Portal informativo de análisis político y social

La historia del grupo político más poderoso de Jalisco

La historia del grupo político más poderoso de Jalisco

Nov 5, 2016

Desde su fundación en 1791 como Real y Literaria Universidad de Guadalajara, pero sobre todo a partir de su reapertura por los regímenes de la Revolución Mexicana en 1925, la historia de la Universidad de Guadalajara está entrelazada a la de Jalisco. Su historia es también la historia del país, desde la Colonia hasta la contemporaneidad.

Por supuesto el ámbito político no ha sido la excepción. La consolidación del régimen posrevolucionario en el país y en la entidad misma y la eventual hegemonía priista, iría de la mano de la historia universitaria y la lucha por el poder al interior de sus claustros.

Dicha historia, luego entonces, es también una microhistoria que retrata la política real en el país: una puerta para conocer las entrañas del poder.

El Grupo Universidad —o como también se le conoce: el Grupo UDG, por las siglas de la Universidad de Guadalajara y que constituye la base de su poder— es el grupo político más poderoso del occidente de México.

Incuestionablemente, cn sucesivas mutaciones, pero desde su origen, cuya traza histórica nos lleva más de un siglo atrás al Centro Bohemio de José Guadalupe Zuno, el Grupo ha sido siempre un elemento relevante de poder regional.

Nunca, sin embargo, había tenido tanto poder como el alcanzado en marzo de 2013, cuando después de dieciocho años de gobiernos panistas el PRI, con apoyo del Grupo, recupera Jalisco. Al iniciar la administración, en el gabinete del gobernador Aristóteles Sandoval los universitarios tenían a uno de los suyos como secretario de Planeación, Administración y Finanzas (Ricardo Villanueva Lomelí); suya era la Secretaría de Salud (Jaime Agustín González Álvarez); la de Cultura (Myriam Vachez Plagnol); la de Innovación, Ciencia y Tecnología (cuyo titular, Jaime Reyes Robles, si bien no era integrante del Grupo, sí buena parte de los mandos medios de la dependencia); y el OPD Hospitales Civiles de Guadalajara (Héctor Raúl Pérez Gómez).

Tenían dos diputaciones locales con las siglas del PRI (Trinidad Padilla López y Jaime Prieto Pérez); y otras dos con las del PRD (Enrique Velázquez y Celia Fausto). En el Congreso federal, los diputados priistas Leobardo Alcalá Padilla y Patricia Ratamoza Vega (secretaria de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública y la de Ciencia y Tecnología), así como el perredista Roberto López (secretario de la Comisión de Cultura y Cinematografía y vocal en Educación Pública y Servicios Educativos), respondían directamente al Grupo. El diputado federal por el Partido Verde, Enrique Aubry, era aliado cercano, como también el senador panista José María Martínez.

La secretaría general del PRI en Jalisco era suya (Patricia Ratamoza). También la dirigencia estatal del PRD (su presidente Juan Carlos Guerrero Fausto). Contaba con magistrados afines en el Supremo Tribunal de Justicia, consejeros de la Judicatura y juzgadores en el Poder Judicial; leales universitarios en el instituto y tribunales electorales; en el Instituto de Transparencia e Información Pública; articulistas en los medios y líderes de opinión; organizaciones ciudadanas alineadas.

Y todo ello externo a su verdadera fuente de poder. La universidad. Con una matrícula superior a los cien mil estudiantes de nivel superior y un tanto más en bachillerato. Casi ocho mil quinientos docentes. Con once mil quinientos millones de pesos a ejercer como presupuesto aquel año: en comparación, el gobierno del Estado estimó en 77 mil seiscientos millones sus ingresos entonces, es decir, la U de G ejerció casi el quince por ciento de lo presupuestado por toda la administración pública estatal.

La organizadora de la Feria Internacional del Libro, el evento literario más importante de latinoamericana y en el mundo de las letras hispanas. Del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Administradora del Centro Cultural Diana y del Auditorio Telmex. Un canal propio de televisión, además de la añeja frecuencia en la radio. Propietaria del Club Leones Negros, equipo de futbol profesional.

Desde la reforma universitaria de 1994, la universidad ha logrado presencia en la totalidad de las regiones del estado, con nueve centros universitarios (CUCosta en Puerto Vallarta, CUCosta Sur en Autlán de Navarro, CUSur en Ciudad Guzmán, CUCiénega en Ocotlán, y CUAltos en Tepatitlán de Morelos, CUValles en Ameca, CUNorte en Colotlán, CULagos en Lagos de Moreno, y CUTonalá).

Pero, como hemos señalado, no se trata de una camarilla que meramente domine la política universitaria dentro de los linderos de los campus. El Grupo UDG es un ente de poder con peso en el PRI Jalisco. Que domina el PRD de la entidad. Aliado al Partido Verde y con sectores del PAN. Que controla tramos de poder en secretarías y dependencias del gobierno estatal, en el Congreso local y en el Poder Judicial. Además de manejar en los hechos la política cultural del Estado.

Gobernadores van y vienen, de un signo partidista y otro, grupos políticos se encumbran y caen, el régimen priista fue derrotado y regresó, la alternancia panista llegó y se fue, y el Grupo Universidad se sostiene, incuestionada su hegemonía dentro de la que es después de la Universidad Nacional Autónoma de México, la segunda institución educativa más importante en el país.

Y tal poder no obedece simplemente al hecho de ser el alma mater de la mayoría de los funcionarios de los gobiernos locales, por su carácter público. No. La explicación está en otro lado.

En el contexto de un régimen posrevolucionario sui generis priista, un modelo corporativo, en donde a los actores políticos les era —les es— recompensada su utilidad para el funcionamiento del sistema; en un aparato estatal que por una parte canalizaba la demanda de sectores vastos de la población, como los trabajadores y los campesinos, a través de las organizaciones gremiales partidistas, al mismo tiempo que modulaba tales demandas y el eventual descontento a niveles manejables; y que recompensaba a los líderes que tuvieran la capacidad de control y también interlocución con los potenciales críticos u oponentes al régimen: los estudiantes eran, por supuesto, un segmento relevante de esos potenciales opositores.

En las escuelas y facultades públicas se forman los líderes políticos de las clases medias. Allí los partidos opositores al sistema buscaban reclutar sus cuadros. Así la universidad pública tenía una doble función para efectos del funcionamiento del sistema político priista: conducir el ímpetu juvenil para que no se desbordara por cauces antisistema; y ser un espacio de reclutamiento de liderazgos y su cooptación —canalización— a través del partido oficial. Esto hizo el grupo universitario en Jalisco durante décadas.

El otro elemento, lo que lo hace el grupo político que ha sobrevivido incluso a la hostilidad de varios gobernadores y al menos un presidente de la República (como fue el caso de Luis Echeverría Álvarez) es su cohesión, sus códigos, que han sido preservados más allá de sus integrantes y liderazgos en turno. El Grupo Universidad ha tenido diferentes configuraciones, y también ha padecido reveses, pero su sino común ha sido el hacer frente al poder estatal, por la negociación o por la fuerza, en sus cuatro etapas históricas. La de José Guadalupe Zuno; la de Enrique Díaz de León; de Carlos Ramírez Ladewig; Álvaro Ramírez Ladewig; y la actual de Raúl Padilla López. Del Grupo Bohemio al FESO cardenista; la FEG priista; la FEG antipriista; y finalmente, la actual configuración del omnipresente padillismo.

Cada etapa enfrentó sus rebeliones internas y el antagonismo exterior. Pero fue el entramado del grupo, su compleja red de intereses compartidos lo que sacó adelante a sus líderes y prebendados. Excepto cuando no lo consiguieron —de hecho, solamente hubo una transición de ruptura: la que va de Álvaro Ramírez a Raúl Padilla—, en cuyo caso, el líder de antaño fue rebasado por el nuevo líder.

 

CON DIMENSIONES DE LEYENDA

Odiado por sus adversarios, cautelosamente respetado por sus aliados, y en partes iguales venerado y temido por sus subordinados, Raúl Padilla López es una figura que cobra dimensiones de leyenda, quizá más negra que blanca, pero definitivamente nunca gris. Ningún personaje de la vida pública de Jalisco en las últimas tres décadas despierta tal vehemencia, en un sentido u otro. El antipadillismo ha resultado incluso ser una moneda políticamente rentable, a la que han recurrido en diferentes momentos personajes tan diversos como Emilio González Márquez, Carlos Briseño Torres y Enrique Alfaro Ramírez.

El liderazgo de Raúl Padilla es atípico respecto a sus antecedentes en el Grupo. José Guadalupe Zuno fue el patriarca, el refundador de la educación como empresa de dominación. Enrique Díaz de León creó y echó a andar la maquinaria corporativa; la ingeniería del poder a partir del control de la representación estudiantil. Carlos Ramírez Ladewig afinó la maquinaria y la usufructuó como pilar del priismo hegemónico y sus cuotas. Álvaro la heredó y la enfrentó con el sistema, llevándola a una crisis al poner en riesgo su funcionalidad, a medio camino del discurso revolucionario y el aburguesamiento del reparto de plazas y escuelas.

No solamente se ha mantenido al frente del Grupo por más años que ninguno de sus antecesores, sino que Raúl Padilla ha extendido su poder más allá de lo logrado por cualquiera de ellos, aprovechándose de la coyuntura histórica del resquebrajamiento de la hegemonía priista. Ha construido su imperio sobre la ruina de otros imperios. La caída del comunismo. El deceso del nacionalismo revolucionario como ideología oficial. La derrota electoral del priismo.

Hay, sin embargo, una frontera que les ha sido vedada, a Raúl Padilla como en su respectivo momento a Carlos y a Álvaro Ramírez Ladewig; geografía de la que fue exiliado el patriarca Zuno y el mismo padre de los Ramírez Ladewig, Margarito Ramírez, ambos —Zuno y Ramírez— de estancia recortada; anhelo de retorno, origen del poder que desde entonces administra el Grupo: la gubernatura de Jalisco.

Lo intentó primero Carlos Ramírez; Álvaro la quiso para el Grupo, en la persona de Enrique Zambrano Villa; la buscó Raúl Padilla mismo y su hermano Trinidad; la tragedia de Carlos Briseño Torres no se explica sin esa aspiración. Y sigue evadiendo al Grupo.

Durante los primeros años de la década de los setenta el equipo de futbol profesional de la Universidad de Guadalajara estuvo cerca de lograr ascender a la primera división. Perdió la final. Sin embargo sus dirigentes compraron una franquicia de primera división y armaron un conjunto con refuerzos brasileños, que por la complexión de su piel y por lo abultado de su rizada cabellera, como se estilaba por entonces, fueron llamados Leones Negros. Que incluso disputó en su segundo año una final al América de la poderosa empresa de comunicaciones Televisa, y otra más a los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México —perdiendo ambas—.

El apelativo Leones Negros se aplicó a la escuadra. Y si bien el equipo desapareció durante varios años, echó raíces en la comunidad universitaria.

El Grupo Universidad es el león negro.

La fiera y dominante bestia, tranquila, soberana, que hace uso de la fuerza cuando tiene que hacerla.

Las páginas siguientes son una crónica y también un análisis. Desentrañar al león negro.

Escudriñar las entrañas del grupo político más poderoso de Jalisco.

Paradoja. En el mundo académico —la jungla universitaria—, donde los doctorados y las maestrías son trofeo, símbolo de estatus, es Raúl Padilla, a quien todos llaman, solícitos, licenciado, el rey león.

*Luis Cisneros Quirarte ()**
Es autor del libro de próxima aparición.
Twitter: @luiscisnerosq