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Banco Diocesano de Alimentos: Manos que dan pan

El Banco Diocesano de Alimentos opera desde 1991. Fue el primero en su tipo en el país. Día a día enfrenta una de las caras de la pobreza: el hambre. José Neftalí Martínez Abundis, director de Desarrollo Institucional del Banco Diocesano de Alimentos de Guadalajara, colabora ahí desde hace cinco años. “La filosofía es decirle no al desperdicio. Esta una estrategia muy efectiva para atacar problemas de hambre”, asienta.

Martínez Abundis, justifica la existencia de estas instituciones ante la existencia de la pobreza alimentaria. Cita cifras duras: “A nivel nacional se estima que hay alrededor de 23 millones de personas que están en situación de pobreza alimentaria. Hay insuficiencias de ingreso para adquirir la canasta básica”. Lo que afirma trae como consecuencia que se agrave la disminución de la calidad y cantidad de alimento, además de que se dejan de consumir proteínas.

“Entonces, empieza la gente a consumir energía, poca proteína que es fruta, verdura, los lácteos desaparecen de la mesa. Por ello, empiezan a comer más tortilla y aunado a eso están ciertos patrones de consumo inadecuados”, apunta. José Neftalí refiere que el éxito de esta propuesta reside en que se trata de “un ganar, ganar”.

Explica: “La gente que hace sus donativos, empresas, productores, aparte de hacerlo por solidaridad lo hacen porque económicamente es conveniente. Ellos tienen inventarios de productos que ya están en un nivel de madurez que les impide venderlos y esos inventarios hay que sacarlos. También sacar o mover cualquier cosa de una empresa tiene un costo y ese costo lo omiten ya que el banco envía sus propios vehículos a las empresas para recuperar los bienes.

Por esta parte ganamos por los dos lados”. El director del Banco Diocesano se dice consciente de que el entregar despensas no elimina completamente el problema, sin embargo ayuda a que las personas puedan salir adelante. “No van a salir de la pobreza recibiendo despensas pero sí las necesitan: quizá en lo que buscan un empleo, o ponen un pequeño negocio, en lo que salen adelante requieren de un tipo de ayuda que les permita seguir comiendo con dignidad y tener la fuerza física y claridad mental para tratar de intentar solucionar sus situaciones de ingreso, empleo”, indica. La institución también promueve programas para hacer a las personas autosuficientes como los huertos familiares y talleres de costura entre otros.

Conciencia pública. ¿Cómo nace el Banco Diocesano de Alimentos?

José Neftalí Martínez. El Banco Diocesano de Alimentos nació en 1991, tres empresarios tapatíos percibieron una contradicción dentro de nuestra sociedad. Al mismo tiempo que miles de familias tenían graves carencias alimentarias se presentaba y se sigue presentando un gran desperdicio de alimentos en diferentes áreas de la economía.

Desde la producción de alimentos, el procesamiento de los mismos y su comercialización. En cada una de estas esferas hay desperdicio. Y el desperdicio es sumamente extenso.

Al darse cuenta de que había necesidades insatisfechas, por un lado y por el otro una gran cantidad de bienes alimentarios no utilizados y que estaban en buen estado y en condiciones aptas para el consumo humano, decidieron crear una institución intermedia que pudiese recuperar esos bienes y llevarlos a las personas más necesitadas.

Para esto se valieron de una institución que ya existía que era Cáritas Guadalajara, de ahí que el primer nombre que tomó fue el Banco de Alimentos Cáritas Guadalajara. Ya en 1997 se separa de Cáritas y toma su nombre actual.

Está gobernado por un grupo de 14 empresarios y profesionistas que dan su tiempo, talento y relaciones para ponerlas al servicio de la institución.

Cuenta con 85 empleados de tiempo completo, empleados formales con prestaciones.

CP. ¿Cómo determinan a quienes apoyar?

José Neftalí Martínez. Es un asunto complicado. Nosotros apoyamos a personas que tienen un ingreso que es igual o inferior a dos veces el salario mínimo regional y también cuál es su situación en términos de si se trata de personas de la tercera edad, hogares con jefatura femenina que son el 20 por ciento en Jalisco. Combinamos diferentes elementos.

También personas que tienen algún tipo de restricción física y también como referencia tomamos en cuenta la ley de asistencia social de Jalisco en la parte que se refiere a los criterios de población vulnerable. El banco de alimentos no atiende a individuos aislados. Los grupos más pequeños que atendemos son de 80 familias y los más grandes de 150. Estas familias tienen en promedio 5 ó 6 miembros y actualmente están en 34 municipios de Jalisco.

Los puntos de distribución en las áreas urbanas son barrios y en las áreas rurales en comunidades.

La mayor parte de nuestra operación está en Zapopan con cerca de 30 mil beneficiarios.

CP. ¿Cómo son las despensas que se entregan a estas personas?

José Neftalí Martínez. El alimento no es gratuito, hay una cuota de recuperación equivalente a lo que costó ir por el alimento, traerlo al banco, clasificarlo, pasarlo a su área de almacén y después enviarlo. Esta cuota nunca pasa del 10 por ciento del verdadero valor del alimento en el mercado. Las familias tienen 15 días para pagar esta cuota, es una especie de crédito. El grupo directivo de cada comunidad reúne el dinero y lo deposita en una cuneta bancaria al nombre del Banco. En ese momento el crédito sigue operando, eso a la gente le conviene mucho. Reciben cerca de 35 kilos de alimento que en el mercado podría tener un valor de 400 pesos. Aquí les cuesta 40 en promedio. Es alimento de buena calidad, el 70 por ciento es fruta y verdura y el resto es abarrote.

CP. ¿Qué retos tienen en el futuro?

José Neftalí Martínez. Adaptarnos a las nuevas tecnologías. Nosotros nos tenemos que amoldar al entorno de las empresas, para mantenernos como una buena opción para los donantes necesitamos contar con muchos de los recursos que ellos tienen.

Por ejemplo, la cadena de frío que es vital para las empresas que producen lácteos. Entonces, nosotros tenemos que garantizar la protección de sus marcas.

Otras cosas que tienen que ver más con el desarrollo de la ingeniería que tenemos aquí, tenemos que aumentar la velocidad con que se mueve el alimento.

CP. ¿Qué representa el problema del hambre para una persona o una comunidad?

José Neftalí Martínez. En primer lugar, desde el punto de vista ético es inaceptable para las persona de bien saber que hay familias que tienen incertidumbre sobre lo que se pueden llevar a la boca. Estamos en una época donde no podemos considerar como natural que las personas que están cerca de nosotros estén en tal situación de carencia.

En los adultos, estas carencias golpean directamente en la productividad de las personas, afectan la salud y también esto los mantiene dentro de una situación que llamaba un autor “trampa de la pobreza”, porque no pueden salir de esa situación.

En el caso de los niños, si no se alimentan adecuadamente van a vivir menos, se van a enfermar más y también van a aprender menos.