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DINAMITARON EL EDIFICIO DE LA FEG, PERO NO LA HISTORIA

DINAMITARON EL EDIFICIO DE LA FEG, PERO NO LA HISTORIA

Jul 5, 2014

Por Rubén Bautista —-
Resulta difícil imaginar a Raúl Padilla, un hombre poderoso, refinado, culto, con trato con mandatarios del todo el mundo, amigo de escritores, pintores y hasta premios Nobel, hace más de 30 años, al frente de una turba de jóvenes armados, tomando las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia de Jalisco, para rescatar a 20 estudiantes detenidos por la comisión de varios delitos, en la Calzada Independencia, pero ese fue un hecho real. Hoy, derrumbado su edificio, la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) avergüenza a quienes se valieron de ella para obtener cargos en el Gobierno y amasar fortunas. El edificio de la FEG fue dinamitado, pero no fueron dinamitadas las conciencias ni la historia, por más que a muchos les haya entrado de pronto la amnesia.
Las generaciones de reciente cuño difícilmente tienen alguna información que les permita entender la historia de los movimientos estudiantiles, surgidos en la Universidad de Guadalajara (UdeG), y creados y manipulados, siempre por el poder, llámese Gobierno, empresarios, iglesias y otros grupos de los sectores público y privado.
Hoy, desde el poder y de muchos lados, surgen voces para contener el pasado de la FEG, surgida de las cenizas de la organización indomable, abiertamente comunista, en un ambiente macartista tapatío, el Frente de Estudiantes Socialistas de Occidente (FESO), que era tan poderoso, que el Gobierno le construyó un edificio en un jardín público del Centro, y sus muros se recargaban en la joya arquitectónica del Siglo XVIII, el templo de Aranzazú, y se convirtió en una cueva de delincuentes de poca monta y centro de operaciones de los grupos troskistas, maoístas, castristas, etcétera, hasta que el Gobierno destruyó el edificio a principios de la década de los 60’s.
Así pues, la comunidad universitaria estudiantil se organiza y desorganiza al ritmo que el poder le toca.
La demolición del edificio del FESO, fue en una madrugada, a la sombra de la noche, cuando los militares despertaron a punta de culatazos a los líderes y estudiantes para derribar la construcción en un solo día, como se hizo ahora, en un afán por borrar de la memoria etapas oscuras de la historia tapatía, que antes eran luminosas, cuando servían a los intereses de unos cuantos, y porque dejan de serle útil a la oligarquía y se convierten en una piedra en el zapato.
Lo mismo sucedió el pasado viernes, sólo con la diferencia de que la demolición del edificio de la FEG se hizo en el día, con invitados y cientos de curiosos para dar testimonio del performance en que se convirtió una vulgar demolición. Quienes fuimos, realmente nos vimos como rancheros, en una nueva plaza comercial.
Ya nadie se acordaba de la FEG, salvo por el último episodio vergonzoso para Guadalajara, en que cinco personas fueron asesinadas y enterradas en este predio considerado por muchos, maldito.
La FEG, creación de influyentes universitarios, como el fundador de la nueva UdeG, José Guadalupe Zuno, fue concebida como una organización para mantener el control de los estudiantes y apoyar las actividades políticas y electorales de los grupos que mandan dentro y fuera de la universidad.
Al surgir la FEG, hubo un desgarre interno en su interior, en las primeras elecciones internas y se desgajó con grupos rebeldes que se declararon enemigos de la FEG y del Gobierno, y entraron a la clandestinidad, surgiendo de ahí varios grupos guerrilleros con nombres muy conocidos que sería largo enumerar en este corto artículo.
La primera chamba que se le encargó a la UdeG, fue la de utilizar a la FEG para sofocar con todos los instrumentos posibles, incluyendo armas y dinero, a los grupos de estudiantes que estaban ansiosos por sumarse al movimiento estudiantil del 68.
Es bien sabido que el gobernador Medina Ascencio, dispuso de inmediato que se apoyara a la FEG con vehículos, armas y dinero para tal efecto. La cereza del pastel fue la cesión por parte del Ayuntamiento de Guadalajara, del predio que estaba destinado para ampliar la educación normalista, donde a cuenta del Gobierno se construyó el entonces moderno edificio.
Como el FESO, muy pronto éste edificio se convirtió en cueva de ladrones y delincuentes, y cuando resultó incontrolable, Raúl Padilla (bien dice el dicho, que para que la cuña apriete debe ser del mismo palo, o lo que es lo mismo, pa’ los toros del Jarán, los rancheros de allá mesmo), desapareció de un plumazo la FEG, que manejaban sus enemigos políticos, como Álvaro Ramírez Ladewig, y creó un organismo que le resultada cómodo y dócil para sus intereses de mantener en un puño la Máxima Casa de Estudios de Jalisco.
Ahí hubiera quedado la extinta FEG, que lo único que tenía era el edificio y a Mayo Ramírez, pero al arribo del PAN al gobierno, el gobernador Alberto Cárdenas, por consejo de su secretario de Gobierno, Raúl Octavio Espinoza, le dio respiración artificial al grupo “fegoso”, y les otorgó, se dice, unas 100 aviadurías, en la SEP y otras prebendas, como plazas dentro del aparato estatal, con el propósito de utilizar a los “fegosos” como grupos de choque y para actividades electorales, cosa que no se logró en la medida que lo habían pensado.
Sin embargo, hubo quien sí aprovechó a la FEG para sus asuntos personales y de partido, Fernando Guzmán Pérez Peláez, quien utilizó a los jóvenes para infiltrarlos en asambleas del PAN como reventadores de eventos y fuera de eso como grupos de choque. De hecho, Fernando Guzmán tenía un comandante de esos grupos apellidado Sánchez Antillón, a quien entregó, como premio a su lealtad, una diputación local.
Cuando llegó el ameritado maestro y humanista, Efraín González Morfín, retiró el apoyo de aviadurías a la FEG, y nunca quiso reintegrárselas, por lo que fue forzado a presentar su renuncia y en su lugar fue nombrado el maestro Limón, quien restituyó las plazas a los “fegosos”.
La idea de hacer un parque en los vastos terrenos de la FEG, es aplaudida por los vecinos pero cuestionada por quienes consideran que los terrenos eran más útiles en otro tipo de obra pública, y quienes también aplauden son los de pasado fegista, que tendrán una imagen menos en la conciencia cuando pasen por la calle Carlos Pereira, y no vean ya el edificio del terror.
En fin, jurídicamente, ya la habían librado Enrique Alfaro Anguiano, José Manuel Correa Ceseña, Félix Flores Gómez, Raúl Padilla, Horacio García Pérez, Oliverio y los demás dirigentes, y ahora les ofrecen otra ayuda para tener menos carga en la conciencia.
Todos estos personajes se rasgaron las vestiduras o simplemente callaron ahora que volvió el tema del edificio de la FEG, y el único que salió al frente fue el rector Tonatiuh Bravo Padilla, para decir: “yo no fui, y los demás tampoco”.