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EL GENIO DE GABRIEL VARGAS

EL GENIO DE GABRIEL VARGAS

Dic 5, 2015

«Don Gabriel Vargas tenía una sensibilidad enorme para captar el lenguaje popular», expuso Rafael Barajas en el marco del homenaje 100 años del genio de la caricatura (1915–2015) a uno de los historietistas más emblemáticos de México. «El Fisgón», describe a «Varguitas», como era conocido en el medio editorial, como un hombre de léxico extraordinario y uno de los grandes cronistas del país, al cual, con respecto al maestro siempre se cuestionó, «¿cómo chingados se le ocurrían las cosas a Vargas?, yo hubiera dado lo que sea porque se me ocurriera lo mismo», desatando la risa de los asistentes.

 

El fenómeno de la historieta en México

Para entender la trascendencia de Gabriel Vargas, «El Fisgón», apeló al fenómeno de la historieta en México. Recordó que en la década de los ochenta, todos los periódicos nacionales publicaron un desplegado de página entera que festejaba que el Premio Nobel Octavio Paz había vendido 20 mil ejemplares de un libro de poesía, «lejos de ser nuestro intelectual central, era un fenómeno marginal», porque había historietas que vendían más de dos millones de ejemplares al mes, dejando claro que la lectura favorita para el pueblo mexicano del siglo 20 fue la historieta.

«En 1930, en la Ciudad de México circulaban diarios de historieta, que tenían tirajes cercanos al millón de ejemplares, es lo que la gente leía; entonces, ocurrió un fenómeno curioso, las historietas venían de Estados Unidos y se dio en todo el planeta, hacían envíos y a veces no llegaban, entonces los editores locales se les ocurrió suplir la historieta norteamericana con historietas locales, así surge la industria de la historieta en casi todo el planeta. En México, la primera industria, los primeros personajes circulan en los años veinte, son un fenómeno masivo, brutal, que se reproduce de las maneras más raras que se puedan imaginar».

Los primeras historietas exitosas son con base en el humor, y en México se consolidó tan rápido, que incluso algunos emporios hoteleros se hicieron gracias a la industria historietista; o se replica el éxito en el cine, cuando en los inicios salieron personajes de teporochos como «Chupamirto», que cómicos de carpa como Mario Moreno «Cantinflas», tomaron la base y establecieron una dinámica popular enriquecedora.

 

Don Jilemón Metralla y Bomba, el primer éxito

La historia de Gabriel Vargas es la de un chavo que llega a la Ciudad de México y tiene que mantener a su familia; por cosas del destino, entra como ayudante al Diario Excélsior, donde empieza a hacer sus monitos. «Si revisamos sus primeros trabajos, era un extraordinario dibujante», asegura Rafael Barajas, quien resalta la beta humorística donde juega con el lenguaje hasta llegar a su primer gran éxito.

«Es un personaje fantástico, un diputado oficialista, gordo, cínico, descarado, que nunca hemos visto esos personajes en la vida política mexicana, tiene mucho éxito, se llama Don Jilemón Metralla y Bomba, un personaje fantástico rodeado de muchachas que le hacían el aseo, las cuales maltrataba, las historias eran buenas, todo el mundo hacía cosas para que Don Jilemón se sintiera mal, pero siempre se salía con la suya. Una de sus características es que tenía un vestuario elegante, lo que hacía Vargas para subrayar el vestuario variado y elegante, es que en cada viñeta le cambiaba el sombrero, el personaje fue exitoso y llegó el momento que un locutor de radio le dijo que le apostaba que no podría hacer un mejor personaje y hacer una mujer como personaje, Vargas aceptó el reto».

 

La familia Burrón

Debido al éxito de la historieta de Germán Butze «Los Supersabios», buscaron a Don Gabriel Vargas por su alta cotización para hacer una serie similar, a lo cual refirió que podía hacer unos «Superlocos», proyecto que encantó y es donde estrenan a un personaje que le haría competencia a Don Jilemón Metralla y Bomba, una mujer de alta sociedad casada con el peluquero del barrio, personajes de momento secundarios que posteriormente se convertirían en su obra cumbre: La familia Burrón.

«Hizo de una mujer de cómic su personaje central de época, Doña Burola además tenía unas historias increíbles, recuerdo una cuando decide que los pollos que le venden en la pollería estaban chiquitos, entonces decide cruzar pollos con caballos y salen unos pinches pollotes, los famosos cuaco pollos, que son un éxito comercial increíble (…) yo hago votos porque todos los mexicanos lean a La familia Burrón», puntualizó Barajas.

 

Un hombre creativo

«La parte fuerte del trabajo de Don Vargas es que los guiones eran de él, cómo era posible que se le ocurrieran tantas cosas si todavía no se usaba mucho la mariguana, entonces era realmente un hombre creativo, es el creador de sus personajes», refirió el reconocido caricaturista Arturo Kemchs, quien se incorporó al homenaje al maestro con el cual tuvo la oportunidad de convivir.

Otra de las grandes virtudes que resaltó Kemchs de Gabriel Vargas es la escuela que dejó, por su equipo de trabajo, a tal grado que algunos de ellos posteriormente siguieron de caricaturistas en los medios de comunicación.

«El hacer una historieta es un trabajo difícil, laborioso, se tiene qué hacer un equipo, hay una persona que hace los personajes, otra hace la escenografía, otro compañero hace el iluminado, otro el letrista, es un equipo completo, como si se hiciera una película, así se trabaja una historieta. Don Gabriel dejó una gran escuela, tenía un gran equipo de trabajo», finalizó.

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