del Congreso.

Lo explica como “un gabinete compartido con la presidencia donde el gabinete esté integrado en parte por funcionarios nombrados por el Congreso pero independientemente de que no fuera así, que el Congreso tenga decisiones en una serie de materias que tengan que ver no sólo con el presupuesto sino también con una serie de cuestiones hasta en política exterior que la tienen muy limitadas todavía”.

Señala ahí mismo que “los senadores ya es algo que empieza a ser cada vez más anacrónico, creo que definitivamente deben desaparecer los senadores de representación proporcional porque eso rompe el esquema. Pero creo que no estaría de por más desaparecer el Senado mismo, que solamente es una forma de simular una Federación que no existe.

P. ¿No es descabellado?

R. Creo que es excesivo. Es una posibilidad. Lo que estoy en desacuerdo es en la idea de limitar el número de representantes plurinominales, creo que la mejor forma de representación, y eso en los modelos parlamentarios es como funciona, es la representación proporcional que puede enlazarse con la representación de los diputados electos por distrito.

P. Un punto extra tiene que ver con los puntos finos, la cláusula de gobernabilidad que existe en Jalisco, que te da el 8 por ciento extra y que a nivel nacional no existe.

R. Esa es una barbaridad en Jalisco, creo que la cláusula de gobernabilidad no tiene ningún sentido, creo que sí tiene que haber un peso mínimo para que las fuerzas políticas estén expresadas en el Congreso en la medida en que realmente sean representativas y representativas es que tengan por lo menos un 3, un 4, hasta un 5 por ciento como mínimo.