MUNDO
Comodidad sobre responsabilidad: Occidente, el precio de olvidar la voluntad
Política Global, por Jorge López Portillo Basave
Buenos días y feliz inicio de mes. El último mes del año nos trae ilusiones y recuerdos, pero también esperanzas. Todo esto no debe opacar la comprensión de la realidad, la que sea que esta sea. Para esto vale la pena el final de la novela de don Pedro Calderón de la Barca “La vida es sueño”, quien es mi escritor español favorito… perdón a Cervantes.
En fin, no hablaremos de literatura, sino de la realidad que cada día es más evidente en Occidente. Como ya lo hemos dicho en este espacio, las democracias occidentales durante el presente milenio no han logrado ni educar ni saber sentir a sus habitantes que la libertad de elegir es una corresponsabilidad para mantener o mejorar la vida propia y no solo la colectiva. Es decir, no solo es votar, sino exigir que los políticos hagan su parte y, si no, votarlos fuera.
Parece que esas democracias que se consideraban maduras y estables están perdiendo su firmeza, irónicamente por intereses capitalistas de sus élites y por generaciones de jóvenes que consumieron propaganda antidemocrática y anticapitalista propagada con las mismas herramientas y estrategias de desinformación que las agencias de inteligencia de Occidente utilizaron para derrumbar gobiernos en países del este y de Oriente Medio.
Hoy en día, Europa empieza a cuestionar desde Alemania hasta Inglaterra sus políticas educativas y migratorias, pero tal vez ya sea muy tarde. Esto no es que la educación social sea mala; de hecho, es la propia educación social la que pierde cuando es mal utilizada. Veamos ejemplos y no solo de migración humana en estos años tan llenos de abusos por parte de los “buenos” que la promueven y por los políticos que la fomentan.
No, ese tema ya lo hemos abordado mucho y para mí es simple… La promoción de migración masiva económica indocumentada es una tragedia que únicamente hace ricos a los políticos y a los traficantes, afectando a los viajeros, a los expulsores y a los receptores. Pocos hablan del lado negro de la llamada migración humanitaria. Hablemos de la otra migración política y económica. La que migra empleos y fomenta la pereza con la idea de que la competitividad es una calle de un solo sentido y que no está hecha para todos.
Pero qué está pasando en las calles de occidente de los países europeos y norteamericanos y, siendo honestos, dentro de México. Cuando yo digo Occidente, me refiero por lo general al G7 menos Japón, pero en este caso incluyo a México.
Occidente dejó que sus jóvenes fueran mal educados en las escuelas y en las casas. Les dijo que el trabajo duro era una pena, solo para los perdedores. Les dijo que los lujos eran lo más importante, vinieran de la forma que vinieran. Les dijeron que la libertad era infinita si era la libertad personal y que era también inconsecuente.
Se les dijo que ellos no podían competir, por lo que no valía la pena esforzarse. Se les dijo que “el fin justifica los medios” y esos niños llegaron a los mandos del mundo y a las academias de actuación y a las escuelas a ser maestros. Así la izquierda o la derecha dejaron entrar al neocomunismo mezclado con neofascismo, quienes desprecian la religión y cualquier idea de moral. Quienes piden que el gobierno les solucione todo a cambio de lo que ellos piensan en nada.
Ojo, esto no solo es para los particulares, sino también para los políticos que piensan que el gobierno debe estar en todos lados al 100% y, para bien o para mal, ven como amenaza a cualquier idea de límite al poder del gobierno.
Así las cosas, para ellos el gobierno puede imponer cualquier medida porque los derechos de cada uno son dados por el gobierno, no por la condición humana. Los que gritan racista son racistas, los que gritan alto a la oligarquía son oligarcas y los que gritan que se respete la ley son los que la ignoran. Como decían los clásicos griegos… son demagogos, la perversión de la democracia.
Esto lo advertimos durante el COVID-19 cuando muchos festejaban las medidas extremas. Pero regresemos al centro del asunto económico y político. Occidente cedió sus empresas a otros países. Algunos más cercanos que otros. Algunos más libres que otros. Algunos menos ricos que otros. Occidente se abrió porque eso le convenía a sus políticos y empresarios, no porque le conviniera a su gente. Claro que su gente, incluidos nosotros, fuimos beneficiados.
Al ver las protestas por altos costos de comida y de vivienda, por la inseguridad pública, por tantas cosas que son accesibles en una democracia capitalista sana. Me pregunto, ¿por qué no tenemos la voluntad de hacer algo como votar, como analizar las políticas y como ver que podemos hacer las cosas aquí si tenemos la voluntad? Pongo un ejemplo muy simple.
México dejó de ser autosuficiente en alimentos y ni fertilizantes tenemos. Tenemos todos los precursores para vivir bien con trabajo y honestidad, pero preferimos dejar esto para otros. Somos el principal importador de cloruro de calcio y al mismo tiempo tiramos a la basura decenas de toneladas de calcio. Así con todo.
No hablaré de la seguridad pública porque es lo mismo; los empresarios y poco a poco la clase media ceden a la idea de que es mejor tranzar que arreglar. Importar que modernizar. Somos los nuevos occidentales, perdón… mediocres. Culpamos a la democracia o al capitalismo sin ver que somos nosotros los que la construimos día a día.
Pero la verdad, debemos culpar a la educación. La libertad y la democracia solo son tan fuertes como la sociedad que está dispuesta a sostenerlas de generación en generación.
¿Quién nos va a salvar? Dios nos dio la libertad y la voluntad. La voluntad puede ser la virtud más fácil y es la única que es repartida a todos por igual; solo requiere nuestro esfuerzo personal. Desde las ganas de aprender o ejercitarnos hasta las de trabajar por nosotros, pero también por otros.
Por lo antes dicho, no me asombra que en Estados Unidos los militantes del partido llamado Democrats Socialist of America hayan ganado el gobierno de la ciudad de Nueva York utilizando la marca del Partido Demócrata. Y como el éxito tiene muchos amigos, de inmediato Trump y Mamdani se reunieron y dieron mutuos elogios. El caso NY no es el único, sino el más famoso; lo mismo sucedió en Seattle y en Minneapolis. Hablo de EUA porque ya sabemos que en América Latina esto ha sido común y sabemos los resultados.
El comercio internacional no solo es de mercancías como comida o coches, sino también de ideas y de sistemas. Occidente y sus políticos entregaron a los oligarcas sus fronteras comerciales y ahora padecen por la falta de valores o de empleos. Lo que antes era barato, pretexto por el que se exportaron empleos, ahora es caro y ya no tienen empleos. Importaron no solo mercancías, sino modelos de autoritarismo que se creían superados.
Pero como me decía una de mis maestras en la universidad… “En la historia de la humanidad, el hombre actúa siempre igual”. Nos guste o no nos guste, así como la grasa en nuestro abdomen es un reflejo de nuestra propia voluntad, el gobierno es un reflejo de cada sociedad, aunque no queramos admitirlo.
Muchas gracias, estimados lectores, y a este importante medio por darme el espacio para compartir mis ideas y la información internacional que creo relevante para individuos y empresas. Una disculpa por las ocasionales faltas, mismas que son causadas por mi trabajo diario, que en ocasiones no me da la oportunidad para escribir el tema semanal.



