Portal informativo de análisis político y social

El mundo al revés: El discurso estridente de Donald Trump, el peligro de la guerra

El mundo al revés: El discurso estridente de Donald Trump, el peligro de la guerra

Ago 20, 2017

Compartir en redes sociales:
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Por Cayetano Frías Frías //

El 20 de enero de 2009, Barack Obama fue juramentado como presidente de los Estados Unidos de América. Tres meses después, en la ciudad de Praga de la República Checa, se comprometió a encabezar la tarea en el mundo, para eliminar las armas nucleares.

El 11 de diciembre de ese mismo año, a Obama se le otorgó el Premio Nobel de la Paz, aludiendo como uno de los principales motivos, a su postura de erradicar el armamento nuclear.

Pero Obama, esa paloma de paz, trasmutó en halcón negro en febrero de 2016, cuando anunció que se invertirían de 800 mil millones a un billón de dólares en la modernización del arsenal nuclear, concluyendo ese programa en 2030.

Posicionado en la propaganda como un demócrata moderado, Obama en los hechos concluyó su gestión como el primer presidente en la historia de Estados Unidos que mantuvo a su país en guerra durante los ocho años. Afganistán, Irak, Libia, Somalia, Pakistán, Yemen, Siria y Ucrania, fueron los beneficiarios de la “democracia estadounidense”.

Todavía hace un mes, Obama visitó Corea del Sur, donde a contracorriente de la postura de Jimmy Carter, quien en 1993 cabildeó para bajar las tensiones de Corea del Norte con Estados Unidos, respaldó las amenazas de Trump.

Así, Donald Trump heredó las guerras de Barack Obama y sumó las tensiones con amenazas de destrucción y de invasión en Corea del Norte, en Venezuela y canceló la apertura con Cuba. La incontinencia verbal del actual presidente de Estados Unidos, le ha acarreado desencuentros con los gobernantes de China y Alemania.

Trump también hizo suyo el programa de modernización del arsenal nuclear promovido por Obama, a través del cual se canalizarán cifras estratosféricas a varias empresas trasnacionales, recursos que saldrán de los impuestos o créditos con cargo a los contribuyentes. 

¿Quiénes financian y desarrollan las armas nucleares?

Actualmente, cuando los tambores de guerra suenan alrededor del mundo, es importante conocer quiénes son los cabilderos y principales beneficiarios de las guerras, particularmente de producir las armas nucleares.

Organizaciones no gubernamentales como la sueca SIPRI y la neerlandesa PAX, han difundido tras años de investigación, que en la industria del armamento nuclear, las que mayor inversión han recibido de los gobiernos, son Boeing, Honeywell International y Lockheed Martin, con cifras que van de los 400 mil a 600 mil millones de dólares de 2012 a 2016.

Dentro de los diez primeros lugares, aparecen Airbus, Aecom, Northrop Grumman, Orbital ATK, Bechtel, Leonardo-Finmeccanica y Fluor, todas con ingresos superiores a los 100 mil millones de dólares por contratos en desarrollo de armas y equipamiento nucleares.

El Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación y Paz (SIPRI), agrega a las empresas Rolls-Royce, Mitsubishi Industries, Saab, Hewlett-Packard, Thyssen Krupp, Kawasaki Heavy Industries, Samsung Techwin, Hyundai WIA y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Aunque algunas de éstas no participan directamente en el área atómica, equipan submarinos, misiles, bombarderos y aviones para traslado y lanzamiento de armas nucleares.

En lo que respecta a instituciones financieras, PAX había identificado a diciembre de 2015, a 382 bancos, compañías de seguros, fondos de pensiones y gestores de activos en 27 países, los cuales canalizaron grandes cantidades a la industria de armas nucleares.

La mayoría de estas entidades se publicitan como empresas que tienen compromiso social y partidarias del medio ambiente, lo cual contrasta con sus decisiones de financiar armas para destrucción de todo ser vivo.

Las instituciones financieras identificadas como las que invierten en la industria nuclear, son las siguientes:

En América, State Street, Capital Group of Companies, Blackrok, Vanguard Group, Bank of America, JP Morgan Chase, Evercore Partners, Citi, Goldman Sachs, Fidelity Investments.

En Europa, Royal Bankof Scotland, BNP Páribas, Deustche Bank, HSBC, Barclays, Crédit Agricole, AXA, Societe Generale, UBS, Commerzbank, Santander y BBVA, estos dos últimos que también operan en México.

LA GRAN HIPOCRESÍA DE LAS POTENCIAS NUCLEARES

El 7 de julio de 2017, en asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 122 países aprobaron el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, documento que será vinculatorio para todos los miembros, 90 días después de que lo ratifiquen por lo menos 50 países miembros.

Este acuerdo, que refleja la voluntad de la gran mayoría de los integrantes de la ONU, fue desconocido a través de un comunicado por Estados Unidos, Francia e Inglaterra, además de que estuvieron ausentes de la asamblea junto con los otros países que cuentan con arsenal nuclear: Rusia, China, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel.

Y fue precisamente la representante de Estados Unidos, que tiene alrededor de 800 bases militares en todos los continentes y la segunda mayor cantidad de ojivas nucleares después de Rusia, la que con mayor énfasis descalificó esta resolución.

Los argumentos de los países occidentales, los cuales han presionado y sancionado a Corea del Norte para que abandone su programa de desarrollo de arsenal nuclear, son que es la estrategia de disuasión para que evitar la proliferación de este armamento.

Pero no explican que son sus instituciones bancarias y sus trasnacionales fabricantes de armas, las que financian y proveen de estos recursos y equipos a los países en guerra alrededor del mundo, entre los que se encuentra México.

Obama en su programa de modernización nuclear, que fue retomado por Trump, incluye según un editorial de The New York Times, 12 nuevos submarinos, 100 nuevos bombarderos, 400 misiles basados en tierra y la renovación de ocho plantas y laboratorios.

Apenas en abril de 2016, se declaró al Caribe y a la América Latina, libres de uranio enriquecido, lo que significa que han renunciado al desarrollo de las armas nucleares, en tanto Estados Unidos y los otros ocho países que tienen ese armamento, van en sentido contrario.

GEOPOLÍTICA Y PROPAGANDA

A principios de la década de los ochentas del siglo pasado, Olof Palme coordinó una Comisión Independiente en la que participaron diplomáticos, jefes de Estado, legisladores, militares de alto rango, así como especialistas en salud, con representantes de todos los continentes.

La conclusión en general de todos los participantes, que fue presentada con sus respectivas recomendaciones a la ONU, fue que en una guerra nuclear, no habría vencedores y todos saldrían perdiendo, con el riesgo incluso de exterminar a la especie humana y a todo ser viviente.

Otra de las conclusiones fue que es imposible delimitar los efectos de las explosiones atómicas, pues aunque el primer impacto destruye un espacio no más allá de 10 kilómetros a la redonda, las partículas y ondas expansivas, así como los agentes contaminantes y las radiaciones, pueden llegar a miles de kilómetros y destruir la capa de ozono.

El escenario planteado en 1981 por las autoridades de Estados Unidos, concluía que si se registrara un enfrentamiento total con la Unión Soviética, las bajas serían entre 105 y 165 millones de personas, además de quedar destruida toda la infraestructura productiva.

Un grupo de especialistas médicos del Este y del Oeste fue menos optimista, pues calcularon que de manera inmediata 200 millones de personas morirían y otros 60 millones quedarían heridos por las radiaciones, traumas y quemaduras. Y es necesario resaltar, que actualmente las armas atómicas han multiplicado por miles su capacidad de destrucción.

Los gobiernos que tienen armas nucleares, no explican a detalle a sus ciudadanos ni al mundo, los riesgos que tiene desencadenar un enfrentamiento de esta naturaleza, que provocaría un retroceso de siglos, pues ningún país se salvaría de sus efectos mortales.

El presidente Trump y su secretario de Defensa, han amenazado en repetidas ocasiones al líder norcoreano con lanzar ataques “nunca vistos”. Estados Unidos acepta tener más de 500 ojivas nucleares, en tanto que Corea del Norte se estima que cuenta con 20.

Solo que la posición geográfica de Corea del Norte, no lo convierte en un blanco cómodo, ya que tiene frontera con China, Rusia y Corea del Sur. Los dos primeros tienen armas nucleares propias, y el tercero tiene en su territorio las enviadas por Estados Unidos.

Si los aliados de la OTAN atacaran con armas atómicas a Corea del Norte, los efectos y daños se extenderían a los territorios de China y Rusia, países que también son potencias nucleares. Es de prever que éstos responderían la agresión, con el riesgo de que los ataques se extiendan hasta América.

Los otros países vecinos de la península coreana, son Mongolia, Japón y Taiwán, éstos dos últimos aliados de Estados Unidos. Utilizar armas atómicas en esa zona geográfica, puede como dicen Trump y su jefe militar, destruir a Corea del Norte, pero colateralmente, Corea del Sur también sería destruida,

Un ataque a Corea del Norte, también debe ser meditado por Estados Unidos por la relación con China. Esos países asiáticos firmaron en 1961, un Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua, el cual en su Artículo II establece que en caso de una agresión, el otro “debe aportar ayuda militar con todos los medios a su disposición”.

La tensión entre Corea del Norte y Estados Unidos, ha existido desde que la península se dividió tras la intervención estadounidense y se instalaron bases militares en Corea del Sur. Sobre el tema nuclear, ambos países firmaron un acuerdo en octubre de 1994, pero ninguno lo cumplió.

En 2010, ante la falta de acuerdos con Estados Unidos, Corea del Norte inició formalmente su programa de desarrollo de armas atómicas y desde 2016 ha realizado pruebas de lanzamientos de misiles, generando amenazas de Donald Trump.

Rusia ha externado su oposición a las sanciones acordadas por la ONU y por Estados Unidos, tratando de estrangular la economía de Corea del Norte. Vladimir Putin calificó de “inaceptable”en mayo pasado, el acto de intimidar al país asiático por sus ensayos misilísticos.

El lunes pasado, Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea, informó que los integrantes de la Unión Europea acordaron acercarse con urgencia “a la República de Corea, Estados Unidos, China, Rusia y Japón, así como a Corea del Norte, para comunicar nuestros mensajes”.

Ese mismo día, KIm Jong-un, el líder norcoreano anunció que desistió de atacar la Isla de Guam, de protectorado estadounidense, pero advirtió que puede cambiar de opinión “en caso de que los yanquis persistan con sus peligrosas acciones en la península coreana”.

Desde hace varios meses, la Cruz Roja Internacional ha tratado de concertar reuniones entre los cuerpos diplomáticos de las dos Coreas, pero las amenazas del presidente de Estados Unidos entramparon esos esfuerzos.

La conclusión es que el conflicto de la península coreana se ha convertido en un problema global, pues si se inician las hostilidades, Estados Unidos exigirá a sus aliados de la OTAN que lo apoyen.

Las hostilidades pueden escalar e involucrar a China y Rusia, que de manera natural culparían a Estados Unidos si sus territorios o ciudadanos son afectados por las armas nucleares o de cualquier tipo.

Trump abrió un frente en Venezuela, al amenazar a este país con una invasión militar. Este país sudamericano, que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, tiene intercambios comerciales con Rusia, China e India, cuyos gobiernos no van a renunciar fácilmente a entregar sus intereses a Estados Unidos. 

El presidente de Estados Unidos, también abrió un frente con la mayoría de los países europeos, al desconocer el Acuerdo de París, Ya desde los años ochenta, David Owen, miembro del Parlamento Británico, advertía que ante un ataque nuclear, Europa estaba cerca de Rusia, en tanto que Estados Unidos se ubicada al otro lado del Atlántico,

Aunque se haya establecido una zona libre de armas nucleares en Europa, la tecnología de los misiles permite tomar como blanco no solo a las instalaciones militares, sino a las ciudades donde la población es más vulnerable.

Ante este negro panorama, quizá sea hora de retomar la propuesta de Olof Palme, de crear en la ONU un Concordato con facultades para identificar y  mediar en conflictos de países en desarrollo, con el compromiso de no intervenir las potencias, ni ejercer el veto.

Este concordato también tendría la capacidad de supervisión para caminar hacia el desmantelamiento total de los arsenales nucleares, armas químicas y biológicas, que son contrarias al derecho humanitario.

Ya la Unión Europea, Rusia y China, han enviado mensajes en el sentido de que el conflicto de Estados Unidos y Corea del Norte, se puede solucionar de manera satisfactoria, sólo a través del diálogo.


Compartir en redes sociales:
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
468 ad