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A JONHATAN, UN GRUPO PANDILLERO LE ARREBATÓ LA VIDA: Madre solitaria lleva a prisión a los asesinos de su hijo

A JONHATAN, UN GRUPO PANDILLERO LE ARREBATÓ LA VIDA: Madre solitaria lleva a prisión a los asesinos de su hijo

Feb 25, 2017

 

Por Mario Ávila

La noche parecía ser como cualquier otra en las calles de la colonia Santa Isabel, al norte de la ciudad de Guadalajara; era fin de semana, los jóvenes, como siempre, se movían entusiastas en busca de sus amigos para realizar actividades que les generara diversión. Pero en realidad, para algunos, esa sería la noche que los marcaría de por vida y por desgracia para Jonathan José Ulises Chavira García, ese sería el último día de su vida.

Fue una noche de deporte, de fiesta, de amigos, pero también fue una noche de sangre, de violencia, de injusticia y de mucho dolor.

Jonathan tenía 21 años, estaba terminando la preparatoria, quería estudiar una ingeniería porque le gustaba mucho diseñar, también le gustaba mucho la música, tenía un grupo con otro amigo y una amiga, él tocaba la guitarra, la armónica y cantaba sobre todo en inglés; le gustaba mucho el blus, el jazz y componía canciones.

«Jonathan era una persona muy pacífica, nunca le gustó pelear, siempre prefirió el diálogo, pero aprendió de su abuelo a no dejarse, a luchar pero siempre con argumentos», recuerda su madre María Inés García Tapia, quien enmienda su propio comentario: «… pero creo que me equivoqué, debí haberlo enseñado a correr, debí haberlo enseñado a huir, porque de haber sido así, él estaría vivo».

La noche en cuestión era la del 31 de octubre del 2014 y de entonces a la fecha la vida para María Inés se ha ido en buscar justicia y castigo para los que asesinaron a su hijo.

28 MESES SIN JONATHAN

Han pasado ya 28 meses del fatal suceso y en el rostro de la angustiada madre se refleja un sufrimiento igual que el primer día, la voz se le ahoga, los ojos se humedecen cuando trae los recuerdos a la mesa de un café en el que dialoga para los lectores del semanario Conciencia Pública.

A un lado de María Inés, como mudo testigo, pero como un recio soporte familiar, se encuentra Guillermo García, fotógrafo de profesión, un trabajador ya jubilado que alienta a su hija en todo momento para que siga en su ardua tarea en la búsqueda de justicia para su nieto.

Recuerda María Inés: «Mi hijo venía de patinar con sus amigos, antes habían ensayado con un grupo de música que tenía y ya como última actividad, salió a una fiesta con sus amigos; en el trayecto sale un asaltante de por ahí, de por el barrio, un muchacho drogado al que le dicen «El Pollo», quiso asaltar a uno de los amigos de mi hijo, los amigos lo evitaron y agredieron al asaltante; en ese momento mi hijo estaba en la tienda comprando unos cigarros y unas cervezas».

Cuando mi hijo llegó y vio que estaban golpeando a «El Pollo», quitó a sus amigos advirtiéndoles que se encontraba drogado, lo levantó y le pidió que se fuera a su casa. «El Pollo» solo le preguntó, ¿quién eres?, soy «El Partón», alias que se puso del nombre alusivo a un músico… el asaltante se va y cuando llega a su barrio, lo ven sus amigos golpeado y cuando le preguntan quién lo golpeó, dijo que del barrio de «El Parton».

Esa fue como la sentencia de muerte. «El Pollo» llegó con un grupo de amigos, todos ellos miembros de la pandilla denominada BLC (Barrio Loco Cartolandia), llegan directamente en contra de Jonathan y dos de sus amigos, sin saber y sin importarles que hubiera sido justamente Jonathan el que lo había ayudado para que lo dejaran de golpear.

Algo que en ese momento tampoco sabía Jonathan era que los muchachos del barrio BLC andaban «calientes», porque momentos atrás habían tenido un pleito con otro grupo y habían ido a perseguirlos hasta la Calzada Independencia y Periférico, sin poder darles alcance, así que venían en busca de quién se las pagara. Esto se refiere en las declaraciones que los agresores rindieron luego de que uno a uno han caído a manos de la autoridad.

«A mi hijo lo lesionan en el cuello, por detrás le hacen todas las lesiones, se le dejaron ir directamente, sin mediar palabra, todo lo sé por los dos ofendidos que quedaron vivos, refieren que mi hijo pedía arreglar las cosas con palabras, pero no lo dejaron terminar, lo rodearon y le infligieron heridas en el cuello, a nivel de la vértebra y en el pulmón, seis heridas y a los otros dos en el abdomen y en los brazos, todas las heridas con armas punzocortantes, con cuchillos y con botellas quebradas», explica María Inés García.

Ahí esa misma noche —abunda—, cuando me avisan de lo ocurrido, empieza esta tragedia. Llegué al lugar y encontré a mi hijo tirado en la calle, la policía no me dejó pasar para resguardar las evidencias, lo entendí y respeté; tenían a un detenido y por las noticias supe su nombre, lo busqué por Facebook para ver qué relación tenía con mi hijo y no había ninguna.

DESPUÉS DE ENTERRAR A SU HIJO…

«Cuando enterramos a mi hijo, del panteón me fui directo a la Penal y en el expediente vi la declaración del primer detenido y ahí pude ver los apodos y me fui de nuevo a Facebook, comentario por comentario, foto por foto, hasta saber su nombre y quién era cada uno de ellos; esperé a que los ofendidos estuvieran un poco mejor y que fueran ellos los que me dijeran quien sí y quién no participó en la agresión».

García Tapia dice que, en su opinión, justicia sería que las cosas volvieran al estado en el que estaban, y eso no va a volver a ocurrir nunca, por eso no busca justicia, busca que se castigue a los asesinos de su hijo, con todo el rigor de la ley.

Después de dos años, todos los involucrados en el homicidio ya están detenidos, gracias a una lucha constante incluso en contra de la propia Fiscalía, que la madre dolida tuvo que dar día y noche. «Yo fui tras ellos, yo fastidié a los agentes y hasta los acompañé en cada diligencia aunque se molestaran, pero yo quería dar con los responsables, no podían haber matado a mi hijo y dejar las cosas como si no hubiera pasado nada».

DE POLICÍA INVESTIGADOR

«Yo me iba en las noches, vigilaba, me paraba sigilosamente en los parques; si alguien me hablaba y me decía que habían visto a alguno, yo me iba de inmediato a buscarlo a la hora que fuera, era una situación difícil porque yo nos los conozco, y era muy distinto ver a una persona en una fotografía y verlo personalmente en la vida real».

«Fue algo muy complicado, pero también gracias a la gente de la zona que ya estaba harta de esos muchachos delincuentes fue que también pude encontrarlos porque fueron las personas que me ayudaron a monitorearlos, así fue como pude seguirles el rastro durante dos años y hoy tenemos a los siete implicados en el asesinato de mi hijo, dos de ellos son menores, cinco son mayores; el problema es que todos traen un plan y una estrategia jurídica que consiste en echarle la culpa a los menores para que paguen solo una pena menor para que los mayores puedan salir».

EL VICTIMARIO

«La realidad, según las declaraciones, la persona que mató a mi hijo se llama Fernando Esparza Ramírez, alias «El Chayo», mayor de edad, pero también participaron y están debidamente identificados y detenidos, Juan Pablo Lomelí Ochoa, alias «El Huichol»; Francisco Javier López Campos, alias «El Poler»; Jorge Alberto Ibarra Govea, alias «El Yaguis»; Édgar Aguilar Ambrosio, alias «El Choco» que fue el asaltante, César Eduardo Aguilar Ambrosio, Diego Oswaldo Ibarra Govea, alias «El Guado», quien es boxeador profesional y de quien se dice que sacó los cuchillos porque también trabaja de chef y en esos momentos venía de trabajar y traía los cuchillos con los que realizaron el ataque y el último en ser detenido fue justamente Fernando Esparza Ramírez «El Chayo».

HAY UN SENTENCIADO

«Sentenciado solamente está uno, Francisco Javier López Campos, a él el juez de origen le dictó inicialmente una sentencia de 21 años, pero por su edad le rebajan a 14, porque a todos los inculpados que no rebasan los 20 años les reducen un tercio de su condena porque se presume que aún no están plenamente conscientes del delito, pero cuando se apeló la sentencia, el inculpado también apela por considerarla excesiva y acabamos de tener una resolución del 14 de febrero en la Segunda Sala del STJJ donde se considera que la penalidad debe ser de 30 años, se le reducen 10 y queda en 20 años. Yo quedo más conforme porque esta servirá para sentar las bases de las demás sentencias a los otros muchachos».

«En el Tribunal de los Menores yo he presentado pruebas y no me las aceptaron en el juzgado segundo, el juez dice que el inculpado que tiene ahí no fue y por tanto no aceptó las pruebas; en cambio con el segundo inculpado que llegó dos meses después, sí se aceptaron todas las pruebas, y esta diferencia nos causa una cierta inquietud, el abogado de Édgar Aguilar Ambrosio habló conmigo al salir de una diligencia y me dijo cara a cara que él se los iba a llevar, al menor y a otro que está en la Penal “y de una vez se lo digo para que lo sepa, yo conozco al juez y me los voy a llevar”».

«Yo no quise discutir ni entrar en controversia con él, le dije que como usted vea, lamentablemente es una situación en la que tengo miedo que por estrategia digan que los menores fueron y paguen con dos o tres años y los mayores salgan en libertad», planteó María Inés García Tapia.

SOLA CONTRA EL MUNDO

Por cierto, en esta lucha María Inés ha estado sola, no ha habido autoridad alguna, organización de víctimas o representante popular que la haya apoyado en la causa. «A nadie le importa, ha pedido apoyo en las redes sociales, no le importa a nadie porque mi hijo no era famoso, no era un gran deportista, no era un gran gimnasta o un músico importante, para la sociedad la gente como yo no somos nada, a lo mejor entre nosotros mismos creemos que nunca nos va a pasar una situación como a mí, pero en realidad le puede pasar a cualquier persona, no hay nadie que esté exento», recrimina la madre que en todo momento refleja el dolor que le ha causado la pérdida de su hijo.

«Si voy con Almaguer o con el gobernador, ni siquiera me van a atender porque yo soy nadie, incluso si voy con los medios de comunicación para ejercer mi derecho de réplica, ni siquiera me escuchan; para la televisión fue una guerra de pandillas, cuando no saben siquiera lo que pasó, hablan sin saber con exactitud, si hubiera sido una guerra de pandillas los procesados no estarían siendo procesados por el delito de homicidio calificado, sino por riña», precisa María Inés, abogada de profesión y quien durante más de dos años solo ha atendido jurídicamente un solo caso: el asesinato de su hijo.

«Esta lucha ha sido mía, he avanzado sola, claro con el apoyo de mi papá y de gente que ha querido solidarizarse, pero estoy segura que si no hubiera actuado así las personas estuvieran libres; si yo no hubiera actuado como lo hice, nunca hubieran detenido a los responsables; yo veo las noticias diario, a diario hay muertes y nunca se sabe que las persigan o las atrapen, nunca porque las familias tienen miedo, la diferencia es que yo no tuve miedo, desgraciadamente la mayoría son madres que han perdido a sus hijos a causa del crimen organizado y son madres que no quieren saber nada, porque no quieren arriesgar más o saber más», dice García Tapia.

En las reflexiones finales, la madre de Jonathan asegura que en la policía investigadora hay modorra, flojera, y hasta miedo. «No tienen lo que deben tener los policías investigadores, que deben tener garra, ser valientes, no tener miedo».

«La autoridad es la que está facultada para hacer lo que yo hice, yo lo hice porque estaba llena de coraje, porque no quería dejar las cosas así, porque no podía permitir que unos simples vándalos buenos para nada, que llegaron hasta segundo año de primaria, quedaran sin castigo por arrebatarle la vida a mi hijo… claro está, me expuse, expuse a mi familia, me he cambiado de casa por amenazas, pero ha valido la pena hasta el momento», dice con un profundo respiro previo, que a la vez sirve de aliento para oxigenar cuerpo y alma, a fin de seguir dando la batalla legal para castigar con severidad a los que le arrebataron a su hijo.