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Presentación del libro “Testimonios sobre una herida abierta”: Plantean necesario reabrir el caso 22 de abril y saldar deudas

Presentación del libro “Testimonios sobre una herida abierta”: Plantean necesario reabrir el caso 22 de abril y saldar deudas

Nov 20, 2017

Por Mario Ávila //

La presentación del libro “Testimonios sobre una herida abierta” es la coyuntura para que los tres principales actores de la tragedia del 22 de abril, pidan que 25 años después se reabra el caso y se salden deudas. Para empezar Ignacio Morales Lechuga, ex titular de la PGR con un público y efusivo abrazo, saldó su deuda moral con el ex alcalde de Guadalajara Enrique Dau Flores, que pagó con cárcel su presunta negligencia.

Ignacio Morales Lechuga, admitió que “siguen las heridas abiertas y no se ha actuado con la suficiencia que los jaliscienses esperarían de la Federación”.

Enrique Dau Flores reconoce que se debe hacer algo más por las víctimas: “Estoy cierto que a partir de esta expresión habrá acciones en favor de ellos, yo me encargaré también de impulsarlas”.

Lilia Ruiz Chávez, presidenta de la Asociación 22 de Abril, expuso: “Consideramos que si el ex procurador hablara ante las autoridades y lo dijera en la manera en lo que lo tiene que hacer, sería suficiente para reabrir el caso”.

Morales Lechuga dijo: “Recordar los 210 cadáveres de acuerdo al registro civil y 8 kilómetros de destrucción, no son buenos recuerdos y sobre todo reflexionar que siguen las heridas abiertas y que no se ha actuado con la suficiencia, que los jaliscienses esperarían de la Federación, me siento mal, me siento solidario con el sentimiento que embarga esta reunión”.

Recordó que vino a Jalisco 10 años después de la tragedia, “en el 2002 pero desde el principio declaré que era la gasolina, hice una reserva, dije no puedo establecer una culpa o una responsabilidad sobre personas morales, pero está claro que fue la gasolina que produce Pemex la causante de la explosión”.

A la pregunta de si después de esta disculpa a Dau Flores ya tiene la conciencia tranquila, Morales Lechuga contesto: “La conciencia siempre he buscado no cargar en ella nada de lo que pueda arrepentirme desde el punto de vista de la función, en lo personal sí tenía yo que venir y darle un abrazo al ingeniero Dau”.

Por su parte el ex alcalde Enrique Dau Flores al aceptar la disculpa pública de Morales Legucha, explicó: “Por supuesto, no hay nada que lo justifique, que lo disculpe, pero esta es una actitud de una gran calidad humana del licenciado Morales Lechuga”.

Ello ocurrió en el Colegio de Jalisco en el marco de la presentación del libro de la autoría de Jorge Federico Eufracio Jaramillo, en donde se recopilan siete entrevistas a personajes que tuvieron cierta participación en la tragedia: Enrique Dau Flores, Ignacio Morales Lechuga, Javier Jiménez Espriú, Juan Gualberto Limón Macías, Andrés Cortés Landázury, mayor Trinidad López Rivas y Lilia Ruiz Chávez.

Dice el autor que se trata de un libro sobre testimonios, explicaciones y sentimientos, así como las consecuencias diversas que tuvo el hecho trágico, aseguró que es difícil llegar a una versión definitiva de lo sucedido aquel miércoles fatal, “pero en la diversidad hay una riqueza enorme que había que rescatar y como académico y con compromiso ético había que recolectar y mostrar en este libro para que los lectores conozcan estas visiones y tomen sus propias posturas para decidir con qué escenario se queda”.

Y con la misma intención que el autor del libro, de que sea el lector el que realice sus propias conclusiones sobre el hecho trágico, aquí transcribimos con puntualidad la argumentación de Ignacio Morales Lechuga y una entrevista hecha en el mismo escenario a Lilia Ruiz Chávez.

ERA GASOLINA Y LA GASOLINA LA PRODUCE PEMEX

Ignacio Morales Lechuga, jurista y ex titular de la PGR:

Yo llegué a Guadalajara e 23 de abril con la petición del presidente de investigar lo más rápido posible, consciente de la indignación que había en ese momento y de la cantidad de pensamientos, rumores, comentarios, hipótesis que se habían generado alrededor de la explosión. Cuando llegué había una persona moral señalada como la responsable, Aceitera La Central y se decía que era el hexano que manejaba lo que había causado el accidente; hicimos varias pruebas de carácter técnico en la trampa que manejan las aceiteras que son unos tanques de agua con el hexano que una vez que sacan o activan el aceite, es rescatado el hexano, separado del agua y podría existir la posibilidad de una falla, pero verificamos que funcionaba bien y que los consumos de hexano no se habían alterado”.

En ese momento el procurador Leobardo Larios -un gran procurador y una gran persona, asesinado años después- llegó ya con los exámenes de expectofotometría, se habían tomado 57 muestras a lo largo de 8 kilómetros colapsados por la explosión y las 57 muestras demostraban que había gasolina combusta, es decir gasolina que había participado en la explosión, el origen era muy claro, era gasolina y la gasolina la produce Pemex, nadie más”.

Ya estaba la gasolina pero podría haber sido una gasolinera, podría haber sido robo de gasolina, perforación como los guachuicoleros, podría haber sido una limpieza o accidente en La Nogalera, donde se depositan los combustibles y empezamos a analizar una a una las hipótesis. Esto que les comento por minutos y segundos, no queríamos interrumpir nuestra actividad, yo me quedé afónico al tercer día de tanto hablar y dar instrucciones, pero seguíamos incansable y desesperadamente buscando de dónde salía el combustible y como había llegado al drenaje”.

También habíamos visto el sifón o “by pase” con motivo de la construcción del Tren Ligero que había interrumpido la ventilación que originalmente tenía el drenaje en los 22 kilómetros que lo conformaban. Cuando tengo una conversación con el presidente Salinas de Gortari, me pregunta “Cómo vas” y le dije, ya descubrí de dónde no salió, me falta descubrir de dónde sí salió, pero ya estoy seguro que la aceitera La Central que me imagino quién hizo correr la noticia y la filtró a los medios (Luis Donaldo Colosio Murrieta), ahí no fue, estamos ocupados en ubicar el sitio exacto”.

Finalmente en la zona del Álamo Industrial descubrimos que había una mancha de gasolina grande, empezamos a explorar y llegamos al poliducto Guadalajara-Salamanca después de haber revisado parte de todo el poliducto había un orificio de 11 o 12 milímetros, suficiente para filtrar combustible al subsuelo, que por la misma gravedad llegaría al drenaje y que se acumularía con gases y con los hectanos provenientes de las aguas negras, obviamente aumentando el peligro de explosividad”.

No era necesarias grandes cantidades, lo que se necesitaba era una cantidad mínima en función de los 8 kilómetros pero de alguna manera la existencia de las condiciones de explosividad necesarias. El olor tenía ya varios días, los medios de comunicación, periódicos y radiodifusoras lo habían propagado de que el olor a gasolina era permanente durante varios días, con lo cual desechamos que fuera una pipa que se hubiera vertido al drenaje con combustible robado, también desechamos que en La Nogalera hubieran limpiado las instalaciones y no encontramos evidencia de ello”.

Pero cuando encontramos el orificio vimos que esa era una posibilidad, por ello pedimos a los ingenieros y teníamos a la mano a un asesor de una empresa extranjera petrolera de Texas y unas personas del Instituto de Investigaciones Eléctricas y del Instituto Mexicano del Petróleo, y la respuesta fue sí se derrama suficiente por la presión y la cantidad que se bombea de Salamanca a Guadalajara”.

Esa aparente abertura que se formó por la falta de protección catódica, una protección eléctrica que se le da a un tubo para que no se deshaga bajo la tierra con la humedad, no entra el óxido digamos y no se daña el tubo, esa protección catódica se checa con unos postes amarillos que están arriba del poliducto que alertan el peligro y hay unos cátodos sobre los cuales debe estarse revisando constantemente, para ver si el ducto está o no protegido catódicamente, para ver que no haya un orificio, una alteración, que sea tocado y debe inmediatamente actuarse, los cátodos estaban ferrosos, oxidados, quiere decir que durante meses no se habían tocado y que negligentemente no se habían revisado”.

Entonces empezamos no a elaborar una teoría o una hipótesis, sino a comprobar con las pruebas, pruebas y más pruebas, con los resultados periciales y más resultados, empezamos a comprobar qué era lo que había pasado, y resultado de esas pruebas fue como llegamos a las conclusiones: “No hay en el accidente de Guadalajara una conducta criminal intencional de causar daño a nadie, se trató de una desafortunadísima negligencia de los encargados de Pemex, de no estar vigilantes de la protección catódica del ducto y de una desafortunadísima intervención de los responsables de protección civil, que llegaron y ordenaron a los bomberos que vaciaran agua en el drenaje, y el agua, como nos enseñaron en la escuela, es H2O y lleva oxígeno, y el oxígeno aumentó el peligro de explosividad en lugar de reducirlo, eso fue lo que ocurrió, entró más oxígeno, con el combustible y los gases había, la fuente de calor ya es difícil precisarla, si fue un cerillo, un cigarro, una chispa, un coche, imposible saberlo”.

Y ahí viene lo más doloroso y lo más pesado, si habíamos concluido que era un accidente y que no había manos criminales atrás, y ojo, estoy hablando de memoria de un hecho ocurrido el 22 de abril de 1992 y yo vine 10 años después a una entrevista de televisión y les dije a los entrevistadores, ustedes tienen alguna prueba adicional, me dijeron no, bueno, yo sí tengo pruebas: dejé en el Congreso de Jalisco 72 mil páginas con una síntesis ejecutiva de 100 páginas, otro en el Congreso de la Unión y otro en la biblioteca de la Procuraduría General de la República, para que quien quisiera analizarlo y contradecir las pruebas que nosotros seguimos acumulando durante los meses siguientes, lo pudiera hacer y que yo sepa, nadie ha hecho un ejercicio que contradiga estos resultados”.

Pero viene el punto de conciencia y me baso para la consignación en un delito que nosotros le llamábamos delito de culpa o delito de negligencia y la culpa no tiene el dolo delictivo que alguien quiera cargar para causar daño, es simplemente una intervención desacertada y cuando tocamos Protección Civil nos fuimos sobre todas las ramas y toda la rama de los encargados de Petróleos Mexicanos, del súper intendente para abajo”.

Si ustedes quieren yo creo que fue una decisión de frialdad exclusivamente negativamente para la calidad del delito culposo. Me vine con la convicción de que habíamos cumplido con la ley, pero no habíamos cumplido con mi conciencia, porque no me sentí satisfecho y meses después me enteré de un desistimiento y la finalización del proceso”.

Lo que quedó pendiente y que de alguna manera rebasaba mis facultades como Procurador General de la República, fue la reparación de las víctimas, el Estado y en este caso Petróleos Mexicanos tenía que estar obligado a resarcir a todas las víctimas de la explosión, los deudos, los familiares y las personas lesionadas, si estaban incapacitadas tenían que haber sido satisfechamente arropadas, indemnizadas y beneficiadas y no solamente eso, tenían que haber sido ayudadas psicológicamente para superar el trauma que deja un problema de esta naturaleza”.

Sé que no hubo ni reparación suficiente, ni indemnización, ni asistencia psicológica, ni siquiera la cercanía del calor humano que pudiera en ese momento sentir las víctimas, por eso me atreví a comentarle al autor del libro que la herida por supuesto que sigue abierta y no se puede sanar como se ha hecho por parte del Estado”.

Lo lamento como mexicano que esto haya ocurrido, el abandono no debe permitirse y la circunstancia política, yo entiendo que la votación de Jalisco se dio a favor de las víctimas al darle la espalda al partido en el gobierno a partir de 1992, eso está claro, como en México ocurrió después del sismo del 85 en la elección del 88, yo creo que el voto al final de cuentas también es un instrumento de solidaridad, de repudio, de enojo, de coraje, de irritación”.

Cuando está uno en la procuraduría de un estado, tiene uno la representación social, pero en la PGR no tiene uno la representación social y ojo, no estoy cambiando de tesis, en aquella época me preguntaron ¿Pemex es culpable? Y me respuesta fue, las personas morales no son culpables, solo las personas físicas, porque no hay una responsabilidad penal y no puede el procurador ejercerlas, pero decía yo, la gasolina es más que suficiente para iniciar acciones de otra naturaleza como las acciones civiles, para reclamar el daño y el daño moral a la empresa paraestatal”.

En el año de 1998 escribí un libro que le llamé “Vientos de Cambio” y en él tuve unos párrafos para el ingeniero Dau diciendo que consideraba que había sido excesiva nuestra acción judicial en contra de su persona, tiempos después tuve la oportunidad de entrevistarme con él y de enviarle algunos ejemplares, hoy ratifico esa posición públicamente: “Me siento atrapado en este caso, no porque no haya cumplido con mi deber, sino porque como mexicano tenía que haber estado más condolido con un sistema de justicia y sobre todo con un sistema de reivindicación para las víctimas, tal vez lo mejor que debí haber hecho, pero ya no hay hubiera, hubiera sido renunciar y dedicarme a atender a las víctimas, pero tal vez en ese momento el apego al derecho y el apego también al poder me impidió dar un salto que debí haberlo dado”.

Atender a las víctimas que tienen su vida marcada, es el reclamo, al menos así traté de entender lo que la señora Ruiz Chávez escribió en la parte final del libro y su voluntad heroica permanente de no bajar la guardia ni la bandera hasta esta fecha y dedicar su vida entera a reclamar y reclamar y reclamar la atención a las víctimas. Gracias por la palabra, pero no me considero así y no vengo en un plan de cínico, leí el libro y por eso expreso estas palabras”.