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El grial de la alianza con PAN vs PRI y López Obrador

El grial de la alianza con PAN vs PRI y López Obrador

Dic 10, 2016

En 1999 Manuel Camacho y Diego Fernández de Cevallos fueron los promotores de una tesis que llegó a convocar a los entonces precandidatos presidenciales Vicente Fox y Cuauhtémoc Cárdenas. Bajo el principio de que para derrotar al hasta entonces invencible PRI era necesaria la concurrencia de todas las fuerzas políticas opositoras, a efecto de no dividir el voto anti PRI, intentaron lograr un consenso entre el PAN y PRD para presentar un candidato común.

El experimento llegó hasta la conformación de un consejo ciudadano con personajes como Sergio Aguayo y Miguel Ángel Granados, y al despacho de Diego Fernández acudían la dirigente del PRD Amalia García y otros dirigentes partidistas, entre los que se encontraba Dante Delgado del entonces llamado Partido Convergencia. No lograron ir más allá de la mera intención, pretextando PAN y PRD la falta de acuerdo respecto al método para elegir al candidato común; los panistas querían que fuera a través de una encuesta, lo que favorecía a Vicente Fox, y los perredistas querían una elección abierta, suponiendo que Cuauhtémoc Cárdenas tendría la base social que le asegurara los votos. No superaron sus diferencias y desconfianza mutua.

En realidad, el mejor posicionado para hacer frente al PRI era Vicente Fox, como quedaría demostrado más tarde. Y Cárdenas no tuvo la generosidad de ceder a alguien más el lugar que creía la historia le había reservado a él. Después de todo el PAN había sido fundado en 1939 para hacer frente a las políticas de su padre. En el fondo Cárdenas prefería ver ganar al priista Francisco Labastida que a Fox. Al final no fue necesaria la alianza para derrotar al PRI.

 

 

El regreso del PRI

16 años más tarde, el PRI gobierna de nuevo el país. Y quien fuera coordinador de los jóvenes labastidistas en el estado de Jalisco, después de una travesía que lo llevó a conformar una corriente crítica dentro del Revolucionario Institucional y abandonar al PRI de Roberto Madrazo; a lograr la primera alcaldía metropolitana conseguida por el PRD en Jalisco; y finalmente, rehusarse a ser rehén de la hegemonía que el grupo Universidad tiene en el PRD Jalisco, y lanzar su candidatura al Gobierno del Estado bajo las siglas de un partido cuya más alta votación histórica había sido del dos por ciento para ganarle la votación metropolitana a Aristóteles Sandoval y llevar a ese mismo partido, Movimiento Ciudadano, a gobernar tres años más tarde la capital del estado y el sesenta y cuatro por ciento de los jaliscienses a través de veinticuatro ayuntamientos: Enrique Alfaro, haciendo eco de esa tesis de Camacho, ideólogo de la alternancia, retoma en su esencia la idea, y hace un llamado a la conformación de un bloque opositor al PRI que le haga frente.

Dicho posicionamiento podría tratarse de uno de tantos, si no tomamos en cuenta la audiencia que lo escuchaba y las respuestas que desde entonces ha concitado.

Lo hizo el 5 de diciembre en un evento a puerta cerrada convocado por el dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, en el contexto del relanzamiento de la imagen del partido, al que acudieron el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera y el primer gobernador sin partido en el país, Jaime Rodríguez Calderón, de Nuevo León, ambos señalados como presidenciables; el senador perredista Alejandro Encinas; el exsecretario de salud del gabinete de Felipe Calderón, José Ángel Córdova; y la excandidata a gobernadora de Aguascalientes por la coalición PRI-PVEM-PT-Panal, Lorena Martínez, entre otros.

Después de desechar un discurso que llevaba escrito, Enrique Alfaro improvisó un mensaje que sería recuperado por el diario El Universal con el encabezado «PRD y MC buscarán ir con el PAN en 2018».

El llamado de Alfaro a conformar un bloque opositor ya fue comentado tanto por la presidente nacional del PRD, Alejandra Barrales, quien declaró a El Universal haber conocido la propuesta de Alfaro y coincidido con la misma, como por el presidente del PAN, Ricardo Anaya, que a su vez expuso ante los medios de comunicación que está abierto a la posibilidad de formar parte de dicho frente opositor, aludiendo explícitamente las declaraciones de Alfaro y respaldándolas.

 

 

PAN-PRD por el Estado de México. Entre Encinas y Vázquez Mota.

Ello deja entrever que se cocina una alianza entre partidos. A esta hipótesis abona el que al discurso lo precede una serie de reuniones más o menos públicas con diferentes actores. Enrique Alfaro ha construido una relación personal con Margarita Zavala y Ricardo Anaya, y a través de Pablo Lemus y el propio Dante Delgado, con Rafael Moreno Valle. Los tres precandidatos presidenciales del PAN.

Es bien conocida la alianza política entre los independientes Mancera (postulado por el PRD sin ser militante), Jaime Rodríguez «El Bronco», y Alfaro (postulado por MC sin ser militante). También se ha registrado la cercanía y simpatía entre Alfaro y Alejandro Encinas. Es decir, estamos ante un hábil tejido político cuyo resultado está por verse. Algo se mueve.

Ya se ha documentado la muy real posibilidad de que PAN y PRD articulen una alianza para enfrentar al priísmo en el Estado de México, como preámbulo de la elección presidencial y con Josefina Vázquez Mota o Alejandro Encinas como la carta de cada partido para la coalición. De concretarse y resultar favorable esa alianza, cabría esperar que sería igualmente factible una coalición para las elecciones de 2018, que, dado el estado en que se encuentran las preferencias electorales de acuerdo con las encuestas, iría alrededor de un panista en la elección presidencial a cambio del respaldo panista al PRD para la elección de jefe de gobierno de la Ciudad de México.

El enemigo de tu enemigo es mi amigo, dicta la consigna. PAN y PRD comparten adversario: López Obrador y Morena, tanto para la elección presidencial en el caso del PAN como por la Ciudad de México para el PRD. No es el debilitado PRI el adversario a vencer en ambos casos, al menos no en estos días que corren dada la impopularidad del presidente Peña Nieto, como sí lo es en el Estado de México, y como potencialmente lo sería de prosperar la estrategia de perseguir y castigar exgobernadores corruptos por parte del gobierno federal para revertir dicha impopularidad.

En referencia al discurso de Alfaro el presidente nacional panista señaló que el objetivo de dicho frente opositor sería derrotar al PRI «y al populismo de Morena» para hacer un «gobierno honesto y eficiente», y aunque por su parte Barrales solo señaló que el objetivo era sacar al PRI del gobierno, en su discurso Alfaro fue muy puntual en llamar a las dirigencias del PAN, del PRD, del PT, los liderazgos independientes, y a los académicos, es decir, explícitamente se omitió a Morena, para la conformación de dicho bloque.

Y si nos remitimos a entrevistas anteriores como la otorgada al periódico Excélsior hace un par de meses, en donde Alfaro, pese a reconocer la conveniencia de la participación de López Obrador en un acuerdo rumbo al 2018, también subraya que el discurso que polariza entre buenos y malos no le sirve al país y que eso es lo que no le gusta de Obrador. Por lo demás, es ineludible el hecho de que si en 1999 ni Fox ni Cárdenas en realidad estaban dispuestos a hacerse a un lado, tampoco en 2018 Obrador aceptará respaldar otro proyecto que no sea el suyo, como no lo hizo en 2012, cuando quizá Marcelo Ebrard pudo haber sido un mejor candidato para enfrentar a Peña Nieto.

Luego entonces, ya hay dos exclusiones. La del candidato de Peña, que por tradición política y reglas no escritas será por decreto el del PRI, y López Obrador, que es ya candidato por sí mismo.

 

 

Una potencial alianza MC-PAN-PRD para Jalisco.

En la concurrencia de elecciones del 2018, una lógica de partidos como la que se recoge entre los comentaristas políticos nos llevaría a pensar que el aterrizaje del bloque opositor sería para Movimiento Ciudadano en Jalisco con la candidatura MC-PAN-PRD respaldando a Alfaro y otro tanto en Veracruz con Dante Delgado.

No es tan improbable. La alianza PAN y Movimiento Ciudadano, sobre todo con aquella parte del PAN que no emigró a Movimiento Ciudadano desde el proceso anterior, aquella que controla el comité estatal, ha encontrado un cauce institucional en el Congreso del Estado durante la presente legislatura.

El perredismo padillista, que había apostado por la victoria de Ricardo Villanueva en 2015, parece haber encontrado también en el Congreso cauces de entendimiento con el coordinador de MC Ismael del Toro, que, por otra parte, ya se habían suscitado desde que el emecista Clemente Castañeda y el perredista Enrique Velázquez se aliaran brevemente al inicio de la anterior legislatura. Quizá esa potencial alianza electoral entre el PRD y MC fue un argumento más del exjefe de gabinete aristotelista Alberto Lamas para convencer a Aristóteles Sandoval de que el candidato del PRI para Guadalajara tendría que ser Villanueva, a pesar de su pertenencia al grupo UdeG, y no Miguel Castro, como se había perfilado cuando Castro fue designado por el propio gobernador como coordinador de los diputados priistas y después presidente del PRI Guadalajara. Derrotado Villanueva y de regreso al cubil universitario, no es descartable una alianza entre el grupo UdeG y el alfarismo, que aterrice en lo local a lo que en su momento se opuso cuando el PRD nacional impulsaba la postulación de Alfaro como su candidato a gobernador en 2012.

 

 

El proyecto nacional

Pero en realidad pareciera que Alfaro no necesita del PAN —ni del PRD— para ganar la gubernatura. En Jalisco no se vislumbra una recuperación electoral del PAN. Entonces, ¿por qué buscar la alianza?

Porque en realidad no es ese el proyecto. El proyecto es uno de trascendencia nacional. El millón y medio de votos que el alfarismo pudiera aportarle a la alianza opositora al PRI no es menor. Calderón le ganó a Obrador por los votos de Jalisco. Peña Nieto tuvo en Jalisco un caudal de votos solo por debajo del Estado de México y Veracruz. Jalisco será vital en la definición del próximo presidente de México.

De allí que para interpretar adecuadamente la estrategia alfarista lo hagamos en ese contexto. Alfaro no necesita la alianza para Jalisco. Y precisamente a eso obedece la segunda parte de su discurso, a la que en realidad no se le ha prestado la atención debida dado el interés que suscita el juego de las siglas partidistas.

Es la parte en la que reiteradamente Alfaro subraya que lo dice «de corazón», sin libreto: si no hay alianza, si la «mezquindad» se impone y los «partidos le fallan a los ciudadanos», si no se hacen de lado los intereses personales y de partido y no se ponen los partidos «al servicio de México», entonces Movimiento Ciudadano y los alfaristas están listos para jugársela solos.

Y así Convergencia, que tras las protestas poselectorales de López Obrador se transformó en Movimiento Ciudadano, haciendo suyo el emblema del águila republicana que era también el de la presidencia legítima de AMLO frente al usurpador Felipe Calderón, emblema que hoy ha sido abandonado para acercarse a las nuevas generaciones que desconfían de la vieja política, es hoy, con el alfarismo, un proyecto más ambicioso de lo que nunca fue, cuando apenas aspiraba a mantener su registro de la mano de Obrador.

La tesis de Alfaro, a diferencia de aquella de Manuel Camacho y Fernández de Cevallos, en realidad no es una alianza anti PRI. Es una alianza antipartidocracia. El diagnóstico es que la transición democrática que siguió a la derrota del PRI se perdió en la partidocracia. Desde entonces ya transcurrieron movimientos anulistas, el logro de las candidaturas independientes y su sobrerregulación para frenarlas. Hoy los partidos están en la disyuntiva de seguir el modelo o ponerse al servicio de los ciudadanos en un proyecto de nación, claro.

Por eso la propuesta de Alfaro no va en el sentido de repartirse posiciones entre los partidos. No es una negociación entre precandidatos ya posicionados. El candidato a la presidencia, por ejemplo, no necesariamente saldría de los tres precandidatos del PAN. ¿Por qué no un académico, un ciudadano sin vínculos con los partidos políticos? Eso es muy interesante. Un modelo por encima de los partidos, trascendiéndolos. ¿Se trata de una ingenuidad? Quizá no. Tal vez valga la pena la apuesta.

 

 

Enrique Alfaro: de lo local a lo nacional

Es natural que Alfaro enfrente a oposición de un sector del PRI, aquel vinculado al magistrado Leonel Sandoval, quien fuera dirigente de la organización priista MAS por Jalisco; la regidora María de los Ángeles Arredondo se ha destacado por su combatividad en un escenario donde el priismo afín al gobernador Aristóteles pareciera más preocupado por asegurar una tersa transición en 2018 y años siguientes.

Hay priistas que además son funcionarios de primer nivel de la administración aristotelista como el secretario de gobierno y el fiscal general, Roberto López y Eduardo Almaguer, que sí le han hecho frente a Enrique Alfaro mediante tácticas diversas. La diputada Claudia Delgadillo, hoy presidente del PRI Guadalajara, busca revitalizar al PRI en la ciudad tomando banderas como el rechazo de un grupo de vecinos a la construcción de una ciclovía que realiza el propio Gobierno del Estado.

Hay, sí, un desgaste con comerciantes ambulantes y dirigentes de tianguistas. Las expectativas ciudadanas hacia su gobierno son altas y la inseguridad es un reto enorme. Seguramente la popularidad con la que Alfaro llegó al gobierno municipal ha sufrido una merma tras un año de gobierno.

Sin embargo, la inmediatez de la lucha política local y las simpatías o antipatías personales no deben hacernos perder de vista el hecho de que los pasos que ha venido dando Enrique Alfaro lo van consolidando como un líder político nacional. La refundación del país, el propósito expreso del alfarismo, es un proyecto por demás ambicioso.

Un salto muy significativo para quienes solamente hace dieciséis años viajaban a la ciudad de México a hacer largas antesalas en las oficinas de los viejos políticos, en busca de apoyo para sus modestas aspiraciones locales.

Twitter: @luiscisnerosq