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Adiós al ideólogo priísta Juan García de Quevedo

Adiós al ideólogo priísta Juan García de Quevedo

Mar 19, 2018

Por Rubén Bautista (*) 

Es chiva, pero no tiene la culpa: es herencia de familia. Sus grandes pasiones son los libros y la cacería, pero más la política y se declara liberal juarista, al más puro estilo decimonónico; de eso sí tiene la culpa, porque lo asume como una actitud indeclinable y está molesto porque el Cardenal Juan Sandoval ha hecho de Jalisco una teocracia.

Y ni el café ni el tabaco, sus dos grandes vicios, le calman la ira de ver un PRI que está más al lado del gobierno que de la oposición, con diputados maiceados por el PAN olvidando sus principios.

Hombre polémico, Juan García de Quevedo está considerado como un intelectual de la política, con un estilo sui generis y una óptica verdaderamente especial para leer los sucesos políticos.

Fue diputado de oposición en el primer trienio de la administración de Alberto Cárdenas y

tuvo intervenciones en tribuna que todavía se recuerdan, por elocuentes y duras; como diputado fue factor para que saliera de la Secretaría General de Gobierno el Licenciado Raúl Octavio Espinoza Martínez.

En el gobierno de Enrique Álvarez del Castillo fue un hombre verdaderamente poderoso y forjador de políticos jóvenes.

Conciencia Pública. ¿Quién es Juan García de Quevedo?

Juan García de Quevedo. Ha sido muchas cosas, durante muchos tiempos cualitativamente distintos, recordando un poco a Ortega que dice que el hombre es él y sus circunstancias, pues Juan Quevedo es su circunstancia: he tenido una vida académica, una vida política y hoy me estreno en esta nueva faceta del periodismo, que me parece extraordinario y fundamental para un político, yo creo que no puede existir hoy en día un político si no es un periodista y si no expresa su opinión en los medios.

Conciencia Pública. ¿Qué le hace falta al periodismo en Jalisco?

JGQ. Hace falta que se convierta en la conciencia de una opinión pública, que debe ser respetada en sus valores tradicionales como el laicisismo, la separación Iglesia-Estado, y poner al Cardenal en su lugar, poner a las autoridades en su lugar y lograr un periodismo con la conciencia lúcida que tuvieron los padres de la Reforma, que todos escribieron y todos hicieron uso de la pluma, porque en última instancia la política es palabra y pluma, palabras y escritura.

IBARRA, SE ACELERÓ

CP. Usted fue un hombre de poder…

JGQ. Hace mucho, ya se me olvidó.

CP. Todavía quedan por ahí muchos políticos de manufactura quevedista…

JGQ. Hay políticos que me recuerdan con cariño y hay políticos que me recuerdan con odio; esto pasa generalmente con las personas que no buscan la unanimidad y

que no piensan que en la unanimidad está el triunfo de un quehacer político.

CP. Algunos ya se le fueron del PRI, como Enrique Ibarra.

JGQ. Ibarra es talentoso, brillante, era el proyecto priísta de la clase media, pero se sintió no querido en el PRI y se aceleró, creo que se apresuró demasiado, yo siempre he querido que regrese.

CP. ¿Qué le preocupa a un hombre que lo tiene todo como Juan Quevedo?

JGQ. Hoy en día estoy muy preocupado, profundamente, por lo que pasa en Jalisco, porque esta sociedad se ha dado el lujo de tener un gobernador como Emilio González, que se da el lujo de tener una representación política en el congreso que es capaz de negociarlo todo en el peor sentido de la palabra y me da tristeza la oposición, que no maneja una política de principios sino del marchanteo propio de mercaderes y no de políticos.

EMILIO, EL IMPRESENTABLE

CP. ¿No le gusta Emilio?

JGQ. Emilio me parece impresentable, me parece bien para presidente de una preparatoria, pero no para gobernador de Jalisco. Le falta preparación, le falta experiencia y un equipo lo suficientemente fuerte que pueda cubrir sus deficiencias.

CP. Si hay tan malos políticos en el PAN ¿Por qué el PRI está a punto de cumplir quince años fuera del gobierno y ha ganado muy poco?

JGQ. Se debe fundamentalmente a dos fenómenos, que los llamaría el escándalo moral y el escándalo ético. El PRI ha dejado de lado toda proposición ética, toda proposición moral y se ha prestado a ser presa de un gobierno que ante la incapacidad para hacer política corrompe. Yo escuché, como miembro de la comisión política permanente del PRI, exposiciones a debate que hubieran causado pasmo hace veinte o veinticinco años, hubieran

ocasionado la ira del Comité Ejecutivo Nacional y del Gobernador del Estado, pero ahora ya no hay vergüenza moral y se pasa por encima de todos los principios, en aras de un pragmatismo inexistente.

CP. ¿Tan mal ve a su partido?

JGQ. Veo al priísmo en una fase de descomposición moral gravísima, que no es justificable, y menos tratándose de un partido de oposición. Es un partido que se deja

corromper, y el gobierno panista está atento de todo eso.

CP. ¿Cree que los priístas están siendo centaveados?

JGQ. Yo no sé si ese es el término, y aunque es peor que eso, sí es eso en esencia, y te diría más que eso: muchos priístas han puesto su conciencia al mejor postor. Es una tristeza pero lo que veo es que el PAN hace el papel de oposición y el PRI hace papel de gobierno.

CP. ¿Nombres?

JGQ. ¿Para qué?, bueno, el Congreso del Estado ahí la cosa es evidente. Ese no es mi PRI, no es en el que yo creo, no es el PRI que logra esa hazaña de vincular los principios liberales y los principios sociales, esa no es la madera de quienes han formado el edificio político e ideológico más importante de la república. Así de fácil, esos hombres, los liberales que fundaron al PRI no iban a pedir la bendición al Obispo y al Cardenal, no eran

sumisos ante los poderes fácticos.

CUANDO SE PIERDEN LOS PRINCIPIOS

CP. Pero, el acercamiento con el Cardenal se supone que les da votos.

JGQ. Esa es una de las grandes mentiras que se dijeron en la Comisión Política Permanente, que negociando con el Cardenal nos iba a dar un millón de votos o quinientos

mil votos o no sé cuántos, pero va a suceder al revés, porque cuando se aplastan los principios, cuando se aplasta el principio liberal del Estado Mexicano se pierden muchos más votos, porque cuando no tienes principios ya no tienes de qué hablar.

CP. Pero eso es lo de hoy…

JGQ. Pues sí, últimamente los políticos están exhibiendo un absoluto analfabetismo, los del PRI y los den PAN, yo creo que estas dos generaciones son dos generaciones perdidas que no han aportado más que vergüenzas a sus partidos. Ahí está Emilio González Márquez mentando madres y dando dinero a la basílica y a los del PRI, que sumisamente renuncian a su propia identidad.

CP. ¿Teocracia en Jalisco?

JGQ. Sí, vivimos en un Estado teocrático, porque he visto a los políticos que llegan ante el Cardenal a ponerse de rodillas suplicando un poquito de votos. He escuchado tristemente en mi partido a muchos miembros que dicen: yo tengo el apoyo del Cardenal, y usan eso en la mesa de negociaciones de candidaturas. ¡Carajo!, esto es insólito, son los fariseos que Jesús echó del templo.

EL DUEÑO DE JALISCO ES RAMÍREZ ACUÑA

CP. ¿Es el dueño de Jalisco?

JGQ. Le hacen sentir que es el dueño de Jalisco, pero si hay un dueño de Jalisco para mí ese es Francisco Ramírez Acuña, Presidente Municipal de Guadalajara, con su hermano también Presidente en Zapopan, y luego la gubernatura y la Secretaría de Gobernación, y, quiérase o no Ramírez Acuña es el artífice del triunfo de Felipe Calderón, que no es poco, y es el político más importante de Jalisco, aunque no use túnica como el Cardenal.

CP. ¿Es presidenciable?

JGQ. Sí, veo tan pobre el panorama del PAN que así lo veo.

CP. ¿Pobre panorama nada más del PAN?

JGQ. No, del PRI, del PAN y del PRD, nunca en la clase política de Jalisco ha habido tantos enanos, con ese enanismo de cortedad de miras, de ese vivir para mañana. Es una tragedia esta clase política que es la que representa la oligarquía jalisciense y como la oligarquía es jalisciense no se siente bien representada, busca la manera de representarse personalmente, y entonces viene el desorden.

NO TUVO TENTACIÓN DE IRSE DEL PRI

CP. ¿No ha tenido la tentación de emigrar a otro partido?

JGQ. No, no la tuve, soy amigo de Jesús Ortega y he platicado mucho con él, pero a mi edad ya no puedes andar brincando trapecios para agarrarte de un presupuesto.

CP. ¿Qué priístas son rescatables?

(Silencio)

CP. ¿Le cuesta trabajo?

JGQ. Total y absolutamente, pero rescato a José Manuel Correa Ceceña y Javier Santillán, un tipo que tiene cojones, porque el político debe tenerlos para decir las cosas como son.

CP. ¿A quién extraña de los políticos priístas que ya no están?

JGQ. Extraño a Javier García Paniagua, rotundo en sus convicciones y a Enrique Álvarez del Castillo, un liberal puro, a Porfirio Muñoz Ledo y su locuacidad y a Guillermo Cosío, que debería estar más atento de Jalisco.

CP. ¿Y qué hace para ayudar al PRI de esta crisis?

JGQ. Yo he tomado la decisión de buscar la presidencia del partido, una vez que pasen las elecciones para darle rumbo, darle un horizonte, darle palabras y sentido al partido, proponer una agenda mínima para lo que es la recuperación de Jalisco, porque ya vienen

las elecciones presidenciales. Hay un grupo de personas que están de acuerdo conmigo, que después de tanto tiempo en el partido ya lo conozco y tengo una estrategia muy clara para trabajar, además de que creo tener autoridad moral para hacerlo, y darle al partido una dimensión que hasta ahora no ha tenido, eso no quiere decir que no espere que se tengan muchos triunfos en esta contienda. Cualquiera que sea el resultado electoral yo buscaré la dirigencia de mi partido, el PRI en Jalisco se merece otro destino, ya tiene que cambiar de manos para darle una dimensión distinta y creo que yo estoy ya lo suficientemente maduro o viejo, para hacerlo.

CP. ¿Qué prefiere, los libros o la cacería?

JGQ. Mmm…., pues yo creo que se van a penales, una buena tirada y un buen libro es lo mejor para mí.

CP. ¿Qué lamenta de lo que ha hecho en los últimos años?

JGQ. Permitir que mi esposa esté en el Ayuntamiento de Guadalajara.

CP. ¿Por qué?

JGQ. Así, así nada más, así la dejamos.

(*) Entrevista que le conceció Juan García de Quevedo al periodista Rubén Bautista y que Conciencia publicó el 1 de junio del 2009 en su edición No. 7

RECUADRO

ENTRE VINOS Y LIBROS

Por Juan García de Quevedo (*)

Mi primer recuerdo de una feria del libro fue en Madrid y en el parque del Retiro.

Iba a un viaje de mes y medio que terminó siendo de dos meses y medio. Era bastante joven pero desde joven la cuestión obrera me apasiona excesivamente. La lógica era hacer un estudio por región sobre comisiones, de la mano de uno de los hombres más brillantes, honestos y respetables que he conocido en mi vida, Víctor Chamorro. Historiador, novelista y gran recitador de San Juan de la Cruz. Extremeño y por tanto con un mucho de santo y mucho más de loco.

Por supuesto, viví en su departamento con su mujer, hijos, perro y una cantidad enorme de libros. Por supuesto, vivía en un barrio obrero donde era el maestro para todos. Me recogió en el aeropuerto y antes de llegar a casa pasamos por 50 bares, bastantes para explicarle que me había mandado la Academia Iberomericana del Trabajo. Como en el décimo bar, vi, escuché a un españolito que humillaba en exceso a una mujer y yo, sin conocer bien a bien los pleitos españoles, pensé que un segundo más y le arrancaba la cara.

Con esa perdurable tendencia a meterme en lo que no me importa, después de decirle que delante de un mexicano nadie le habla así a una mujer, me acordé de mi padre quien siempre me dijo que el que pega primero pega dos veces. Y luego el descontón tan de nuestros barrios y en esa rápida pelea vengué todas las atrocidades sufridas por mi raza.

Víctor, a partir de entonces, me adoptó como hijo y me enseñó la España profunda que tratándose de profundidades siempre se conoce de noche, y lo más curioso de la familia que fui conociendo día a día. Varios de ellos eran escritores. José María, en especial, era filósofo y catedrático de la universidad. Víctor también era maestro, pero de preparatorianos porque así lo quiso, y luego un historiador extraordinario con una obra monumental sobre Extremadura, ganador de premios por sus novelas, muchas novelas porque Víctor era una novela viviente. Recuerdo que un día, en el café Gijón, le preguntaron qué era lo esencial para una producción literaria tan grande. La reunión obviamente tenía cierta solemnidad y Víctor contestó: “7 horas culo sin movimiento”. Luego Jesús, el más sensato de los hombres, que se definió como hombre de un solo libro; por supuesto que ese libro superaría a Shakespeare, Calderón y todo lo leído hasta ese tiempo. Daba dos clases diarias y el resto lo dedicaba a su libro y a beber cualquier vaso de whisky que se le atravesara en el camino. Él no era ni católico ni comunista ni socialista porque la humanidad le importaba un soberano carajo. Y por último María José que huele todavía al Parque del Retiro y junta en un solo beso todos los besos que se han dado en la historia del Retiro.

Y después de esa familia excepcional, yo, viviendo de asombro en asombro, de iluminación en iluminación, de ilusión en ilusión. Fueron los días más felices de mi vida. Vivía en una comunidad que no dejaba de cosas que eran esenciales para mí; viví entre el clandestinaje y el canto; aprendí a tomar whisky con coca y luego a mandar 3 cartas a la semana a Madrid. Después de ese maravilloso encuentro cada año  iba a Madrid porque tenía comida, conversación, amigos de la parte más sencilla del alma, algunos dólares y la oportunidad de que lo fantástico caminara conmigo.

Obviamente, toda la familia Chamorro iba a los toros.

(*) Este artículo lo escribió Juan García de Quevedo para Conciencia Pública el 8 de junio del 2009 en la edición 10.

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