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LAS FOBIAS IDEOLÓGICAS VIGENTES: Historias de traspiés diplomáticos del gobierno calderonista

LAS FOBIAS IDEOLÓGICAS VIGENTES: Historias de traspiés diplomáticos del gobierno calderonista

Feb 25, 2017

 

 

Por Alberto Cárdenas Camarena

Lo sucedido con Felipe Calderón Hinojosa, titular del ejecutivo mexicano entre 2006-2012 y la Cancillería Cubana no es casualidad, es el resultado de muchos traspiés diplomáticos durante las administraciones panistas.

SEXENIO FOXISTA:

Recordemos aquel primer incidente diplomático del “comes y te vas” de Vicente Fox Quesada a Fidel Castro Ruz con motivo de su asistencia a la Cumbre de Monterrey, que entonces, entre dimes y diretes, unos lo negaron mientras otros lo hicieron público.

He aquí los detalles que pude encontrar en diferentes fuentes para tener elementos suficientes y poder opinar sobre el desaire recibido por Calderón Hinojosa.

Los entretelones del “comes y te vas” son contados por el periodista Homero Campa en el libro La conexión México-La Habana-Washington. Una controvertida relación trilateral, donde escribe que: “Washington pidió expresamente al canciller mexicano Jorge Castañeda que el presidente George Bush no coincidiera con Fidel Castro en la Cumbre de Monterrey, que se realizó en marzo de 2002. El líder cubano –que había dado todas las señales de que no asistiría– anunció de improviso su asistencia al evento. De manera apresurada, Castañeda sugirió al presidente Fox hablar por teléfono con Castro y elaboró para él un guion que éste siguió a medias…”

El entonces embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow, recuerda que durante 2001 el gobierno de Fox había cabildeado intensamente para que México fuera sede de la Cumbre Internacional de Financiación para el Desarrollo, y esperaba la asistencia de los mandatarios del mundo entero, entre ellos, por supuesto, el de Estados Unidos. Sostiene que la presencia de Bush “atraería a importantes jefes de Estado” a la cita.

No obstante –señala Davidow–, Washington se rehusó de inmediato a aceptar la invitación. Bush estaba enfocado en la guerra contra el terrorismo, y la Casa Blanca se preocupó de que esta fuera otra oportunidad para que los países pobres atacaran a los ricos, particularmente a Estados Unidos, acusándolos de otorgar financiamiento insuficiente.”

Según Davidow, “no fue sino hasta finales de enero de 2002 cuando Washington verificó que todos los documentos de la conferencia insistieran en que los países debieran reconocer que reformar sus respectivas políticas económicas era la clave para el desarrollo”.

Fue así como la Casa Blanca “anunció la presencia del presidente Bush en la Cumbre de Monterrey. El gobierno de México estaba encantado y, tal como se había previsto, el número de jefes de Estado que confirmaron su asistencia aumentó notoriamente”.

Davidow recuerda que “poco después, recibí una llamada del Consejo de Seguridad para pedirme que hablara con el canciller Jorge Castañeda con respecto a Fidel Castro”. Así lo hizo. A Castañeda “le dije que nuestro presidente asistiría, con o sin la presencia de Castro, aunque comenté que la Casa Blanca no deseaba que el presidente Bush se viera en la situación de encontrarse con el cubano. Washington quería que la prensa se enfocara en la nueva iniciativa de apoyo internacional presentada por Bush, y de ninguna manera aprobaba que las noticias de la tarde presentaran un melodrama sobre Bush y el dictador caribeño”.

Una fuente del entonces gobierno mexicano comentó al autor del libro que Washington hizo tal solicitud a finales de 2001, durante una llamada telefónica entre el secretario de Estado, Colín Powell, y el canciller Castañeda. Según esa versión, Powell le anunció a Castañeda que Bush asistiría a la Cumbre de Monterrey, pero le hizo saber que había otro inconveniente: a Bush se le crearía un problema doméstico estar en el mismo lugar y en el mismo momento con Castro. ¿Se podría buscar un mecanismo para que ambos no se puedan encontrar?, habría solicitado Powell.

En la fuente consultada también se consigna que: “Castañeda afirma que durante la visita que Fox realizó a Cuba en febrero de 2002 el propio Fidel Castro comentó que no asistiría a Monterrey.

Nunca le pedimos que no fuera a Monterrey, simplemente se le dijo: Viene la Cumbre, ya está el consenso, ya está aprobado, todo mundo está de acuerdo. Y él dijo: ‘Pues yo no creo que vaya a poder ir’.”

Según Castañeda, Castro dijo eso en dos ocasiones: durante una reunión al medio día del 3 de febrero de 2002, en la que él participó como miembro de la comitiva mexicana que acompañó a Fox a La Habana, y durante el encuentro privado que sostuvieron por la noche de ese día Fox y Castro. “Esta reunión estuvo dedicada casi por completo al tema del encuentro que Fox tendría al día siguiente con los disidentes, por lo que el tema de Monterrey se tocó marginalmente, pero, según Fox, cuando ello se abordó, Fidel dijo: ‘no creo que vaya a ir’”.

Aquí hago un paréntesis y puntualizo, mientras el Jefe de Estado Mexicano era atendido acorde al protocolo diplomático, por su homónimo Cubano ¿éste tenía programada una reunión con la oposición al Gobierno Cubano? ¿Cómo tomarías tú una actitud semejante en tu casa? ¿Qué porque enfatizo esto?, bien, sigamos leyendo lo que Castañeda declaró cuando Fidel Castro, habiendo ya iniciado el encuentro, confirmó su asistencia a la Cumbre:

Bueno, si Castro viene simplemente buscamos cómo evitar que coincidan en El Retiro” (sitio de la comida), ofreció Castañeda a Rice. E incluso le comentó que se podría hablar con Fidel para que éste no fuera a esa comida, pero le advirtió que si se rehusaba, entonces el gobierno de México entendería que Bush no asistiera al evento.

El gobierno de México no puede impedir el ingreso de Castro a alguna de las actividades de la cumbre. Está en su derecho debido a que es un evento de Naciones Unidas. Si por ese motivo ustedes (los estadunidenses) no quieren estar ahí, será una lástima, pero ni modo: lo entenderemos muy bien”, afirma Castañeda que le dijo a Rice.

De acuerdo con Castañeda, en ese momento no les preocupaba la reacción estadunidense. “A esas alturas era obvio que Bush no iba a cancelar por el hecho de que acudiera Castro, lo cual sí hubiera sido grave. Lo que nos preocupaba era lo que iba a hacer Fidel en Monterrey porque de eso sí teníamos bastante información”.

Y es que, según Castañeda, Fidel planeaba una serie de actividades alternas a la cumbre: recibir un doctorado honoris causa por parte de la Universidad Autónoma de  Nuevo León; participar en un mitin multitudinario organizado por el Partido del Trabajo, reunirse con los globalifóbicos en la Macroplaza de Monterrey, a la que se unirían “los macheteros” de San Salvador Atenco, que ya iban en camino…

El ex canciller mencionó que sabiendo lo anterior se acordó con Fox: “pedirle que limitase sus actividades estrictamente a la cumbre, nada más, pero nada menos”.

El Estado Mexicano estaba realmente preocupado. La razón: que al participar en esos actos públicos Castro podría abordar el tema de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, cuyas sesiones iniciarían unas semanas después en Ginebra, y que azuzara a los partidos de oposición –PRI, PRD y PT– y a la opinión pública para que México votara en contra de cualquier resolución sobre Cuba en dicha comisión. En los hechos, que utilizara el marco de la cumbre para influir en la política del país.

Aquí acoto un segundo paréntesis. ¿Fox si podía ser irrespetuoso de las costumbres diplomáticas reuniéndose en la isla con la disidencia cubana en febrero de 2002, pero Fidel no debería siquiera intentar reunirse con la oposición mexicana en Monterrey?

Según Castañeda, él mismo sugirió a Fox llamar a Castro por teléfono para plantearle esa solicitud: que su participación se circunscribiera exclusivamente a la cumbre.

Eh aquí el punto medular sobre esa llamada telefónica donde surge el “comes y te vas”:

FOX: Si te resulta indispensable asistir a la Conferencia, te quiero pedir un favor: Que vengas el jueves (21 de marzo) en la mañana y hables al final de la sesión de esa mañana. Yo estaré presidiendo. Que me acompañes al almuerzo que ofrece el gobernador Canales a todos los jefes de Estado (y te sientes a mi lado), y después de la comida te regreses a Cuba, evitando de esa manera un encuentro con Bush que llega el jueves por la tarde.

Que no te reúnas con ningún grupo extranjero o mexicano, ni con globalifóbicos ni con partidos políticos mexicanos de ninguna orientación política, sino que te apegues al comportamiento de los demás Jefes de Estado.

 

SEXENIO CALDERONISTA:

LA INFLUENCIA EL PRETEXTO

Ahora analicemos lo acaecido durante el sexenio Calderonista que inició con una mejora en la relación entre México y Cuba cuando ambos gobiernos acordaron restructurar la deuda cubana y establecieron las bases de un acuerdo migratorio en 2008, pero en 2009 el brote de gripe AH1N1 deterioró el diálogo entre Calderón y Raúl Castro.

El gobierno cubano prohibió durante un mes los vuelos comerciales provenientes de México y sometió a los mexicanos a revisión y seguimiento “clínico-epidemiológico”. En respuesta a estas medidas “discriminatorias”, Calderón suspendió su visita oficial a la isla.

El 11 de mayo del 2009, desde su habitual columna en Granma y Cubadebate “Reflexiones del compañero Fidel”, Fidel Castro acusó a Calderón de ocultar el brote epidémico para no estropear la visita a México del presidente estadunidense Barack Obama. “Ahora nos amenaza con suspender su visita a Cuba (…)”, escribió.

El 11 de agosto de 2010, Fidel Castro arremetió de nuevo contra Calderón en la columna titulada “El gigante de las siete leguas”: el entonces expresidente de Cuba acreditó la tesis del fraude electoral del año 2006. Aseveró que el “imperio” no permitió a Andrés Manuel López Obrador “asumir el mando”, pese que ganó “la mayoría de los votos”.

Dos días después, la Cancillería expresó el “rechazo” del gobierno mexicano “a las afirmaciones formuladas por el expresidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, en las cuales pretende descalificar a las instituciones mexicanas y se hace eco de afirmaciones sin sustento sobre el país y su desarrollo”.

Ofendida, la administración calderonista añadió: “El gobierno de México hace votos para que pronto el pueblo de Cuba pueda acudir a elecciones libres para elegir a sus representantes y se respeten plenamente los derechos humanos en la isla”.

Durante su administración, el ahora ex presidente Felipe Calderón, no tuvo una relación muy abierta con el gobierno de Fidel Castro. Fue hasta la dimisión del líder revolucionario, que el panista pudo pisar la isla, ya bajo la Presidencia de Raúl Castro cuando finalmente concretó su visita en abril de 2012, pese a un nuevo golpe en la relación bilateral: semanas antes, durante la visita del entonces Papa Benedicto XVI, las autoridades cubanas detuvieron a cuatro católicos mexicanos quienes se habían comunicado con las Damas de Blanco, un grupo disidente conformado por esposas, madres y hermanas de presos políticos.

Aunado a lo anterior, una vez que termino su periodo, Felipe Calderón mantuvo un contacto estrecho e incluso proporcionó apoyo económico a la disidencia del Gobierno Cubano. Específicamente al líder opositor Oswaldo Payá.

Memoria corta tiene el ex servidor público, quién el día en que falleció Fidel Castro Ruz twitteaba lo siguiente: “Cuando nací Fidel Castro ya era Dictador en Cuba. Fui Presidente de México y seguía siéndolo. Ojalá llegue pronto la Libertad a los pueblos cubanos”, publicó.

Refiriéndose a Fidel Castro como “dictador de Cuba”. Por su parte, Margarita Zavala también encomió la muerte de Fidel Castro y escribió: “Que el nuevo amanecer en Cuba traiga la democracia y las libertades negadas durante generaciones”.

Ahora sí, con estos antecedentes, analicemos fríamente el momento incomodo que pasó el martes Felipe Calderón Hinojosa en el aeropuerto de la CdMx cuando los ejecutivos de la línea aérea en la que viajaría a la isla recibieron un mensaje del Servicio de Inmigración del Gobierno Cubano donde les comunicaba que el pasajero FCH no estaba autorizado para ingresar a Cuba y les solicitaba no permitirle abordar la aeronave. Incluso trascendió que ni siquiera contaba con la VISA correspondiente que, como cualquier ciudadano mexicano debe presentar ante las autoridades migratorias.

Entonces, debería ser Calderón quien explicase ¿el porqué, o con qué fin intentó ingresar a la isla de manera ilegal? Seriamos ilusos si creemos que un ex presidente no sabe los requisitos que debe cumplir para viajar al extranjero. Si viajaba como ciudadano mexicano, debía cumplir con los acuerdos diplomáticos entre México y Cuba para su ingreso. Y, si viajaba como ex presidente del Ejecutivo, debió avisar a la Cancillería Mexicana para que ésta gestionara el protocolo y atenciones respectivas por parte del Gobierno Cubano. ¿Dolo? ¿Mala fe?

Coincidentemente es el propio Calderón, quien informó de esta decisión del gobierno de Cuba a través de su cuenta de Twitter, en la que dio a conocer a Rosa María Payá que no podría asistir al homenaje a su padre, el fallecido opositor Oswaldo Payá.

Una vez que se confirmó que no podría ingresar a Cuba, Calderón escribió, también en Twitter: “Anhelo y me comprometo a luchar para que un día todos los latinoamericanos podamos vivir en Libertad, Justicia y Democracia (sic)”.

Con estos antecedentes diplomáticos durante su gestión al frente del Ejecutivo Mexicano, y su mensaje de condolencia como ex jefe de estado, ¿cómo pretendía ser recibido con cortesía?

El que siembra vientos, cosecha tempestades….